Santo Domingo arde con fiesta centroamericana

Para Cuba puede ser la más exigente de sus presentaciones en el certamen, aunque desde hace varias ediciones perdió el reinado absoluto que tuvo por años

Alejandro Claro tratará de colgarse la presea de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Santo Domingo 2026.

Tras las intensas llamas dejadas por la Copa del Mundo de Fútbol 2026, Santo Domingo, la capital dominicana, está por encender oficialmente su fuego centroamericano y caribeño.

Y aunque es obvio que ni de asomo rozará el volcán que cerró con el trepidante trono de España, los organizadores aspiran a que esta cita cerrada, la de los XXV Juegos, tenga el calor propio de una región donde se respira cultura, identidad y también mucho ardor de sus habitantes, ese que se espera reine en los escenarios de competencia.

A ese propósito Cuba debe sumarse, en la que puede ser la más exigente de sus presentaciones desde que estas lides nacieron, aunque hace varias ediciones, nuestra nación perdió el reinado absoluto que tuvo por años.

El principal contrario será medir hasta dónde pueden competir en igualdad de condiciones sus 504  atletas de 42 disciplinas ante el resto de sus rivales, si tomamos en consideración las complejas circunstancias en que debieron prepararse para asistir al evento.

Ellos, como la inmensa mayoría de la población y pese al esfuerzo estatal por priorizar su entrenamiento, padecieron el impacto negativo de la situación socioeconómica del país, marcada por los apagones prolongados, la falta de combustible, de alimentación, de medicamentos y otras cuestiones logísticas necesarias para los entrenamientos.

Todo eso se agudizó además por la poca participación en eventos. La mayoría de los deportes careció de los necesarios topes internacionales por falta de financiamiento. Ello complica el necesario conocimiento de los contrarios y, para colmo, ni siquiera pudieron medirse entre sí al suspenderse las principales competiciones nacionales cuando, a partir de febrero, el Inder debió suspenderlas ante el arreciamiento del cerco energético del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba. 

Ello minó la preparación al interior de las escuelas nacionales, muchas de las cuales debieron enviar a las provincias a sus atletas durante varios meses.

Algo que se ha hecho habitual en citas anteriores es que la comitiva antillana no estará en todas las pruebas y eso le resta medallas, pues solo intervendrá en 356 de las 497 convocadas.

Un fenómeno que ronda la cita caribeña, incluso desde su preámbulo, es la fuga de atletas, algo que ha distinguido a las presentaciones cubanas en los eventos de los últimos años y que en esta ocasión estuvo antecedida por el abandono de nueve de los 12 representantes de la canoa en el Panamericano de la especialidad, con sede en Canadá.

Pero contra todas estas corrientes han debido lidiar las delegaciones cubanas a citas multideportivas, mucho más en las últimas ediciones. De ahí que los pronósticos ahora suelen estar más atemperados a esa realidad y ya no se habla de una hegemonía que perdimos también, porque mientras Cuba ha retrocedido en su desarrollo deportivo, otras naciones lo fortalecieron. Ahí están para confirmarlo México. Colombia y la propia República Dominicana, que tratará de sacarle buen dividendo a su condición de sede.

 Así y todo, las previsiones hablan de 70 títulos, algo que desde lejos veo más ambicioso que realista. El poder llegar a esta cita centro caribeña con más de 500 atletas es la primera presea que debe colgar de su medallero. Las otras, las físicas, llegarán, como hasta ahora, aupadas del arma que suele usar Cuba para enfrentar a sus rivales en cada lid: la capacidad competitiva de sus atletas, demostrada en más de un escenario.

Para no abandonar los primeros puestos del medallero, la delegación cubana llega a República Dominicana con lo mejor que tiene, incluidos campeones mundiales y hasta olímpicos y medallistas a esos niveles.

Además de un principio que ha defendido el deporte de la isla, es una estrategia para enfrentar de tú a tú a cualquier atleta, aunque se sabe que muchas de las naciones no acuden aquí con sus principales figuras y eso puede ser aprovechado por nuestros competidores.

Buena parte de la delegación está marcada por la juventud y, de hecho, muchos de ellos compitieron hace menos de un año en los escenarios de los II Juegos Panamericanos Junior en Asunción, Paraguay.

Bisoños y establecidos tratarán de sacarle el mejor de los provechos a la eficiencia. Cuentan con el honor heredado de los atletas que hace 60 años protagonizaron la epopeya del Cerro Pelado en alta mar, en San Juan Puerto Rico, 1966, cuando la delegación defendió el derecho de una nación a participar en los X Juegos frente a la perversa hostilidad del Gobierno norteamericano.

En cada una de las sedes Cuba estará atenta a lo que puedan hacer disciplinas como el atletismo, que aporta la mayor cantidad y cuenta con representantes de primer nivel mundial.

Otras que deben sumarse son la lucha, las pesas, el remo, el taekwondo y el judo, sin descartar las individualidades que arrancan medallas y engordan el aporte colectivo. Un aliciente adicional es que se entregarán cupos para los Juegos Panamericanos de Lima, Perú, 2027.

Santo Domingo 2026 es un hecho que se iluminará con el encendido del pebetero, que intentará quemar el suelo regional hasta el 8 de agosto con el aliento de de 6 200 atletas de 37 naciones y con el incentivo de que estos Juegos marcan el centenario de la primera edición de la cita multideportiva, celebrada en México en 1926.

Como se pueda, aun en medio de las penumbras que nos acompañan, desde esta parte del mundo también deberá llegarle el candor de un pueblo que todo cuanto espera es que nuestros representantes salgan a defender su camiseta desde la dignidad y el amor por esta Cuba que los admira y los respeta.

Elsa Ramos

Texto de Elsa Ramos
Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez por la obra del año (2014, 2018 y 2019). Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas deportivos.

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