Ni la fuerza del poliéster del uniforme verde olivo, ni la barba de hilos, impidieron que el frío estremeciera hasta los tuétanos. Asegura que encima de unas moles gigantes, diseñadas para operaciones militares, el viento parecía rasgar la piel. Mas, la memoria de Roberto Ríos Rodríguez lo ubica de pie durante el viaje que, como en 1959, atravesó a Cuba, prácticamente, de una punta a la otra. Frente a sus ojos emergía demasiada historia.
“Éramos un poco más de cinco pioneros con la condición de Vanguardia Nacional de diferentes provincias. Salimos desde Santiago de Cuba. Reeditamos punto por punto la Caravana de la Libertad”.
Aun se espabilaba el año 1984 y, el entonces adolescente de 13 años, estudiante de la secundaria básica 23 de Diciembre, de la urbe del Yayabo, iniciaba, con la Columna pioneril de la victoria XXV aniversario, su propia trayectoria de la mano de los principales arquitectos del proyecto social cubano.

“Cuando estábamos a la entrada de La Habana, nos dicen que vamos a tener una sorpresa. Al llegar al Museo de la Revolución estaba el Comandante en Jefe para saludarnos”.
Lo narran, además, ediciones de Bohemia y Juventud Rebelde. A la vuelta de 42 años, Robertico —como se le conoce desde que abrió los ojos— resguarda las letras y fotos como verdaderas reliquias.
“Ahí le di la mano, por vez primera. Tenerlo delante fue algo impactante. Se percató que estábamos nerviosos y, como siempre, logró relajarnos mientras habló. Nos preguntó sobre el viaje y si creíamos que valía la pena repetirlo. Le respondimos que sí porque nos puso en contacto directo con la historia. Una cosa es que te la cuenten y otra, muy diferente, resulta experimentarla y dialogar con combatientes e historiadores de cada localidad”.
Mientras se sumerge en los papeles amarillentos, cuenta que desde mucho antes es un apasionado al pasado. Se califica martiano hasta la médula, admirador del Paladín de las Tres Guerras, fidelista por convicción, seguidor de Raúl y de todos los que han entregado y conceden parte de sus horas a la construcción de un mejor país. Esencias que también encuentra en la familia.
“Recuerdo que durante los años universitarios fui a Bélgica. Mi madre me dijo ‘usted nunca traicione a Fidel’. Habían ejemplos de deserción. Jamás me pasó algo así por la cabeza”.

LA SEMILLA
Poco tiempo después del encuentro en la capital, dejó atrás el asfalto de la zona norte de la ciudad espirituana y se cobijó en el otrora Instituto Preuniversitario en el Campo (IPUEC) Sergio González, en los confines de la comunidad rural de Pojabo. Desde allí asumió las riendas a nivel provincial de la Federación Estudiantil de la Enseñanza Media (FEEM).
Con la carrera de Ingeniería Química en las manos, vivió intensamente la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV), en Villa Clara. Llevó a la par el rigor de clases, seminarios y pruebas, con las responsabilidades como líder, primero como presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), de su facultad, y en 1990, dos años antes de su egreso y en elecciones fijas en la memoria colectiva de esa institución, subió a lo más alto de la conducción de esa organización a nivel de la casa de altos estudios.
“Fui a un Congreso de la FEU y me tocó hablar sobre el autoconsumo que impulsamos en la universidad en los primeros años del llamado periodo especial. Fidel asistió, pero aparentaba mucha tranquilidad. Suponíamos que estaba cansado, pues casi no dormía. Pasadas tres horas de mi intervención, cosa que no se me daba con facilidad porque nunca me destaqué como buen orador, preguntó por el flaquito de Las Villas. Debí responder cada una de sus preguntas. Se generó un rico debate.

