Fidel en Siguaney: Promesas cumplidas

Durante la visita del líder histórico de la Revolución cubana Fidel Castro a la Fábrica de Cemento Siguaney el 17 de septiembre de 1971, varios proyectos le nacieron a la industria y a la comunidad cercana

El líder histórico de la Revolución cubana intercambia con la dirección de la Fábrica de Cemento Siguaney el 6 de mayo de 1989.

17 de septiembre de 1971, en la llanura, las torres que buscan el cielo anuncian que la Fábrica de Cemento Siguaney goza de salud productiva. Este pudo ser un día cualquiera; sin embargo, su rutina se trastocó con la visita del líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro a la industria taguasquense.

Era esta la entidad erigida gracias a un convenio suscrito en 1962 por el entonces ministro de Industrias, Comandante Ernesto Guevara, con una representación de la desaparecida República Socialista de Checoslovaquia.

Hasta hoy llegan las remembranzas del espirituano Humberto Delgado Boltisolo, hombre de bien ya fallecido, quien tuvo el privilegio de compartir con Fidel aquella memorable jornada.

Ese día —recordó al colega Eduardo Sicilia el entonces obrero de la construcción Delgado Boltisolo— no hubo rincón de la fábrica que Fidel no recorriera. Cada intercambio con los trabajadores se convertía en un diálogo cercano, de un hermano preocupado por la suerte de su gente; quizás por ello Humberto hizo a Fidel una solicitud especial.

“Cuando él pasa por mi área de trabajo, yo estoy limpiando una concretera; desde que lo veo que viene hacia mí, me pongo nervioso. Estaba alegre por tenerlo delante; pero era una alegría con algo de miedo. Lo único que me dije por dentro fue: ¡Que cosa tan grande, ese es Fidel!; pero no puede ser, ¿yo estaré soñando?”.

Cuando Fidel se para al lado del hombre cubierto de polvo de cemento grisáceo hasta las pestañas, las preguntas llueven. 

—¿Cómo está el trabajo?

— Bien, le contestó el obrero.

—¿Dónde están los demás?

— Comandante, fueron a almorzar.

“Cuando se despide de mí —relató Boltisolo— que ya había caminado dos o tres pasos casi que le grito: Fidel, yo quiero una guagüita para los estudiantes de Taguasco, les hace falta.

“A mí no sé cuantas cosas me pasaron por la cabeza porque me dije: ¡Mi madre! ¿Y ahora qué hago? ¿Cómo fui capaz de pedirle eso a Fidel? ¿Habré sido inoportuno? De pronto, él se vira, me mira y señala a alguien con el dedo: ‘Toma nota, Caballero’, Caballero era el médico que se encontraba en aquel momento de recorrido con él”.

Fidel durante una de sus visitas a la Fábrica de Cemento Siguaney, de Taguasco.

Poco tiempo después, la certeza de un Fidel fiel a la palabra comprometida se tradujo en hechos.

“Un día cercano, porque no pasó mucho tiempo, llegó la guagüita a Taguasco. Eso fue una sorpresa grande; lo que Fidel me prometió fue cumplido, y bien cumplido porque los estudiantes tuvieron su guagua. Eso jamás en la vida se me olvidará”, subrayó Humberto Delgado.

Además de aquel ómnibus para los estudiantes de Taguasco, Fidel cumplió con otras promesas hechas a los trabajadores de la fábrica, mientras recorría las áreas de producción y la cantera donde se extraía el material. Hasta allí llegaron camiones, buldócer, una grúa, equipos para el transporte obrero, incluso, una ambulancia.

Asimismo, Fidel orientó la construcción de un vial desde la Carretera Central (zona de Managuaco) hasta la fábrica para ahorrar combustible.

Ese propio 17 de septiembre de 1971, otro espirituano, Luciano Francisco Hernández, integrante entonces de la dirección del Buró del Partido en la industria taguasquense, fue testigo de la visita de Fidel al poblado de Siguaney; pero antes —tal como lo dijo a Escambray—“entró a un barrio insalubre llamado Guano, lo caminó y orientó que se creara una microbrigada para hacer las viviendas de los trabajadores e incluyó la solución a muchos casos críticos. Ya en el pueblo, llegó a la tienda y habló con los consumidores. Llegar Fidel a un lugar y la gente concentrarse era algo seguro”, afirmó el también fundador de los órganos de la Seguridad del Estado, impulsor de las microbrigadas sociales y dirigente partidista y gubernamental de Sancti Spíritus.

A Siguaney Fidel regresó el 6 de mayo de 1989, cuando la entidad acometía el proceso inversionista para la producción nacional del llamado cemento blanco, con asesoría de una empresa japonesa; de todo lo cual le informó el director en ese tiempo, Armando Santos, ya fallecido, sin olvidar que “el Comandante siempre se mantuvo al tanto de esta industria”, como reconocería posteriormente.

Casi desde que la Revolución llegó al poder, el Comandante en Jefe consideró imprescindible potenciar la producción de cemento para apuntalar la construcción de viviendas y otros programas sociales y económicos.

Este Fidel preocupado por la suerte de una fábrica, de sus trabajadores y de un país, fue el hombre que tuvo delante Humberto Delgado Boltisolo, el obrero de la construcción que estrechó la mano de Fidel y le hizo la petición más humilde y útil de su vida.

Arelys García

Texto de Arelys García
Máster en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus. Especializada en temas sociales.

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