Intenta recordar y la memoria le falla. Solo sabe que, como la mayoría de los menores de edad, tomó un día un lápiz y dejó trazos por toda una hoja. Lo que vino después sí está resguardado como un verdadero proceso de vida.
“Descubrí que podía hacer magia —dice sin titubeos Moisés Bermúdez Marrero—. Luego, mis padres decidieron apoyarme porque se dieron cuenta de que lograba hacer cosas diferentes a los de mi generación. Inició así una etapa larga en la que encontré en muchas personas verdaderos faros y a quienes les agradezco eternamente”.
Entre tantas, vuelve siempre a la guía de Osvaldo Pestana Montpeller (Montos). De él bebió cómo hacer más firmes los trazos y que el mundo más íntimo se hiciera conocido para el resto de su contexto.
“Él es un gran amigo y un modelo de artista. Un poco más grande conocí a José Alberto Rodríguez Avila (Avilarte), otro gran amigo y artista. Luego se sumó Luis Rey Yero, el maestro. Y solo así, con la ayuda de muchos, se logra perfilar y descubrir mucho más las aptitudes.

“En todo inicio se descubre que hay un oficio: dibujante, pintor y te enamoras. Más tarde, hallas que está la aptitud ante la vida, que es el espíritu del artista. Y cuando te das cuenta de que no puedes ser otra cosa conoces que hay una carrera en artes visuales.
“En mi caso, en ese punto me quedé atrapado y hoy no me considero siendo otra cosa. Lo he intentado, pero resulta imposible evadir la pasión”.
Resume de esa forma prácticamente sus casi 28 años. Han pasado demasiado rápido, sobre todo, porque se han sostenido de una seducción en otra. Mas, lo experimentado en el Instituto Superior de las Arte (ISA), lo obliga a tomar un impasse.
“No solamente puedo hablar de una carrera, sino de los aprendizajes con mis compañeros. Recuerdo que en mi cuarto los debates sobre arte, café por medio, podían durar hasta cerca de las cinco de la mañana. Eso realmente me enseñó a pensar como artista.
“Me nutrí, claro, de excelentes profesores. También hubo encontronazos ya que no todos los procesos artísticos dialogan con tu personalidad. De ahí la importancia de encontrar tu línea y seguirla. El ISA, justamente, está para eso. De ahí que la califico como una aventura que uno romantiza. La asumo como ese viaje del héroe, donde recuerdas las vivencias buenas, siempre resguardadas con cariño y las malas, que te enseñan”.

De esos años habla con cariño de su tutor Lázaro Saavedra y su familia. La acogida se extendió mucho más que a los saberes.
“De todos aprehendí de calidad humana”, enfatiza con la fuerza de la importancia.
Después de conocer la teoría y poner en práctica tus conocimientos, ¿con qué expresión de las artes visuales se siente más cómodo Moisés Bermúdez Marrero?
“Durante la carrera siempre intenté explotar la performance porque me encanta, aunque exige de una carga mental y física muy fuerte. También trabajé un poco la instalación, el dibujo y la videoperformance. Pero la comodidad no está en ninguno, ni siquiera en la elaboración de la idea. Desde que pienso qué hacer ya me salgo de cualquier estado que me haga sentir relajado, seguro… Les doy muchas vueltas a los asuntos para comprenderlos y, luego, expandirlos hacia quienes dialoguen con mis piezas”.
Hace pocas horas Moisés Bermúdez Marrero lo confirmó. De la propia dirección de la filial espirituana de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), conoció sobre el Salón de Artes Visuales Aroma de Mujer. Desde hacía algún tiempo, una idea relacionada con el tema lo atormentaba y esa oportunidad le vino como anillo al dedo para volver a un espacio expositivo.
“Integro la organización juvenil desde que entré al ISA. Viví excelentes experiencias en exposiciones en el Pabellón Cuba y otros eventos. Ha sido siempre muy aportador. Mi obra en el salón espirituano está compuesta por tres pinturas y un pequeño cartel donde dice: Yo soy el jardín de mi madre. Cada cuadro es una flor del mismo jardín cultivado por ella. Le pedí que eligiera sus favoritas y luego las pinté. No se trata de un homenaje o agradecimiento. Es un intento de retribuir toda una vida de entregas, cariños, correcciones… hacia mí.
“En mi caso, la pintura siempre ha sido bastante retadora; el dibujo, no tanto. Nunca la había asumido para exponer. Así que esta obra hace a la pintura un acto de valor”.
¿No dudaste en incursionar en la feminidad, tema históricamente más frecuente bajo firmas de mujeres artistas?
“Sucede con frecuencia y creo que es inevitablemente por la propia educación que cuando un hombre piensa en la feminidad la relaciona con la sensualidad, la belleza… Pero quise trascender eso. Me centré en la feminidad heredada como varón. Sencillamente, es esa parte de amor, ternura, calidez, la capacidad de disfrutar de cosas bellas, como las flores, la valentía de la mujer… Eso me llega por mi parte maternal”.
Sorprendido aún se presenta Moisés Bermúdez Marrero con haberse llevado el lauro del salón a casa. Justo sucedió en la Casa del Joven Creador de Sancti Spíritus, el mismo espacio donde en 2017 compartió con los públicos su primera muestra personal. Agradece al jurado y a los amigos de siempre durante su andar por el tortuoso camino de la creación. Quizá sea este alegrón el motor para dar el punto final al pretexto que lo desvela.
“Alisto una exposición personal. La última fue hace un par de años. Exigió mucho de mí por la carga mental. El tema era el miedo en los seres humanos. En mis creaciones me uso como sujeto de prueba. Apuesto hablar por mí y que las personas se sientan identificadas. Con esa propuesta egresé de la academia.
“Después de una calma artística que duró bastante tiempo, el necesario, vuelvo a la creación. Aproveché la quietud para enriquecerme, conocer gente, tras mi regreso a Sancti Spíritus, donde he vivido y experimentado cosas nuevas, diferentes.
“Cuando me sentí preparado comencé alistar lo que será la continuidad de esa última, pero con la valentía como tema central. Tengo los andamios puestos. La armo. Estoy inmerso en ella y muy enamorado de lo que vivo durante el proceso”.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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