Desde esta mañana del 23 de marzo hemos visto las montañas de Cuba a lontananza, sin embargo aún queda bastante por bordear hasta llegar al muelle Sierra Maestra, en la terminal de cruceros de La Habana. Cuando se realizan actos de urgencia solidaria para romper bloqueos o intentar frenar genocidios, surgen contratiempos y vicisitudes que pueden ser de índole política o simplemente de los azares de la vida.
Varias veces, a los organizadores de la Global Sumud Flotilla, les negaron barcos que ya habían aceptado llevar las 14 toneladas de ayuda humanitaria. Algunos dueños de flotas argumentaron que no tenían permisos, otros dejaron de responder a los mensajes y pocos reconocieron que estaban teniendo presiones de Estados Unidos y de sectores que se oponen a la política de Cuba.
El domingo 22, hubo un problema con las baterías que dejó al barco a la deriva durante 2 horas. Una vez que los marineros resolvieron el aspecto técnico, seguimos adelante.
A pesar de las adversidades y la posibilidad real de un ataque o bombardeo, con un promedio de 5,5 nudos, lento pero seguro, avanza constantemente este barquito que huele a aceite quemado, con el piso oxidado, pero con una energía renovadora que se concreta en guitarreadas, cocinerxs de distintos países y, sobre todo, en la esperanza y la solidaridad entre los pueblos.
“Las clases sociales se borran a bordo de un barco. Las cosas se hacen pensando en la tripulación, no puedes colocar tu bienestar individual por encima de la necesidad del grupo» dijo Nicole León Avilés, marinera y actriz ecuatoriana
Pequeñas historias de la tripulación de la Flotilla Nuestra América
Las historias que se entrecruzan en este barco de solidaridad internacionalista están atravesadas por varias convergencias, tanto de compromiso de la lucha por la vida como de rabia e indignación ante el statu quo del capitalismo y el patriarcado global.
Alejandra Chavira, mexicana y activista de la Global Sumud Flotilla, a los 24 años perdió a su madre, quien desapareció en Ciudad Juárez y a los pocos días encontraron su cuerpo sin vida. “El activismo no es postureo, no es salir en la foto y en los momentos donde hay visibilidad, es estar en cada uno de los pasos que nos llevan a lograr actos como éste, acompañando desde cargar cajas hasta cocinar, limpiar el baño o denunciar las injusticias en espacios a donde otros no pueden llegar”, comenta mientras platicamos.

Nicole León Avilés, marinera, actriz ecuatoriana y militante en la Flotilla Global Sumud, lleva más de una década navegando y es la persona encargada de poner orden en los espacios comunitarios. Destaca que los comportamientos individualistas no tienen cabida en estas misiones: si quedara una porción de comida, se dividirá entre todas las personas presentes.
“Las clases sociales se borran a bordo de un barco. Las cosas se hacen pensando en la tripulación, no puedes colocar tu bienestar individual por encima de la necesidad del grupo, pero a veces a las personas, principalmente del Norte Global, les cuesta entender esto”, comentó mientras tomábamos desayuno en la popa del barco.
Afirma que ser marinera es muy difícil por el patriarcado que está arraigado en la profesión. “No es fácil que te respeten, y más siendo mujer, racializada y del Sur Global. Pero eso no me ha impedido seguir adelante”, comenta con una sonrisa.
El mexicano del Foro Mundial de la bicicleta 12, Samuel Terán, está llevando 10 bicicletas para formar un taller de ciclismo comunitario. Es originario de la periferia de la Ciudad de México y trabaja por la defensa territorial de la Sierra de Guadalupe con el ciclo activismo, que pretende dar acceso real a la movilidad de las personas y proteger el medio ambiente.
“Nos formamos en una universidad en Chiapas porque el zapatismo nos pegó duro y, a través de esta organización, queremos llevar ayuda, pero no ayuda como de arriba para abajo o de supremacía, sino compartiendo lo que tenemos entre ‘carnales’, con hermandad”, expresa mientras charlamos en la proa del barco.
Cuenta que se siente muy afortunado de venir en este viaje, pero que no ha sido nada de meritocracia, sino 20 años de activismo social con sus colegas que reparan bicicletas en distintas partes de la ciudad.
“Donde los gobiernos no logran organizarse, si se organizan los pueblos, somos capaces de llevar las necesidades de otros pueblos y la solidaridad política, estas no son misiones humanitarias, son políticas” dijo José Nivoi, trabajador del puerto de Génova
También es parte de la tripulación el italiano José Nivoi, trabajador del puerto de Génova en la Unión Sindical de Base desde hace 20 años, pero desde hace 10 se dedica a bloquear los armamentos destinados a Israel. Ya había participado en la Flotilla Global Sumud para llevar ayuda humanitaria a Gaza el año pasado, y ahora se sumó a la Flotilla Nuestra América.
“Donde los gobiernos no logran organizarse, si se organizan los pueblos, somos capaces de llevar las necesidades de otros pueblos y la solidaridad política. Para mí estas no son misiones humanitarias, son políticas” afirma con una expresión seria y firme, mientras miramos las colinas de la isla caribeña a estribor.
Cuba además “está demostrando que la autodeterminación de los pueblos es un valor que se ha perdido en los últimos 50 años, sobre todo para Italia”, que se ha vuelto esclava de las voluntades estadounidenses.

Pone como ejemplo las 120 bases militares yanquis en su territorio, lo que vuelve al país un objetivo militar respecto a la guerra que está sucediendo en Irán; o el aumento del gobierno de Giorgia Meloni al 5% del PIB en gasto militar por presión de la OTAN.
Mientras Cuba se opone a someterse a ese tipo de políticas, está sufriendo el bloqueo, pero “está demostrando cómo se debe practicar la autodeterminación y que no están solos porque los pueblos están con Cuba; el verdadero régimen lo estamos viviendo en Europa y en Occidente por culpa de Estados Unidos y del sionismo”.
El capitán, “Manolo”, originario de Campeche, lleva el viaje con buen humor y tiene un acento marcado y particular de la península de Yucatán. Sabe mucho del mar, ha viajado por todo el golfo de México y parte del Caribe, pescando atunes.
La enorme esperanza que lleva este pequeño Granma 2.0 se sustenta en personas simples que sienten la misma indignación “por cualquier injusticia que se cometa en el mundo”, como diría el Che Guevara
No conocía mucho de lo que está sucediendo en Cuba, pero tras algunas pláticas y escuchar a las personas que vienen a entrevistar a la cabina, por ser el lugar donde hay menos ruido de motor, me expresó su preocupación: “Ojalá lleguen más barcos de ayuda, está muy feo lo que está pasando allá”. Luego sale del puente y ve las 10 bicicletas: “voy a agarrar una bici y pedaleo hasta allá, llego más rápido así”, bromea.
La enorme esperanza que lleva este pequeño Granma 2.0 se sustenta en personas simples que sienten la misma indignación “por cualquier injusticia que se cometa en el mundo”, como diría el Che Guevara, y han decidido arriesgarse a apoyar a un pueblo en asedio por el imperialismo más voraz de nuestros tiempos.
Se estiman 14 toneladas de ayuda, lo que parece casi nada frente a los 9 millones de personas, pero de la suma de gotas se hace un océano.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus













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