En las montañas yaguajayenses la autogestión ambiental no es un mito. Y no es que en estos sitios todo haya sido color rosa, sino todo lo contrario. Mucho ha tenido que trabajar el Centro de Servicios Ambientales (CSA) de Sancti Spíritus en las comunidades Llanadas Arriba y Llanadas Abajo para que los pobladores de estas localidades asuman prácticas a favor del entorno.
Quizás por ello, en esta zona del Plan Turquino del norte espirituano, parte de la Reserva de la Biosfera Buenavista, de la Región Especial de Desarrollo Sostenible Bamburanao y de la zona de amortiguamiento del elemento natural destacado Lomas de la Canoa y cueva La Chucha no resulta raro encontrar cercas vivas por los alrededores, y a no pocos campesinos enfocados en asegurar las producciones y la reforestación.
Mas, lo logrado hasta la fecha en estas áreas del Plan Turquino partió del instinto del CSA por conservar la montaña, propósito que, más tarde, tomó fuerza con la aprobación del proyecto de conservación comunitaria de la biodiversidad en ecosistemas de montaña de la Reserva de la Biosfera Buenavista, con un enfoque biocultural y de gobernanza participativa: Guardianes de la Sierra, idea que beneficia a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Alberto Pis Delgado, de Llanadas Arriba.

ENTORNO AMENAZADO
Tamara Arteaga Perna se ruboriza cada vez que rememora los tiempos en que se dedicaba a la producción de cal en Llanadas Arriba, actividad notablemente dañina para el ecosistema de montaña. Se sonroja y, al mismo tiempo, habla con determinación sobre este asunto, el cual dejó a un lado desde que ganó en conocimientos sobre los efectos irreversibles de esta labor en el bosque.
“Trabajaba en la cooperativa y también en la producción de cal. Hicimos hornos de cal en la finca nuestra, y yo era la que los quemaba. Para hacer un horno de cal había que extraer la piedra del monte y talar los árboles. Mi horno, por ejemplo, se llevaba siete carretas de leña y siete de piedra”, detalla.
Como Tamara, otros campesinos también se dedicaban a esta faena. Bien lo sabe Yorkis Rodríguez Castro, presidente de la CCS Alberto Pis.
“Nosotros teníamos la producción de cal como actividad secundaria de la cooperativa y prácticamente vivíamos de eso, porque era mucha la que se hacía. La mayor parte de los ingresos provenía de este renglón y no de la producción de comida. Pensábamos que si se nos acababa la cal se nos caía el mundo encima, y no fue así. Nos dimos cuenta con el tiempo.
Ante esta realidad, el Centro de Servicios Ambientales inició el intercambio con los pobladores de las montañas yaguajayenses. Talleres, visitas a las fincas y otras acciones de educación ambiental tocaron a las puertas de quienes, en aquel entonces, le restaban vida al medio ambiente.

“Dejar de hacer cal fue muy difícil porque de eso dependía la economía de los campesinos de la zona. Ese encuentro con el Citma fue duro para mí porque no tenía conocimiento del daño que estaba provocando. El primer día no entendí hasta que empezaron a hacer talleres en la comunidad y a explicarnos lo que pasaba. Luego comprendí que era cierto el daño que le hacía al entorno”, alega Tamara.
Esa verdad la corrobora Yorkis: “Estábamos acabando con los bosques. Así lo dijimos cuando presentamos el proyecto en La Habana. No obstante, este proceso de abandonar la cal fue paulatino. Vino el Citma, trabajó con nosotros, hasta que nos dimos cuenta del mal que estábamos causando.
“¿Qué hicimos? Buscamos otras formas de comercialización para que la cooperativa no se nos cayera. Luego comenzamos a reconstruir los bosques en aquellos lugares donde los habíamos acabado. Eso sin contar que seguimos haciendo talleres para aprender a cuidar mucho más el medio ambiente”, recalca Rodríguez Castro.
Si hoy Llanadas Arriba deviene un espacio de transformación comunitaria con todas sus letras, es gracias al trabajo de educación ambiental desplegado por el CSA desde hace años atrás, período en el que aquí prevalecía una visión economicista del medio ambiente.
“Lo único que interesaba allí era producir y obtener ganancias. Las personas no eran conscientes del impacto negativo que estaban provocando en la flora y la fauna autóctonas. A partir de ahí se diseñó todo un sistema de trabajo que parte de que estas personas sean protagonistas de su desarrollo, que comprendan cuáles son las problemáticas que deben solucionar y, poco a poco, mediante la educación ambiental y la gestión del conocimiento ambiental como principales herramientas de trabajo, se ha logrado cambiar el modo de pensar”, asegura Yitsy Suárez Valdés, directora de Investigaciones de Ecosistemas de Montaña en el CSA de Sancti Spíritus.
TRANSFORMACIÓN COMUNITARIA
Gracias a la mano de la ciencia hoy se puede hablar de conciencia ambiental en Llanadas Arriba. Muestra de ello son los campesinos y pobladores en general, quienes han aprendido a hacer uso sostenible de la biodiversidad en las actividades que realizan.
Para reforzar estos pasos llegó Guardianes de la Sierra, proyecto aprobado en diciembre de 2025 por el Fondo de Pequeñas Donaciones, el cual persigue la conservación del ecosistema de montaña a través de buenas prácticas agrícolas, estrategia que, mucho antes de concretarse, dejó buenos frutos en estos parajes del Plan Turquino yaguajayense.

