Para los tiempos que corren y por el contexto que antecedió a la cita quisqueyana, el tercer puesto por países logrado por Cuba en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 es lo que más encaja en la lógica del deporte antillano.
Escribimos antes que el solo hecho de poder inscribir a más de 500 atletas en el escenario más adverso que se recuerde para unos juegos múltiples, era ya una medalla de varios colores para la delegación cubana.
Como parte de un escenario agravado por la crisis energética y la agudización de las medidas del gobierno estadounidense contra Cuba, la inmensa mayoría de los deportistas cubanos viajaron a tierra quisqueyana con una preparación incompleta marcada por el efecto de los extensos apagones y las carencias de todo tipo: desde alimentos, agua, transporte hasta recursos para entrenar, y eso lo padecieron tanto en centros de entrenamiento como en sus viviendas.
Hay que agregar la falta de topes internacionales para el necesario conocimiento del contrario por la falta de financiamiento para viajar, la carencia de tecnología avanzada y un factor no menos despreciable: varios de sus rivales están entrenados por más de un centenar de técnicos cubanos que trabajan en países de la región presentes en República Dominicana.
Mas tampoco puede leerse tan aritmético el cumplimiento de un pronóstico por parte del Inder nacional, cuando, mirado el medallero por dentro, el retroceso de una cita a otra (la de San Salvador 2023), resulta preocupante e ilustrativa; mucho más si la comparación es con Barranquilla 2018.
Cuba cerró con 51 títulos, 23 menos que en San Salvador (74) y 51 menos que en Barranquilla (102). En cuantos a las de plata (48), el decrecimiento fue de once menos en relación con el 2023 y de 24 con el 2018. Los 56 bronces de ahora mermó en siete con la cita salvadoreña y en 12 con la colombiana.
Las 155 medallas totales decrecieron en 41 con respecto a hace tres años y en 87 respecto a ocho años atrás.
No solo eso. La diferencia con los países que le antecedieron resultó colosal no solo en títulos sino en el cúmulo total. Lo de México, que se erige hoy como el rey indiscutible de la región tras un reinado absoluto de Cuba hasta el 2014 en Veracruz, fue aplastante: 167 de oro, 125 de plata y 115 de bronce (407 total), gracias a un dominio visible en varias disciplinas y la presencia de buenos.
También Colombia marcó diferencia notable con 266 preseas, repartidas en 91-98-77.
Pero no solo eso. Quienes le secundaron en los puestos cuatro y cinco, presionaron en el medallero. Venezuela enseñó, y de qué manera, las uñas y le presentó batalla a Cuba hasta el último día de competencias, al punto de que su cuarto lugar solo lo marcó una diferencia de dos títulos: 49, pues el total fue superior al nuestro con 216, sumadas las 70 de plata y 97 de bronce.
La sede, con los favoritismos que suelen acompañar a todo organizador, mostró fuerza al punto de casi alcanzar a Cuba en el total de preseas con 150 y solo cinco títulos menos: 36, por 37 plata y 67 bronce.
Comparado con lo que Cuba se había planteado, las medallas fueron más de sesenta menos de las previstas en los análisis precompetencia. ¿Hubo previsiones triunfalistas y entusiastas o falta de objetividad?
Repito. Nada demerita el desempeño de los cubanos, hasta de los que se quedaron a las puertas del podio o hasta los que ni lo rozaron, sobre todo porque estuvo la voluntad de competir, de llegar con lo poco que pudo darle el Estado, con lo poco o mucho que sostuvieron los padres. Están las historias de sacrificio y entrega por el solo hecho de estar.
Hay que reconocer en medio de tanta adversidad el desempeño de deportes que se crecieron en la competencia, aún cuando sus atletas vivieron, más o menos, las mismas vicisitudes ya descritas.
En esa lista se inscribe el atletismo, con un aporte de 10 títulos del total de 28 medallas que alcanzó, gracias a la capacidad competitiva mostrada por buena parte de sus atletas y en los que habría que mencionar obligatoriamente a Dayli Cooper, ganadora de dos títulos en 800 y 1 500 metros. También a Anisleidis Ochoa, quien resultó sensación al ganar los 5 000 metros planos y los 3 000 con obstáculos, pruebas reservadas casi siempre para las mexicanas.
