En este mundo convulso en que vivimos la opinión pública es manipulada constantemente por los grandes medios de comunicación. No solo porque nos bombardean con las narrativas que les convienen a sus finanzas, sino porque, además, se dan el lujo de sepultar los medios que se levantan como alternativa ante esas matrices de opinión. Por estos días fue noticia que la multiestatal Telesur fue sacada del aire en Bolivia, por solo mencionar un ejemplo.
Nunca fue tan difícil discernir entre la verdad y la mentira. Porque del lado de los que plantan bandera contra aquellos monopolios de la noticia también hay fisuras que dejan en evidencia ese buen deseo de contar la verdad. Por eso es frecuente que escuchemos a alguien decir: “Ya no sé ni que creer”.
Expertos en la materia aseguran que más del 50 por ciento del contenido de Internet es falso o poco confiable y estudios recientes en España destacan que, como promedio, un 40 por ciento de la población de ese país no es capaz de distinguir entre una información real y un bulo. Urge entonces que aprendamos a separar, al menos, aquellas mentiras burdas y mal presentadas, de las potencialmente ciertas. Y para eso hay que leer, escuchar y acceder a mucha información.
Mantener informado al pueblo hoy día es un gran desafío. A las llamadas fake news se suman la falta de estrategias para dar información oportuna, dificultades técnicas y otros males que se interponen entre quienes pretenden comunicar y sus públicos.
Pero no puede soslayarse tampoco el más famoso de los problemas de la actualidad cubana: la falta de corriente eléctrica, ese elemento que parece definir todo, desde la producción de una industria hasta nuestro estado de ánimo y que dificulta por sí solo el acceso a la información.
En nuestra provincia contamos con un canal de televisión (Centrovisión), una emisora provincial de radio (Radio Sancti Spíritus), seis emisoras municipales y este periódico, con una edición limitada en papel cada sábado y un sitio web de actualización constante, además de los medios nacionales.
No es que falten fuentes que ofrezcan noticias fidedignas. Lo que sucede es que acceder a ellas no es tan sencillo como lo fue hace algunos años. La radio, esa amiga eterna que no nos abandonaba ni en medio de un ciclón, anda maltrecha; no solo porque a veces no se disponga de electricidad en la cabina desde donde se genera la señal, sino porque las torres que diseminan esa frecuencia tampoco tienen respaldo energético o tecnológico.
Precisamente, RadioCuba, entidad que administra las estructuras que permiten esparcir las señales, ha enfrentado problemas técnicos y logísticos en más de una ocasión que han dejado a miles de usuarios sin escuchar la radio ni ver la televisión, aun cuando la señal se esté originando.
Y habrá quien diga que la manera de nuestros medios de producir contenidos no es la más adecuada o atractiva, y la crítica se acepta; lo que pasa es que lo primero que necesitan la radio, la televisión y la prensa, en general, es estar al alcance de la gente. Es muy difícil posicionar un estilo, una marca o un discurso si a los públicos no les llegan los contenidos.
Ante tales infortunios, las redes sociales son aliadas indispensables. Nuestro periódico, por ejemplo, está presente en Facebook, Telegram, WhatsApp, Instagram y X. Sin embargo, los cambios que ejecutara el pasado año la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba respecto a tarifas y posibilidades de consumo de datos han mermado considerablemente la presencia de los usuarios en las plataformas digitales de Escambray.
Para que se tenga una idea, por esta fecha del año 2025 alrededor del 80 por ciento de los usuarios que accedían a nuestro sitio web www.escambray.cu lo hacían desde teléfonos inteligentes. Esa cifra se ha visto reducida considerablemente y hoy poco más de la mitad de nuestros usuarios nos visitan desde un celular. No solo porque el acceso más económico a la compra de datos móviles es limitado sino porque la calidad de la conexión a internet ha disminuido considerablemente.
Pero debe hablarse también del plano subjetivo, ese que necesita de no tantos recursos, pero sí de voluntades de cambio.
Nuestro país cuenta con una Ley de Comunicación Social, pero que no resuelve con su simple existencia las incomprensiones y reticencias que no pocos llevan consigo en relación con facilitar la información.
Desde directivos que refieren necesitar permisos de “arriba” para dar datos que son de uso público, hasta otros que quieren revisar el trabajo periodístico antes de ser publicado van los avatares que encuentran nuestros periodistas en su quehacer diario.
Nuestros medios no están cruzados de brazos. No por gusto Radio Sancti Spíritusy el periódico Escambray han recibido premios en los festivales nacionales de la prensa, donde se ha reconocido su capacidad para innovar y adaptarse a las circunstancias actuales y a las nuevas exigencias de sus públicos. Pero esas innovaciones no pueden luchar contra las difíciles condiciones que limitan el acceso a la información.
Tenemos mucho que hacer aún por generar cultura en las personas, por informar, por alertar que no todo lo que vemos o escuchamos es necesariamente verdad. Y por supuesto que no pretendemos hacerle creer a nadie que es este periódico la mejor y más confiable fuente de información del mundo. Porque parte del saber separar la verdad de la mentira está en la capacidad que tenemos de cuestionárnoslo todo, incluso lo que en estas líneas está escrito.
Para esquivar las “balas” de la desinformación es necesario que generemos cultura, que nos apropiemos de conocimientos, que sepamos cómo funciona esa maquinaria informativa y de qué lado están sus intereses. Y eso no se logra cerrando ventanas en Internet o bloqueando páginas, eso se logra consumiendo noticias y evaluando los patrones de comportamiento de quienes cuelgan sus contenidos en cualquier formato de presentación. Estamos expuestos constantemente a ser engañados, pero siempre será más fácil vulnerar las mentes menos entrenadas.
Desarrollar un sistema de medios públicos como el nuestro con las condiciones actuales del país no es tarea pequeña. Pero algo hay que hacer porque la guerra que se nos hace está encaminada fundamentalmente a desinformarnos y, muchas veces el silencio de los medios termina, sin querer, legitimando el discurso de quienes nos adversan. Entonces, algo nos queda claro y es que no podemos darnos el lujo de callar, porque ese silencio se sumaría a ese cúmulo de avatares que tanto dificulta informar al pueblo.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus











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