Una ventana de oportunidad se entreabre para la prensa escrita en Cuba

El tránsito mayoritario de la prensa impresa cubana al ámbito digital debería ser visto como una buena oportunidad

(Imagen ilustrativa: tomada de Facebook)

La reciente información sobre ajustes en la edición impresa y circulación de periódicos nacionales y provinciales hizo que más de uno de los integrantes del gremio frunciera el entrecejo, mientras algunos se expresaron al respecto en las redes sociales.

Aunque esas decisiones estuvieron condicionadas por la situación económica, y energética en particular, que padecemos; lo cierto es que, desde comienzos de este siglo  decenas de periódicos impresos, relevantes y no tanto, han abandonado el papel y se han vuelto exclusivamente digitales.

Esa tendencia en el ecosistema de la prensa global, que definitivamente anda transformándose, se aceleró durante la pandemia y luego siguió cobrando impulso por el aumento de los costos de impresión y distribución, por el colapso de la publicidad en papel y debido al aumento de las audiencias online.

Sin dudas, a la prensa digital la distinguen la inmediatez en la información, su alcance, la posibilidad de actualización constante, así como la multimedialidad y la interactividad con sus destinatarios.

Son cuestiones sabidas, así como su impacto ambiental relativamente menor al reducir consumo de recursos naturales (árboles para el papel) y también las emisiones asociadas a la distribución de periódicos y revistas. 

Claro, ahora el daño ambiental viene por la cantidad de agua para enfriar los gigantes servidores que alimentan la IA , hoy un soporte casi imprescindible para la elaboración -en forma y contenido- de esa prensa.

Pero este tránsito mayoritario de la prensa impresa cubana al ámbito digital no debería ser visto como una catástrofe, aun cuando se pierdan rutinas de décadas asociadas a periódicos y revistas de papel.

Oportunidad a la mano

En los años 90 la prensa cubana vivió algo parecido, pero entonces sus hacedores y directivos empezaban a gatear en el mundo de las nuevas tecnologías y la alfabetización digital apenas despegaba para los pobladores de la Isla.

Ahora, en lo referido a la tecnología, las circunstancias son otras -a pesar de que el panorama energético no nos respalde, y ello sea un obstáculo mayor.

Apoyándonos en las fortalezas que aporta cerca de una década de práctica en el ámbito digital, podría ser este un buen momento para desplegar potencialidades que hasta ahora siguen adormecidas y para concretar normativas cuyo impacto aún apenas se aprecia en el ejercicio periodístico.

Desde las dinámicas de las redacciones, del flujo informativo, la retroalimentación con los lectores, hasta los criterios sobre lo que es noticia y lo que los destinatarios necesitan o les resulta útil saber, podrían replantearse.

Menos cobertura de reuniones y actos -porque además, no hay combustible- y más reporteros y fotógrafos tomándole el pulso a la vida cotidiana y sus urgencias. Menos cortapisas y más convencimiento de que lo que los lectores necesitan saber, van a buscarlo por los más diversos modos, convirtiéndose, de paso, en posibles candidatos a caer en las trampas de las fake news y otros entuertos.

Cubasí

Texto de Cubasí

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