Siento que la guitarra me encontró a mí (+fotos)

Luis Javier García Rodríguez inició en La Sierpe una carrera dentro de la música ya reconocida a nivel internacional, a pesar de su temprana juventud

La guitarra es la compañera de vida más fiel del sierpense Luis Javier García Rodríguez. (Fotos: Cortesía del entrevistado)

Sobre la prolongada curva se deja caer tan ligero como si gravitara. A ojo humano resulta inevitable no admirar ternura, respeto, complicidad; sentimientos que se agitan al recorrer con sus manos el cuerpo sostenido sobre los muslos. Es solo el inicio. La mejor parte llega cuando Luis Javier García Rodríguez pulsa las seis cuerdas que sonorizan su vida.

“Al inicio realmente no fue la guitarra la que me atrajo sino el canto. Matriculé un taller de ese instrumento con nueve años, pero en ese momento era una herramienta que me permitía acompañarme mientras cantaba. Sin embargo, en las captaciones para la enseñanza artística, los profesores identificaron mis condiciones y aptitudes para estudiarla. Es cuando se convirtió en mi instrumento, en mi forma de expresión, en el camino que terminaría guiando mi vida artística.

“Una de sus grandes virtudes está, precisamente, en su presencia en la tradición popular y en espacios de aprendizaje autodidacta. Pero detrás de esa aparente sencillez existe mucha complejidad. Recuerdo una frase que se le atribuye al maestro Andrés Segovia Torres, que dice que es el instrumento más fácil de tocar, pero el más difícil de tocar bien. Esa idea me acompaña. Siempre aclaro: no la elegí. Siento que la guitarra me encontró a mí”.

¡Y no se equivocó! No pudo hallar mejor compañero de vida que Luisi, como se le conoce desde que abrió los ojos hace 22 años. En el muchachito que ponía de cabeza a media Sierpe desde el círculo infantil Espiguitas Doradas, por el derroche de creatividad en cualquier propuesta, al hoy estudiante del Instituto Superior de Arte (ISA) no han cambiado ni el empeño ni el talento para cuando se propone una meta.

“Aunque mi familia no esté integrada por artistas profesionales, sí crecí en un ambiente donde crear, inventar y buscar nuevas maneras de comunicar era algo muy natural. Luego, en la Enseñanza Primaria me toma de las manos la instructora de arte Ermis Yaslin Hernández Romero, Yaya, y me acerca de forma más consciente a la música. Con ella conocí sobre canto, descubrí la guitarra, la percusión”.

Tanto en la institución educativa Antonio Maceo como en la Casa de Cultura Argelio García Rodríguez creció Luis Javier García Rodríguez. Rompió con esa especie de embrujo que rodea a La Sierpe, donde se asegura que solo es tierra fértil para la agricultura.

“Participé en talleres relacionados con la música campesina y la interpretación de ese repertorio tan arraigado a nuestra identidad cultural. Fueron experiencias sencillas, pero muy significativas porque resultaron la primera puerta de entrada a un universo que después se convirtió en mi profesión. Esos primeros pasos demostraron que, incluso en lugares donde parece más difícil desarrollar una carrera artística, siempre puede existir una semilla creativa cuando hay personas, instituciones y comunidades que acompañan ese despertar”.

LA ACADEMIA

Enamorado de acordes, letras, ritmos… y seguro de que atrás quedaban las horas de juego frente a la familia como público, acomodó una mochila y matriculó en la Escuela de Arte Ernesto Lecuona, de Sancti Spíritus. Fue el momento exacto en que la guitarra se convirtió en su más fiel compañera.

“A partir de mi entrada a la escuela, la música se volvió en un camino de formación, disciplina y decidí asumirla como mi futuro profesional. Aunque, para ser sincero, cuando realmente comprendí que quería dedicar mi vida a la música fue cuando realicé el pase de nivel. Más que una evaluación académica, me permitió mirar hacia delante y entender que la guitarra, más que un instrumento de estudio, era la vía mediante la cual quería expresarme, comunicar mis emociones. Concienticé que la música no era solamente una pasión de la infancia sino una responsabilidad y un compromiso de vida”.

Son dos valores que devolvieron a Luis Javier a su tierra natal como el único de los cinco sierpenses de su generación —salidos de esa llanura sureña para formarse como músicos— que logró vencer obstáculos diversos como la lejanía de la casa, la rigurosidad de estudios y otros muchos lógicos tropiezos, y a la única institución educativa perteneciente a la Enseñanza Artística, tras egresar del nivel medio en Villa Clara.

“A La Sierpe retorno como graduado porque sentí la necesidad de devolver un poco lo que había recibido allí durante mi proceso de formación artística. Llevaba tiempo ausente de forma física, pero siempre estuvo en mí. En ella habitan personas con mucho talento, creatividad y deseosas de expresarse. Le ha faltado espacios y oportunidades para que esas capacidades puedan mostrarse.

Cuerdas del Alma resume las esencias del músico espirituano.