Si en otras citas múltiples el atletismo ha dejado mucho que desear porque sus representantes ni siquiera se han acercado a la marca mínima, hay que ponderar ahora esa prestancia y fuerza con que se presentaron en los escenarios de competencia ante rivales fuertes. Si hace falta otro ejemplo, pongamos el del relevo mixto 4×100 metros: entró cuarto con marca nacional de 41.18 segundos; pero luego obtuvo el bronce después de que se le restituyera el oro a República Dominicana y se descalificara a México, que había entrado tercero.
Otro deporte que mantuvo su liderazgo y no dejó margen a dudas fue la lucha, también con diez títulos y quince preseas en total y un dato revelador: todos los gladiadores que fueron a finales ganaron sus pleitos de manera categórica. Un aparte para las mujeres con un 4-4 en la final que simbolizó, de alguna manera, el temple que debe distinguir al atleta cubano cuando se echa a las espaldas todos los contratiempos y compite por dignidad, además de patriótica, personal.
Con ese mismo ímpetu subieron al tatami los judocas y por eso le arrancaron once medallas, seis de ellas de oro; en tanto el remo lo hizo con 12 (cuatro oros) y el taekwondo reafirmó que siempre es de esos que marcan puntos y aportan en serio con un total de once preseas, tres de ellas doradas. En un evento con fuerza en la región, las pesas levantaron diez medallas, aunque solo dos de oro.
Del canotaje no se podía esperar mucho más después de la fuga masiva de varios de sus representantes en el Panamericano de Canadá previo a la cita de Santo Domingo. Pero sus principales exponentes, campeones mundiales y medallistas olímpicos incluidos, no hicieron quedar mal a los pronósticos, como tampoco el ciclismo con una Marlies Mejías con un corazón en el medo del pecho para arrebatar medallas en la meta, tantas como dos títulos y una plateada.
En los colectivos habrá que hablar en mayúsculas del desempeño del hockey sobre césped, que se tituló con sus dos equipos en una guerra campal librada en penales tras vencer una durísima etapa de preparación en Cuba.
Lo mismo habrá que hacer con el balonmano, que como siempre cumplió con títulos de sus dos equipos como viva muestra de la validez de la contratación, ya que la inmensa mayoría de sus atletas están insertados en ligas profesionales foráneas, pero ellos asisten, cumplen con Cuba y con su honor deportivo. Hay que mencionar al voli de playa: oro con la segunda dupla masculina y plata con las muchachas.
No sucede lo mismo con otras disciplinas. Y cito entre ellas al voli que solo logró el bronce con sus hombres en un equipo cuajado de contratos en clubes foráneos. El descalabro del béisbol fue la clásica tapa al pomo del declive de ese deporte al quedar por primera vez fuera del podio desde 1966, en una competencia en la que se desinfló tras un buen inicio.
El tenis de mesa y la gimnasia artística, con muy destacadas actuaciones hace tres años, mostraron signos de retroceso. Mas quedan en otro plano de análisis cuando se mira al boxeo, que otra vez perdió el epíteto de buque insignia.
Al margen de los excesos arbitrales que dieron el triunfo a los locales en todas las finales, no puede pasarse por alto el hecho de que ninguno de sus representantes varones pudo acceder al título, aun cuando este deporte se diferencia del resto en el roce externo, por más reducido que sea. Y ese análisis no puede quedar simplemente en los desastres arbitrales, que pueden enfrentarse con otras armas, al estilo de lo que hizo la lucha, por ejemplo. O la propia Dayira Mesa, convertida, a pesar de los jueces, en la primera boxeadora cubana en coronarse en Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Queda tinta en el tintero pero baste lo expuesto para, en medio de los aplausos, desterrar el triunfalismo; para, en medio del reconocimiento, definir con qué ojos mirar al deporte cubano de cara a eventos próximos como los Juegos Panamericanos de Lima 2027 y los Olímpicos de Los Ángeles 2028.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus











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