Cuando Fidel le habló por primera vez a los espirituanos (+fotos)

El 6 de enero de 1959, el Líder Histórico de la Revolución Cubana, al frente entonces de la Caravana de la Libertad, se dirigió al pueblo espirituano desde uno de los balcones de la hoy Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena

La caravana llegó a Sancti Spíritus el 5 de enero de 1959. (Fotos: Archivo de Escambray)

5 de enero de 1959. Poco a poco, el día desgrana sus horas, y a medida que avanzan la mañana y la tarde la expectativa crece más y más entre los espirituanos. Fidel y su Caravana de la Libertad habían partido el 2 de enero desde Santiago de Cuba.

Eran decenas de hombres, encima de camiones, autos y rastras, también repletas de tanques y tanquetas de guerra. Eran los guerrilleros, con aquellas barbas rozándoles, besándoles las camisas de verde olivo, aún con olor a pólvora del último combate.

Entrada la noche, los vítores y la algarabía colman el parque Serafín Sánchez. Sancti Spíritus acoge, por primera vez, al hijo de Birán, aquel batey que sus padres plantaron al lado del camino real, rumbo a Oriente. En medio del mar de aplausos, el Comandante en Jefe del Ejército Rebelde o, simplemente, Fidel, sube los escalones de mármol de la entonces Sociedad de Instrucción y Recreo El Progreso, devenida luego Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena.

Había llegado a esta ciudad del centro de Cuba el joven abogado que se echó los destinos de esta isla sobre sus espaldas viriles; que blandió su palabra contra el dictador Fulgencio Batista y el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. Había llegado a esta ciudad el líder de la Generación del Centenario, que iluminó con antorchas la noche habanera del 27 de enero de 1953 para no dejar morir al Apóstol de nuestra independencia.

El pueblo espirituano esperaba a Fidel y la caravana desde el día antes.

En fin, se encontraba ya entre los espirituanos el jefe del movimiento revolucionario que optó por la lucha armada “para limpiar la costra tenaz del coloniaje”, como lo pidió en memorables versos Rubén Martínez Villena. Por ello, con un puñado de combatientes, Fidel despertó con metralla la madrugada santiaguera del 26 de julio de 1953; era la “carga para matar bribones”, de la cual también habló el poeta.

Se encontraba entre los espirituanos el líder que convirtió el presidio Modelo, de la otrora Isla de Pinos, en una prisión fecunda; el hombre que, una vez puesto en libertad, partió hacia México para preparar la expedición del yate Granma y arribó el 2 de diciembre de 1956 por un punto de la costa sur de Oriente y, luego, gracias a su estirpe innata de guerrero, se sobrepuso a la derrota de Alegría de Pío y escaló la Sierra Maestra para cultivar la libertad en sus montañas.

Fidel fue recibido en la otrora Sociedad de Instrucción y Recreo El Progreso, devenida luego Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena.

Precisamente, ese guerrillero, ese Comandante rebelde que calza las botas domadas por los trillos de las montañas orientales, sale a uno de los balcones de la Sociedad El Progreso. Es la una y treinta de la madrugada. Sobreviene la apoteosis. Solo basta una frase para que la multitud vuelva a la calma: “Compatriotas de Sancti Spíritus”.

Casi a seguidas, llega la acotación: “No podía ser para mí, esta ciudad de Sancti Spíritus, una ciudad más en nuestro recorrido”.

Las aclamaciones llueven. Fidel no hace promesas electorales; hace hincapié en los peligros que la revolución tendría en su camino. Alerta, además, acerca de los demagogos, los ambiciosos, los desertores y los oportunistas, quienes, de seguro, medrarían a la sombra de los héroes.

Hasta hoy llegan los ecos de las palabras de Fidel, salpicadas por la fría llovizna de aquella madrugada del 6 de enero de 1959. Hasta hoy llegan, las aclamaciones por el elogio nada fortuito: “Si las ciudades valen, dijo el líder, por lo que valen sus hijos, si las ciudades valen por lo que se han sacrificado en bien de la patria, si las ciudades valen por el espíritu y la moral de sus habitantes, por el fervor de sus hijos, por la fe y el entusiasmo con que defienden una idea, Sancti Spíritus no podía ser una ciudad más”.

Arelys García

Texto de Arelys García
Máster en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus. Especializada en temas sociales.

Comentario

  1. Las fotos no dejan lugar a duda, la sociedad cubana de aquella época era bestia y calzaba bien, era organizada y de buenos modales, había limpieza y pulcritud, los rostros reflejan alegría y buen ambiente. Al día de hoy todo es muy diferente.

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