La historia hay que sentirla (+fotos)

Es la fórmula exacta del fomentense Bárbaro Pérez Colina, quien acaba de recibir el Premio Provincial de Historia Rafael Pérez Luna

Este fomentense es un apasionado de la Espeleología y Arqueología. (Foto: Alien Fernández/ Escambray)

La pasión por volver sobre el pasado le viene de casta. Cuando apenas tenía cuatro años, el abuelo, lector empedernido, le hablaba de cómo el palmar disfrutado desde la casona colonial familiar resguardaba fragmentos de una carga al machete en plena guerra de independencia. Historia a historia, Bárbaro Pérez Colina avivó la curiosidad por investigar la memoria de su pueblo y su nación.

“Ese bichito por la historia, incluso por la local, poco a poco me entró. Tanto así que desde que aprendí a leer casi todo lo que cae en mis manos está vinculado a esa ciencia”.

Es una pasión que le hace vestir el traje a medida de historiador de Fomento, pueblo plantado entre montañas al que se entrega pir completo.

“Todo lo que hago y escribo es para Fomento y su gente maravillosa. He tenido oportunidades, en determinados momentos de mi vida, de salir de aquí y desempeñarme profesionalmente en La Habana, Trinidad y Sancti Spíritus, pero siempre rechacé esas ofertas por muy tentadoras que fueran. Soy fomentense por múltiples generaciones. Y para mí es un orgullo ser hijo de este pueblo”.

Por eso no sorprendió que el primer pensamiento fuera para el terruño y sus vecinos, tras conocer que en este 2026 un prestigioso jurado, por unanimidad, decidió conferirle el Premio Provincial de Historia Rafael Pérez Luna.

“El domingo estaba totalmente incomunicado y al entrar la conexión de Internet, por un momento, me tropiezo con el perfil de Facebook de la filial espirituana de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC), donde se publicaba la noticia de la entrega del lauro. En eso me suena el teléfono y al otro lado tenía al presidente de la organización y me preguntó si la había visto. Pero no había terminado la lectura y le respondí que solo conocía que se había dado. Me dijo: ‘El premio es tuyo’. Fue una verdadera sorpresa”.

Bastaron pocos segundos para que las felicitaciones llegaran desde diversas latitudes y por diferentes vías. Cada argumento del jurado encontró la aceptación de quienes han seguido la carrera del también conservador del Museo Municipal de Fomento.

“Me sentí feliz y reconfortado, aunque cualquiera de los candidatos pudo ser. Todos cuentan con una trayectoria extraordinaria y digna de admirar”.

Desde muy joven comenzó su pasión por la historia. (Foto: Facebook)

SIN BORRADOR Y SIN TIZAS

Encontrar a Bárbaro Pérez Colina en Fomento no es difícil. Se conoce más allá del interior de la casona ubicada en una de las esquinas del parque María de la Caridad Martínez, protectora de muchos objetos y documentos. Comparte su pasión y sus saberes por todos los rincones del pueblo.

Le bastó una experiencia en pleno campo en los duros años 90 del pasado siglo para entender que la historia precisa transmitirse no regida por cánones, sino con las herramientas que despierten el interés de las personas.

“Usualmente, cuando hablo de historia trato de utilizar un lenguaje que todos comprendan, lejos de tecnicismos y frases escogidas. La historia hay que sentirla y ponerle pasión. De ahí que a cada hecho, acontecimiento o personalidad trato de vincularlos con anécdotas porque son la sal de la historia, le dan el toque de sazón”.

Regresa a los días en que por integrar un contingente conformado para impulsar la agricultura le dolía hasta el alma. En busca de aliviar las molestias de cada hueso se sentaba entre los hombres adaptados a guataquear y cortar aroma y les compartía sus conocimientos.  

“Se generaban preguntas y curiosidades relacionadas con la historia y ciencias naturales. Pero un día alguien me preguntó algo relacionado con el petróleo. A la siguiente mañana me aparecí con un libro de Geoquímica y les expliqué cómo se hacía el proceso del petróleo. A partir de ahí dejé de ser Bárbaro y me nombraron el científico”.

Fue la experiencia inicial para, tras concluir la “misión” del contingente, llevar la historia a los campos. Montado en bicicleta atravesó trillos y guardarrayas en busca de quienes agradecían aligerar las cargas de las jornadas con sus diálogos.

“Recuerdo un día que me encontré en medio de uno de esos caminos con un jeep cargado de dirigentes partidistas. Al saber qué hacía por ahí me tildaron de loco. Solo sonreí. Para mí es un verdadero premio ver la satisfacción colgada en las caras de las personas al escucharme, cuando me preguntan sobre nuestra guerra de independencia, combates, batallas…”.

