Amilka Robledo Pereira abonó sus sueños de infancia en medio de pupitres, pizarras y lecciones. La mayor diversión de aquella etapa la encontró al observar a su padre mientras impartía clases en una escuela de Caliene, perteneciente al Consejo Popular de Mayajigua, en Yaguajay.
Tal vez encontró allí, años más tarde, la vocación para tomar el camino del magisterio. Apenas terminó la Facultad Obrero Campesina y se coló en las aulas, justo en una escuela de oficios del hermano municipio de Chambas. Contaba apenas 17 años cuando tuvo delante a alumnos de su misma edad. Pero desafió los miedos y, desde ese entonces, firmó un pacto de amor con la pedagogía que perdura hasta los días de hoy.
“En este plantel de Chambas, que pertenecía a la Enseñanza Técnica y Profesional (ETP) impartí clases de Confecciones Textiles, una parte muy bonita de la Educación Laboral, de ahí aposté por la licenciatura en Educación Laboral y Dibujo Técnico en la provincia de Ciego de Ávila. En Chambas laboré durante cuatro años hasta que me trasladé a Yaguajay”, describe.
Cuando Amilka puso los pies en el norte espirituano lo hizo como profesora de Educación Laboral en la Secundaria Básica Camilo Cienfuegos, centro educativo en el que se desempeñó como guía profesional, profesora general integral y guía base, bajo la mirada de esa educadora ejemplar que fue Daniela Castillo. En esta instalación supo estrechar mucho más el vínculo con los estudiantes.
“Aprendí que no es solo educar y transmitir conocimientos. Hay que ir más allá: al matiz de cada educando en sus familias, a sus necesidades… Hay que saber que a todos no los podemos tratar igual. Hay que tener diferencias individuales con aquellos niños que sean hijos de padres divorciados o fallecidos, con los que tengan una situación económica desfavorable.
“De esta forma, contribuimos a crear sentimientos y responsabilidades en los escolares. El profe de Secundaria Básica se convierte en el guía de los estudiantes”, alega.
La Educación Laboral siempre estuvo en sus esencias. Quizás por ello, a la altura de estos años ha decidido seguir impartiendo saberes en torno a esta materia. La prueba está en el Centro Mixto Ignacio Agramonte, de la cabecera municipal, donde prestigia la disciplina.
“La Educación Laboral es una asignatura que prepara a los estudiantes para la vida, porque tiene varias unidades, y cada una de ellas enseña a los niños a trabajar con las confecciones textiles, la madera, la electricidad, la albañilería… Los prepara para que sean capaces de realizar cualquier actividad en diferentes circunstancias.
“Creo que estoy cumpliendo con una tarea importante para el país, porque hoy los técnicos de nivel medio y los obreros calificados merecen un lugar significativo en la sociedad. Cuba necesita formar obreros y técnicos responsables en cada una de las especialidades.
“Se necesitan personas que trabajen en oficios que ocupan un rol fundamental y estamos formando a esos alumnos para que sean capaces de enfrentar con suma competencia la tarea que les demos”, precisa la pedagoga.
Suelta estas palabras y lo hace con la certeza de quien se ha entregado en cuerpo y alma a forjar hombres y mujeres de bien, obreros y técnicos de nivel medio que hoy se encaminan como albañiles, carpinteros, electricistas…
“Un maestro tiene que sentir en su corazón deseos de educar, de llegar al estudiante. No es dar clases por dar, es dar clases para formar la personalidad de cada uno de los alumnos que están sentados frente a nosotros, de convertirlos en personas de bien, que aporten a la sociedad y a la Revolución y que cada día sean mejores. Para eso trabajamos.
“Este ha sido mi mejor lugar de trabajo. Es un colectivo especial, humano, en el que todos nos llevamos bien. Aquí todos los días nos levantamos con deseos de ir a trabajar porque nos sentimos como en casa. El problema de uno es el de todos, nos ayudamos y tratamos de enfrentar las tareas, unidos. Queremos que nuestra escuela brille y sea la mejor”, apunta la fémina.
No hay dudas: Amilka Robledo Pereira escogió bien el camino. Desde que observaba a su padre delante de un aula y encontraba su mayor entretenimiento en libros, pupitres y pizarras, supo que su pasión sería el magisterio.
Ha pasado el tiempo desde ese entonces y la prueba de su amor y entrega a la pedagogía está ahí, en el Centro Mixto Ignacio Agramonte, de Yaguajay, plantel en el que contribuye a la formación de técnicos de nivel medio y obreros calificados, muchachos cargados de sueños y que apostaron por la hermosa y noble ruta de los oficios.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus













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