“Los jóvenes añorábamos reunirnos con él porque estimulaba el análisis, incluso de temas delicados. Nunca permitió que se le respondiera a alguien de manera autoritaria, aunque estuviera equivocado, o no encajara su forma de pensar. Alegaba que le gustaba conversar con los jóvenes para enterarse de las cosas como eran, porque ese grupo etario habla según piensa.
“Viví discusiones fuertes con los responsables de determinada situación, porque eran momentos difíciles que le costaron el puesto a varios compañeros. Fidel siempre escuchaba todas las versiones e intentaba ser justo, fuese quien fuese el culpable. En toda su grandeza y valentía estaba, sin dudas, el fomento de generar intercambios reales, sobre todo, con la juventud”.
Desde entonces apuesta por poner en práctica cada una de las enseñanzas aprehendidas de Fidel. De dirigente estudiantil pasó con el título, aun con olor a cascarón, a secretario de Comité de Base de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), del Combinado Lácteo Río Zaza, de Sancti Spíritus. Luego, como cuadro profesional, asumió la secretaría de la organización en la Universidad de Ciencias Médicas. Más tarde se desempeñó como miembro del buró provincial, político y segundo secretario. Luego, en 1996, Roberto Ríos Rodríguez se vistió como primer secretario provincial de la UJC hasta el año 2002.
“En el plano personal fui a veces criticado porque mucha gente me catalogó de ser muy buena gente. Insistían que debía ser más fuerte a la hora de exigir. Pero, trato siempre de ver la parte buena de las personas. Le doy mucho valor a las virtudes de las personas. Trato de buscar el potencial de cada quien. Intento dar el ejemplo y, en gran medida, eso es ejemplo de Fidel”.
JUVENTUD, DIVINO TESORO
La efeméride del 4 de abril se volvía una verdadera fiesta en el calendario personal de Robertico. En más de una ocasión estuvo presente en la entrega de condecoraciones estatales a jóvenes destacados, efectuadas en La Habana. Después de la ceremonia, era inviolable el “tú a tú” con el Comandante en Jefe.
“Trataba que lo vieran como una persona normal. Era siempre muy respetuoso, cariñoso, especialmente con los niños y jóvenes. Hablaba bajito y era todo un caballero con las compañeras. Nos actualizaba de tareas importantes en ese momento o que sucederían después, porque creyó fielmente en la juventud. Opinaba así porque él y quienes hicieron la Revolución eran jóvenes en esa etapa. Después del triunfo ha sido ese grupo el que ha estado al frente de los principales sucesos del país”.

Robertico, después de disfrutar como propio el reconocimiento a tantos jóvenes espirituanos y más allá de las fronteras provinciales, en el 2002, se volvió noticia. Recibió de manos del Comandante en Jefe, la Medalla Abel Santamaría, la segunda condecoración en importancia que otorga la UJC de la República de Cuba.
“Precisamente, en ese año me dan una tarea que nos exigió de mucho trabajo a todos. Estuve al pie del surgimiento de la Universidad de Ciencias Informáticas, (UCI). Era un programa de la Revolución. Hubo que convertir el lugar en una institución tecnológica. Al unísono, se captaron a los primeros profesores y estudiantes en todo el país, y se acondicionó el lugar.
“Fue una labor de día y noche, pero al ser jóvenes el tiempo no pesaba. Era una idea del Comandante en Jefe. El compromiso era con todos, pero no se le podía fallar, porque significaba no fallarle a la Revolución”.
El parto exitoso de la UCI se suma a la lista de sucesos del que fue protagonista Robertico: el inicio de las tribunas antimperialistas, los programas de la Batalla de Ideas… dinámicos años que empujaron al actual siglo.
“Tengo de esas experiencias la mejor de las imágenes. Me siento con mucho compromiso, el de siempre, con la figura de nuestro Comandante en Jefe y demás compañeros que hicieron la Revolución. Trato de cumplir en cada etapa de la vida con las responsabilidades otorgadas.
“Fueron años de gran experiencia para la Revolución. Se salvaron a los jóvenes de una serie de problemas que se habían acumulado. Los errores se corrigieron en el camino. Pero hubo una respuesta positiva, de forma general, y eso es lo importante”.
Al borde de la recta final de 2002, el propio Fidel lo despidió con otro apretón de manos tras su tarea en la UCI. Volvió a tierra espirituana. No imaginó que los próximos 11 años se entregaría al Partido de la provincia. Desempeñó varias funciones: instructor, miembro del Buró Provincial, jefe del Departamento Ideológico y Primer Secretario en Jatibonico durante cinco años, de donde queda la huella de una parálisis facial.
La maestría en Dirección, trabajos en las áreas administrativas en la Universidad de Ciencias Médicas, Copextel y el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), completan su currículo.
“Nunca me brindé para ninguna tarea. Las acepté con disposición y convencido. Nadie me impuso nada. Lo bueno, malo o regular que hice fue con tremenda entrega y deseos de que salieran bien. Me faltó conocimiento, experiencia. Por eso, traté de aprender de todas las áreas, desde el chofer hasta del dirigente.
“En mi época bebimos mucho de las fuentes anteriores. Hacíamos encuentros con los primeros líderes juveniles. Se priorizaba mucho la política adecuada y la selección de quienes conducirían los procesos. Tenían que ser los más capaces, pero también los más comprometidos.
“Le debo eso al magisterio de Fidel porque, en resumen, ha sido un gran educador en el amplio sentido del vocablo educación. Además, continuador de Martí. Pudo materializar que Patria es Humanidad. Por eso, lo más importante que tenemos en este país es el pueblo, los recursos humanos. Seguirá de esa forma porque, a pesar de los pesares y de las muchas dificultades, nos sostenemos en un grupo de valores, incluso, quienes viven fuera y que nos hacen diferentes, nos distinguen. Esa es su mayor obra”, concluyó.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus











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