Después de pasar por las siete aguas calientes… y hasta frías llegó para Cuba el VI Clásico Mundial de Béisbol; con él, la batalla de las expectativas, los sueños, los pronósticos.
Desde el mismo anuncio del evento, la isla ha vivido entre la incertidumbre y el suspenso, mucho más que en ediciones anteriores. Primero por los titubeos para que finalmente se aprobara la participación de su equipo, el último al que se la ratificó su inclusión, más por manejos políticos que por derechos deportivos que le sobran.
Pero ya se sabe que con Estados Unidos por medio todo puede complicarse y hasta mezclarse con otros intereses. Eso se ratificó luego en el proceso de aprobación-desaprobación de peloteros que viven fuera del país y que mostraron interés en jugar por nuestro —su— país. La tapa al pomo ha sido la negativa de visas para ocho integrantes de la delegación a solo días del inicio del Clásico, algo que, si bien no tocó las esencias del elenco en cuanto a jugadores y la mayoría del cuerpo de dirección, sí influyó en la estabilidad psicológica del elenco y afianzó la incertidumbre sobre qué más podría pasar antes de darse la voz a de: ¡A jugar! Pero al menos el equipo pudo llegar hasta el Clásico para competir contra los integrantes de su grupo A y otros demonios.
En toda esa antesala han “jugado” las más disimiles conjeturas sobre las opciones de Cuba, algo que no es privativo del certamen, sino de cuanto torneo le toque participar. Desde fuera, y sin tirarse aún la primera bola, esta se perfila como una prueba muy difícil para la selección antillana si miramos, primero, los rivales a derrotar para tratar de seguir a la siguiente ronda.
Si se le compara con la edición pasada, el grupo, con la presencia de tres latinos y un hueso tan duro hace rato para nosotros como Canadá, es mucho más fuerte, atizado además por la presencia de jugadores de calidad, varios de ellos con experiencia en ligas mayores y también menores.
Con los llamados latinos: Panamá, Colombia y Puerto Rico, en eventos de otro calibre y con otra integración hemos cedido en todo el siglo XXI, mientras la selección norteña ha sido infranqueable desde la irrupción de los profesionales en cuanto evento se ha organizado desde 1999.
Exclusiones domésticas y declinaciones foráneas aparte, Cuba asiste con lo mejor que pudo reunir para enfrentar un evento exigente. Tiene así, más allá del ADN sanguíneo-beisbolero común, una mezcla de diferentes maneras y prácticas de jugar la pelota al incluir jugadores de la liga profesional japonesa, de circuitos invernales caribeños como Venezuela, México, Puerto Rico y República Dominicana y de las series nacionales cubanas.
Aunar con un concepto colectivo y de team work tanta heterogeneidad será uno de los mayores desafíos de Germán Mesa y su equipo de dirección, mucho más porque el elenco se ha ido armando en el camino y solo en los topes recientes de Arizona pudieron verse la mayoría de los integrantes
Desde los palcos, para mí, la diferencia debe estar en lo que puedan aportarle sus tres principales cartas de triunfo desde el box: los pinareños-japoneses Liván Moinelo y Raidel Martínez, quienes han sentado cátedra en una liga donde sobran los brazos excelentes y el camagüeyano Yariel Rodríguez, con buen desempeño en la MLB.
De cómo puedan usarse y de cómo ellos puedan responder creo que dependerá mucho el rumbo de un equipo que pende, sobre todo, de sus brazos; de los mencionados y de otros como los de Frank Abel Álvarez y de lo que pueda rendirle la estrategia de fabricar carreras como sea, principalmente desde la velocidad en las bases, si tenemos en cuenta que la mayoría de sus bateadores no han enfrentado un pitcheo de ese nivel. La mayor y mejor inclusión será otra vez Yoan Moncada, el único MLB en el roster de bateadores.
Pero se sabe —y los Clásicos lo han demostrado— que un equipo no es una sumatoria de estrellas y que no todos los que han podido contar con ellas figuran en la lista de medallistas donde el mayor referente es Japón con tres títulos. Los otros dos ganadores han sido República Dominicana y Estados Unidos, mientras muy pocos han logrado colarse en el podio: Corea del Sur, Puerto Rico, Venezuela, México.
En medio de la tormenta que le precedió, Cuba pudo cumplir con los partidos que se le presentaron para foguearse, incluida la Serie de las Américas. Pero ya se sabe que, más allá de lo útil de esos partidos para “ensayar” posibles escenarios de juego, entrar en fragor de terreno y probar una que otra figura, los saldos de la pizarra pueden ser engañosos, para bien y para mal.
Por lo demás, lo bueno es que, a pesar de los pesares, Cuba sigue en los Clásicos en los que ha sido visitante permanente desde que surgieron en el 2006 cuando llegó de “intrusa”, desconocida y con el ciento por ciento de su nómina procedente de las Series Nacionales, y se llevó una medalla de plata que es, hasta hoy, lo mejor que le ha pasado al béisbol cubano, sumados sus títulos olímpicos. Le sigue el cuarto lugar de la edición del 2023.
En total, Cuba ha ganado más de lo que ha perdido: 18-14, y entre todas las selecciones que han tomado parte (23) ocupa el quinto puesto en cantidad de triunfos detrás de verdaderos portentos universales: Japón, República Dominicana, Puerto Rico, Sudcorea y Estados Unidos.
Esta versión revuelve algo más que las nostalgias. En el “Hiram Bithorn Stadium” inició hace 20 años la aventura cubana en estos eventos, por cierto, ante el mismo rival que ahora tienen en turno para debutar este 6 de marzo a las 11 de la mañana hora de Cuba: Panamá, al que entonces le ganó en 11 innings 8-6, también en marzo, pero un día ocho. El calendario le depara el enfrentamiento ante Colombia el domingo 8 de marzo a las 12 del mediodía, el lunes 9 vs. Puerto Rico a las siete de la noche y cierra el miércoles 11, a las tres, frente a Canadá.
Solo dos pasarán a la segunda ronda y eso pone a Cuba en la dura prueba de salir a ganar, sin especulaciones, en un torneo corto que no da mucho margen a reponerse y un calendario con una curva dramática que va in crescendo en cuanto a calidad y exigencia competitiva.
Ningún Clásico se parece a otro, mas no veo a la selección con opciones de pasar a la siguiente ronda, por la categoría de los rivales que enfrentará. Todo cuanto espero es que, como ha pasado miles de veces, mi pronóstico profesional, sea engullido por mi deseo personal y pasional de ver a los nuestros seguir con vida.
De momento, habrá que ver hasta dónde las circunstancias electroenergéticas, de conectividad, derechos de trasmisión…. nos dejan ver, aunque sea por ranuras, las vivencias del Clásico, que se perfila otra vez como un manjar para ver el mejor béisbol posible.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus













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