“Convencido de ello, impulsé el proyecto Corazón Latino, una compañía artística que recuerdo con muchísimo cariño dentro de mi trayectoria. Reunió músicos, bailarines y jóvenes creadores del municipio. Intentamos revitalizar los espacios culturales de La Sierpe, especialmente desde su Casa de Cultura. Creamos espectáculos con diferentes conceptos, propuestas escénicas que llevamos a diversas comunidades. Más que presentarnos, nuestra intención era fomentar el gusto por el arte, estimular la participación y demostrar que desde ese municipio también se podía generar un movimiento cultural con calidad y compromiso”.

Demasiadas alegrías se resguardan en la memoria de este joven con la misma fuerza con que se recuerdan en La Sierpe aquellos días de pura explosión creativa. Similar sucede en pasillos y aulas de la Lecuona, donde enseñó.

“Esa escuela representa parte esencial de mi historia personal y artística. Volver como profesor significó cerrar un ciclo de una manera muy especial. Fue reencontrarme con los espacios donde comencé a construir mi identidad como músico, pero esta vez con la responsabilidad y la satisfacción de poder transmitir a todos parte de lo que esa institución me había entregado.

“No sólo impartí Guitarra Clásica y Práctica Conjunta, sino asignaturas teóricas como Apreciación Musical. Esa experiencia me permitió comprender aún más la importancia de la Enseñanza Artística. No solamente se trata de formar instrumentistas, sino de acompañar a menores de edad en un proceso de crecimiento humano y creativo”.

Quizá en ese momento no entendió que las ganas de enseñar le vienen de la abuela alfabetizadora. De ella heredó más que una metodología el amor y paciencia para con quienes desean descubrir cada nota musical.

“Mi abuela me transmitió que el conocimiento tiene verdadero valor cuando se comparte. Por eso, la ubicación en la escuela no fue algo impuesto sino de alguna manera era algo que siempre había querido ser. Siento que quienes fueron mis profesores y en ese momento se volvieron mis compañeros y muchos de mis amigos me recibieron con cariño. Cada día recordaba al niño de La Sierpe que un día llegó a esas aulas con una guitarra rota, pero con muchos deseos de aprender”.

EN LOS ESCENARIOS

Fueron días intensos. El aula no calmaba totalmente su sed de crecer como profesional. Se sumó al coro Vocal Imago y pujó con fuerza su más grande proyecto: Cuerdas del Alma. Ahí están su música, esencias, talentos… No sorprende que en poco más de dos años de vida cuenten en su currículo, entre los más recientes lauros: Premio Cuerda Viva 2026 en la categoría de Música Instrumental, Premio Cubadisco 2026 en Ópera Prima y Primer Premio del Galardón Agrupación Joven 2025, otorgado por el programa Iberorquestas Juveniles.

“Todos los artistas necesitamos salir de la zona conocida para crecer”, sostiene Luis Javier.

“La estancia en Sancti Spíritus fue un reto, pero también una oportunidad para aprender, equivocarme, crear, asumir responsabilidades y comprender que el camino de un artista no depende únicamente de los lugares donde existen todas las condiciones, sino también de la capacidad que se tenga para transformar las circunstancias y construir nuevos caminos.

“Actualmente, llevo ya dos años radicado en La Habana y cuando miro hacia atrás recuerdo una etapa de intensidad enorme, cargada de experiencias, aprendizajes. Cada agrupación, institución, organización y las personas con las que compartí me aportaron. Por eso, puedo decir hoy que regresar a mi tierra espirituana fue necesario. Tal vez en aquel momento no era exactamente el camino que había imaginado, pero terminó siendo el que necesitaba recorrer para convertirme en el artista y en la persona que soy”.

A Luis Javier se le ve lo mismo en una acción de la Asociación Hermanos Saíz, un videoclip por los 40 años de esa organización, conciertos, Vocal Leo, en el cajón con Reynier Mariño, en el aula, sonorizando Mediodía en TV o hasta en la mismísima esquina de la fama 23 y M.

“Sentí la necesidad de abrir nuevos horizontes y asumir nuevos retos dentro de mi formación y mi carrera artística. Antes de mi parada en Sancti Spíritus, ya había realizado mis pruebas de ingreso al ISA, solo que debí cumplir mi servicio social. Y, aunque fue una etapa maravillosa, entendí que para seguir creciendo como músico necesitaba enfrentar otros escenarios, conocer nuevas dinámicas culturales y encontrar nuevos espacios de creación.

“Realmente La Habana representa precisamente eso. No fue una partida desde la inconformidad ni un alejamiento de mis raíces, al contrario, fue una continuación natural del camino que había comenzado en La Sierpe y que me había fortalecido en Sancti Spíritus.

“Todos los artistas necesitamos salir de la zona conocida para crecer, pero siempre llevando consigo la memoria, las enseñanzas y todas esas personas que forman parte de nuestra más íntima historia”.

Lisandra Gómez Guerra

Texto de Lisandra Gómez Guerra
Doctora en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus y corresponsal del periódico Juventud Rebelde. Especializada en temas culturales.

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