A casi cuatro décadas de aquel 27 de julio de 1986, cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz descubrió en la incipiente Facultad de Ciencias Médicas las condiciones ideales para germinar un proyecto científico, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de Sancti Spíritus se ha erigido en un puntal indiscutible de la ciencia en esta central provincia y en toda Cuba. Lo que pudo parecer una quimera por el escaso desarrollo científico de la región en aquel entonces, encontró el respaldo necesario y se concretó en abril de 1990. Desde esa fecha, el centro ha evolucionado hasta convertirse en referente nacional.
Con una plantilla que no supera los 60 trabajadores, el colectivo del CIGB espirituano demuestra a diario que la excelencia no entiende de dimensiones. Bajo la dirección del Doctor en Ciencias Enrique Rosendo Pérez Cruz, la institución ha asumido como su principal reto la generación de la mayoría de los anticuerpos monoclonales que demanda el grupo empresarial BioCubaFarma, insumos críticos para el desarrollo de nuevas vacunas y productos biomédicos.
Esta línea de trabajo, que comenzó con los programas de la vacuna de la hepatitis B, ha logrado sobrepasar los 180 hibridomas productores de diferentes inmunoglobulinas, un hito que posiciona al centro en la vanguardia del sector.
Entre los logros que atesora la institución, destaca la tecnología enzimática de fruto oligosacárido, una patente registrada en 18 naciones que transforma la sacarosa en un prebiótico. Los estudios clínicos realizados con este catalizador biológico han arrojado resultados alentadores en pacientes con diabetes o hígado graso no alcohólico, lo cual abre nuevas perspectivas para el tratamiento de estas dolencias.
Asimismo, el CIGB espirituano ha sido protagonista en el desarrollo y aplicación del Heberprot-P, el medicamento cubano que revolucionó la atención de la úlcera de pie diabético. Solo en Sancti Spíritus, más de 12 000 pacientes han recibido sus beneficios. La eficacia del fármaco ha sido tal que su uso se ha extendido a otras lesiones complejas y a especialidades como la Ortopedia, tanto en adultos como en la edad pediátrica.
La capacidad de respuesta del centro quedó demostrada también durante la pandemia de covid. Sus investigadores se involucraron de lleno en los proyectos de enfrentamiento al virus, al desarrollar anticuerpos y proteínas de diagnóstico utilizados por el Centro de Inmunoensayo y el Instituto Finlay de Vacunas.
Un hito científico de primer orden fue el estudio liderado por la Doctora en Ciencias Maylin Pérez Bernal sobre la respuesta de anticuerpos a la vacunación con Abdala en la leche materna, un trabajo pionero a nivel mundial que recibió el Premio de la Academia de Ciencias de Cuba en 2024 y demostró una vía para proteger a los recién nacidos contra el virus.

Eduardo Martínez Díaz, actual vice primer ministro de la República, quien hasta hace apenas unos meses se desempeñaba como presidente de BioCubaFarma, fue enfático al calificar al CIGB de Sancti Spíritus como “imprescindible” para el conglomerado científico cubano, al subrayar que prácticamente todos los anticuerpos necesarios para desarrollar nuevas vacunas se elaboran aquí con la máxima calidad.
A casi 40 años de su fundación, aquella idea visionaria de Fidel se ha convertido en un sólido pilar de la ciencia cubana. Desde su esquina en la Universidad de Ciencias Médicas, el CIGB de Sancti Spíritus continúa alimentándose del espíritu innovador y osado del líder histórico, y ha venido demostrando que, con talento y entrega, la ciencia hecha en la Mayor de las Antillas sigue salvando vidas y construyendo un futuro de soberanía tecnológica para todo el país.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus




















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