Bárbaro es autor de varios libros. (Foto: Facebook)

CON MOCHILA AL HOMBRO Y ESCRITURA EN RISTRE

La sed de conocer las raíces de su entorno impulsó a Bárbaro Pérez Colina a enamorarse de otras dos ciencias: la Espeleología y Arqueología. Con solo 16 años, integró la lista de fundadores del Grupo Fernando Ortiz, a quienes les debemos muchos de los hallazgos que permiten entender otros fragmentos de nuestro pasado.

“Tengo el orgullo de, junto a mis compañeros, haber participado directamente en el descubrimiento de 21 de los 23 sitios arqueológicos de Fomento. Todos además estudiados.

“No hay nada como adentrarse en una cueva, después de romper monte un día entero o escalar una montaña y de buenas a primeras encontrar las evidencias del pasado. Se siente una emoción indescriptible. Es mi gran pasión. La Arqueología es una ciencia que cuesta mucho sacrificio, trabajo”.

Quizá por eso no olvida los rostros incrédulos de quienes lo acompañaban mientras guataqueaba un campo de caña extensísimo al verlo recoger y cargar hasta el pueblo con un “seboruco”.

“Pesaba más de 20 libras. Sabía que aquello a lo que nombraban seboruco no lo era. Hoy el mortero aborigen forma parte de las colecciones de nuestro museo”.

 Si tuvieras que salvar algo de esa institución, ¿qué no dejarías por nada del mundo?

“Difícil de responder porque trataría de salvarlo todo, aunque sería imposible. Pero, por todos los medios, me llevaría los documentos que por su por su naturaleza son insustituibles. Un objeto se pierde y podemos encontrar su réplica. Cargaría también con el escudo de Fomento y con piezas arqueológicas como un hacha bifaz aparecida prácticamente en la trama urbana del pueblo y que constituye todo un hallazgo científico porque generalmente se asocian a un sector de la costa norte y la que tenemos es el primer reporte de tierra adentro. Además, me llevaría un cráneo aborigen, el cual tiene unos valores antropológicos extraordinarios”.

Pone en práctica una fórmula muy personal para contar la historia con las diferentes generaciones. (Foto: Alien Fernández/ Escambray)

¿Escribir: placer o necesidad?

“Escribo, pero no me considero escritor. Respeto mucho esa profesión, también muy sacrificada y a la que hay que dedicarle mucho tiempo e interés. Pero es otra forma de compartir los conocimientos sobre historia.

“Me siento a escribir para que llegue. Soy enemigo de las referencias bibliográficas, el academicismo. Simplemente plasmo en el papel lo que estudio en forma de crónicas o de datos breves, independientemente, de algunos textos e investigaciones como La historia local de Fomento. Pero, de forma general, mi estilo es sencillo, ameno y con alguna pincelada de humor”.

Aunque niegue merecer el título de escritor, en el currículo de Bárbaro Pérez Colina se distinguen varios textos de obligada lectura como De Fomento te cuento, Las guerras contra España y Explorando Fomento; una obra contundente que lo avala como miembro del Comité Provincial de la Unión de escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en Sancti Spíritus.

“En estos momentos culmino una investigación sobre la historia de las armas de fuego portátiles en Cuba. Pretendo que se convierta en un libro. Ojalá pueda ser publicado. Tengo también en el tintero lo que vendría a ser otra parte de Fomento te cuento, mi segunda entrega editorial y a mi juicio una de las más mejores recibidas por los públicos”.

Y seguro no será su última propuesta literaria. Este fomentense de arraigo no pierde, ni en tiempos de desconexiones digitales y muchos otros obstáculos, esa fascinación que corre por su ADN. Tanto así que se ganó un sambenito el día que junto a un amigo se fue a pescar —otro de sus placeres— y regresó al pueblo con muchas piedras para estudiar.

“Me dicen que soy el único pescador que llega sin nada para cocinar. Pero me reconforta mucho investigar y compartir los saberes con quienes confían en mí. El dinero y los tesoros se reparten y tocan a menos. Sin embargo, el conocimiento, cuando se comparte, se multiplica. La historia hay que enseñarla más que con tizas y borrador. Precisa hacerlo con el corazón. Seguiré así aquí en Fomento porque lo digo y lo reafirmo: me moriré siendo fomentense”.

Lisandra Gómez Guerra

Texto de Lisandra Gómez Guerra
Doctora en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus y corresponsal del periódico Juventud Rebelde. Especializada en temas culturales.

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