El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha modificado sustancialmente su acusación contra el presidente venezolano Nicolás Maduro, abandonando la afirmación de que el “Cartel de los Soles” es una organización criminal real y redefiniéndolo como un “sistema clientelar” de corrupción dentro del aparato estatal venezolano.
La revisión llega apenas días después de que el jefe de Estado venezolano y su esposa, Cilia Flores, fueran secuestrados el 3 de enero en circunstancias que aún no han sido plenamente aclaradas y que son denunciadas por decenas de países –incluidos Rusia, China, España, Brasil y Sudáfrica– como violatorias del derecho internacional, y como inconstitucionales por legisladores demócratas y republicanos en EE.UU.
La nueva versión de la acusación o indictment —presentada ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York— menciona al “Cartel de los Soles” solo dos veces, frente a las 32 referencias de la acusación original de 2020.
La nueva versión echa por tierra el término del Cartel de los Soles que fue tapa en los grandes medios internacionales, que se valieron de supuestas filtraciones provenientes de fuentes vinculadas a los servicios de inteligencia estadounidenses, particularmente la DEA y la CIA, canalizadas a través de periodistas como Emili Blasco, corresponsal del periódico español ABC en Estados Unidos, y que alimentaron titulares de todas las agencias y multimedios internacionales.
En lugar de describirlo como una organización jerárquica dedicada al narcotráfico, el documento actual define al “cartel» como una “cultura de corrupción” integrada por altos funcionarios civiles y militares venezolanos, que “protegen y promueven el tráfico de drogas”, una definición alejada de un cartel de narcotráfico con la cual el presidente estadounidense, Donald Trump, justificó un despliegue militar sin antecedentes en el mar Caribe, en una escalada que incluyó un bloqueo a la exportación del petróleo venezolano.
En la primera audiencia de este lunes, Maduro se declaró “prisionero de guerra”, rechazó de manera categórica los cargos formulados en su contra y reiteró su condición de presidente legítimo de la República Bolivariana de Venezuela, denunciando que su detención constituye una violación flagrante del derecho internacional.
La corrección de la acusación cobra mayor relevancia porque en febrero de 2025 el Departamento del Tesoro y luego el Departamento de Estado —bajo la Administración Trump— designaron al “Cartel de los Soles” como una organización terrorista extranjera (FTO), una medida que carece de sustento en los informes técnicos de la propia Administración para el Control de Drogas (DEA), la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y la Unión Europea, ninguno de los cuales menciona al grupo en sus evaluaciones anuales sobre tráfico de drogas.
La DEA, en su Evaluación Nacional de la Amenaza de las Drogas 2025, detalla con precisión las rutas del narcotráfico en las Américas, pero no incluye a Venezuela como país de tránsito principal ni menciona al “Cartel de los Soles” en ningún apartado. Lo mismo ocurre en los informes de la ONU y del Observatorio Europeo de las Drogas.
Aun así, funcionarios estadounidenses, incluido el secretario de Estado Marco Rubio, han insistido públicamente en tratar al “Cartel de los Soles” como una organización real.
En una entrevista el 5 de enero en Meet the Press, Rubio afirmó que “su líder, el líder de ese cartel, se encuentra ahora bajo custodia estadounidense”, refiriéndose a Maduro.
El caso está a cargo del juez federal Alvin K. Hellerstein, de 92 años, designado por el presidente Bill Clinton en 1998 y con sede en el Distrito Sur de Nueva York.
Conocido por su estilo poco convencional y una actitud que algunos describen como “terca pero íntegra”, Hellerstein ha ganado notoriedad por su independencia judicial, incluso frente a gobiernos poderosos.
En los últimos años, ha fallado en contra de decisiones de la Administración Trump, como en los casos relacionados con Stormy Daniels y la Ley de Enemigos Extranjeros.
Abogados que han litigado ante él lo describen como alguien a quien “le importa un bledo lo que piensen de él”, que acelera los juicios para no aburrir al jurado y que no duda en llamar personalmente a fiscales para aclarar detalles.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus










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