Para Guillermo Miguel Estrada Márquez, dos años y medio en la Refinería Sergio Soto, del municipio espirituano de Cabaiguán, no representan el inicio de una trayectoria, sino la continuidad de una vida entera dedicada al estudio, al trabajo y a la innovación.
Posee una historia laboral que se extiende por cuatro décadas, marcadas por la formación académica, el compromiso social y la convicción de que cada solución técnica debe estar al servicio del país.
Su recorrido comenzó en un tecnológico de Villa Clara. Más tarde continuó sus estudios en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas y, posteriormente, en la Universidad de Sancti Spíritus José Martí Pérez. En cada etapa construyó los conocimientos que, con el paso del tiempo, le permitirían convertirse en técnico, ingeniero, dirigente juvenil e innovador destacado.
Uno de los capítulos más importantes de su quehacer estuvo ligado a las Brigadas Técnicas Juveniles. Allí no sólo participó como miembro, sino que también asumió responsabilidades de dirección. Su trabajo fue reconocido en eventos desde el nivel de base hasta el nacional, y esa trayectoria lo llevó a ocupar la presidencia provincial de la organización.
En 1999, durante el acto nacional celebrado el 4 de abril, recibió una de las máximas distinciones otorgadas por la Unión de Jóvenes Comunistas: la Orden Julio Antonio Mella, concedida por el Consejo de Estado. El reconocimiento, entregado por el Comandante en Jefe Fidel Castro, distinguía sus años de dedicación.
Sin embargo, Guillermo recuerda aquel momento no como un logro individual, sino como el resultado de un esfuerzo colectivo. Esa manera de entender el trabajo lo ha acompañado durante toda su vida.
En 1985 se integró a la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR). Desde entonces, su labor ha estado vinculada a la búsqueda de soluciones, la fabricación y recuperación de piezas de repuesto y el desarrollo de proyectos capaces de responder a las necesidades de la industria nacional.
Antes de llegar a la Refinería Sergio Soto, trabajó en distintos sectores. En varios de esos centros laborales también asumió la presidencia de la ANIR, y supo combinar la actividad técnica con la responsabilidad de impulsar el movimiento innovador.
Cuando se incorporó a la refinería, encontró un colectivo de trabajo reconocido a nivel nacional. Allí comenzó una nueva etapa de aprendizaje y especialización. Integrar los conocimientos adquiridos en sus estudios y experiencias anteriores con los procesos propios de la industria petrolera constituyó un reto.
Ese proceso le ha permitido concretar innovaciones y racionalizaciones que han generado importantes aportes económicos. Entre ellos se encuentran la fabricación y recuperación de piezas, la búsqueda de alternativas para mejorar la eficiencia energética y el desarrollo de producciones destinadas a sustituir importaciones.
Y es que para Guillermo innovar no significa pensar en el beneficio personal. “Siempre me he considerado un ser social. Cada proyecto, cada premio y cada resultado es una conquista de mis compañeros y de mi Cuba, que me dio la oportunidad de estudiar y formarme”, afirma.
Por eso, el Premio de Mayor Impacto que recibió no lo considera suyo. Lo entiende como un reconocimiento a la refinería y al colectivo que durante años ha enfrentado dificultades para mantener en funcionamiento una industria estratégica en la isla.
“La misión de la refinería es esencial: procesar el crudo nacional y obtener productos indispensables para el país, entre ellos el aceite dieléctrico empleado en transformadores de alta potencia. En un contexto marcado por las limitaciones económicas, a causa del bloqueo impuesto por Estados Unidos, el compromiso de los trabajadores petroleros consiste en aprovechar cada recurso y encontrar soluciones que permitan sostener la producción”, afirma Estrada Márquez.
Atender las necesidades de quienes sostienen la industria es una prioridad para quien siente un compromiso enorme con su pueblo. En medio de las dificultades económicas, considera indispensable buscar mecanismos financieros que permitan mejorar los ingresos y reconocer el esfuerzo de quienes pasan allí gran parte de su día.
El compromiso con el sector petrolero tiene, además, una dimensión personal. Se reconoce como fruto de la Revolución Técnica y recuerda que, después de recibir la Orden Julio Antonio Mella, se propuso mantener intacta su fidelidad.
En especial, insiste en la “necesidad de acompañar a los jóvenes”. Para él, ninguna experiencia puede justificar la exclusión de las nuevas generaciones.
“Siempre hay que creer en los jóvenes, ayudarlos, apoyarlos y convocarlos”, sostiene.
En su opinión, el futuro del país depende de que la juventud encuentre espacios para aprender, participar e innovar.
La Refinería Sergio Soto es para él mucho más que un centro de trabajo. Es su segunda casa. Ahí transcurre buena parte de su vida y hasta allí acude cada vez que surge una dificultad.
“La industria no puede detenerse. Tiene que refinar”; esa certeza moviliza a Guillermo y a sus compañeros, quienes se organizan para encontrar soluciones incluso en las condiciones más difíciles.
En su historia convergen cuatro décadas de estudios, trabajo técnico, dirección juvenil, innovación y compromiso social. Pero, sobre todo, se refleja una convicción: el conocimiento sólo alcanza su verdadero valor cuando se pone al servicio de los demás.
Por eso Guillermo Miguel Estrada Márquez continúa en la refinería; aprende de cada proceso y aporta desde su experiencia.
Su vida laboral no se resume en premios ni condecoraciones. Se cuenta en horas de trabajo, piezas recuperadas, proyectos desarrollados, jóvenes acompañados y soluciones construidas junto a un colectivo que se niega a rendirse.

Escambray Periódico de Sancti Spíritus











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