“Cuando dejé de hacer cal me trasladé para la finca. Hicimos un módulo pecuario allí y nos dedicamos a criar animales. Tenemos carneros, puercos, conejos, gallinas… Cambié el rol por completo y hoy no quiero saber de la cal. Tanto es así que mi finca La Wendy es líder del proyecto y en ella tenemos cercas vivas, no usamos productos químicos y siempre estamos reforestando”, agrega la también trabajadora de la CCS Alberto Pis Delgado.
Y es que las buenas prácticas ambientales se han regado por doquier. No solo habitan en los campos, sino también en la rutina de los más pequeños de casa, quienes se suman a todas las acciones de educación ambiental efectuadas en la zona.
“En las escuelas hemos hecho grupos donde los niños han realizado tareas educativas relacionadas con el medio ambiente. Además, hemos impartido actividades, ya sea en forma de juego o de creación, asociadas al cuidado del entorno. Y hemos visto resultados. Por ejemplo, algunos de ellos que ponían jaulas para cazar y talaban árboles, ya no lo hacen, incluso, cuando ven a otros incurriendo en tales problemáticas, les explican que no lo deben hacer.
“Los niños plantan árboles ornamentales, alimenticos, y hasta poseen un vivero de la Gaussia espirituana. Los trabajadores de la UEB Agroforestal, también protagonistas del proyecto, nos ayudan con eso. Todos nos sentimos agradecidos con la implementación de Guardianes de la Sierra. De esta forma adelantamos mucho más en el cuidado del medio ambiente”, refiere Orquídea Durán Martínez, licenciada en Actividad Física Comunitaria.
Mas, si algo ha logrado Guardianes de la Sierra es que la población participe en la conservación y uso racional de los recursos naturales. La prueba está en los moradores que concientizaron la necesidad de dejar de hacer cal porque dañaban el entorno y en los que, a partir de este momento, han asumido las correctas prácticas ambientales como un modo de vida.
“El proyecto nos ha enseñado mucho. Nosotros no sabíamos nada de agroecología, por ejemplo. Antes cogíamos la paja de maíz, le dábamos candela en el campo, y destruíamos el suelo. Ahora no hacemos eso. Dejamos la paja ahí y se queda como abono. Eso sin contar que ya muchos de nuestros campesinos trabajan con la lombricultura. Es una muestra sencilla de lo que nos ha aportado”, precisa el presidente de la CCS Alberto Pis.
Y aunque Guardianes de la Sierra avanza a favor de la conservación del ecosistema de montaña y de mejorar la gestión de la biodiversidad, tiene otras aspiraciones.
“Desde la proyección de la población tenemos que buscar un crecimiento que incluya otros términos relacionados con empleos verdes, economía circular, con contribuir a disminuir la huella de carbono con resiliencia comunitaria, elementos por lo que está abogando la nueva Ley de Medio Ambiente, por que las personas e instituciones los incorporen a su desarrollo”, concluye la directora de Investigaciones de Ecosistemas de Montaña en el CSA, de Sancti Spíritus.

Sin dudas, Llanadas Arriba es ejemplo de cuánto se puede hacer por el cuidado del medio ambiente. En este paraje de las montañas yaguajayenses se habla de biodiversidad, de conservación y uso racional de los recursos naturales. Hace rato que cada uno de estos elementos dejó de ser un mito. Ahora forman parte de su cotidianidad a favor del entorno.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus











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