El actor cubano Héctor Echemendía, una de las figuras más queridas de la televisión, el teatro y el cine en la isla, falleció este jueves a los 87 años, rodeado de sus seres queridos en Bélgica, país donde residía desde hacía varios años tras su jubilación.
Para varias generaciones de cubanos, basta con escuchar aquel grito de «¡Lorencitoooo!» para regresar de inmediato a la sala de casa y revivir las escenas de Hermanos. Era la voz de Andrés Iznaga, el personaje con el que Echemendía debutó en la televisión y que le ganó un lugar permanente en la memoria popular.
En una entrevista reciente, el propio actor recordó la sorpresa que se llevó al verse en los créditos como «actuación especial» y al descubrir que algunas de sus escenas aparecían en la presentación de la serie, un detalle que habla de la impronta que dejó desde sus primeras apariciones.
Echemendía pasó por la radio y el teatro antes de convertirse en un rostro habitual de la pequeña pantalla. Su formación en las tablas y su trabajo en la radio le dieron una versatilidad que luego se tradujo en personajes memorables en telenovelas como Tierra brava y Pasión y prejuicio, dos títulos que marcaron épocas en la programación cubana.
En el cine, su nombre figura en los créditos de películas fundamentales del audiovisual cubano: El brigadista, La bella del Alhambra y Amor vertical. Estos títulos, realizados por algunos de los directores más importantes del país, muestran la amplitud de su registro y su capacidad para moverse entre la comedia, el drama y el retrato social.
Su contribución fue reconocida institucionalmente en 2020, cuando recibió el Premio Nacional de Televisión, un galardón que coronó décadas de trabajo frente a las cámaras y que confirmó el cariño del público y el respeto de sus colegas.
Una de sus últimas apariciones en televisión fue en Vuelve a mirar, estrenada en 2021. Allí interpretó a Felito, el padre de Consuelo y Soledad, dos hermanas enfrentadas en una telenovela que puso en el centro de la historia las vivencias de los adultos mayores. El personaje le permitió volver a conectar con el público desde un registro cercano, en una producción que abordó temas poco frecuentes en la ficción televisiva cubana.
La noticia de su muerte ha comenzado a circular en medios y redes, donde colegas y espectadores han expresado su pesar. Para muchos, Echemendía encarnó una manera de hacer televisión y teatro que combinaba oficio, humildad y un profundo respeto por el público.
Con su partida, la cultura cubana pierde a uno de esos actores que no necesitaban ser protagonistas para robarse la escena. Su Iznaga, su Felito y tantos otros personajes quedan como testimonio de una carrera entregada a contar historias cubanas.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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