Los instrumentos no tienen sexo (+fotos y video)

Según estadísticas nacionales, la Escuela de Arte Ernesto Lecuona, de Sancti Spíritus, registra una de las mayores matrículas de percusionistas femeninas

Liz Areline Díaz Abstengo (izquierda) y Dagné López Albelo cursan el octavo grado en la única institución educativa perteneciente a la Enseñanza Artística en el territorio. (Fotos: Lisandra Gómez/ Escambray)

El día que Dagné López Albelo hizo públicos su destreza y sus saberes sobre percusión ante los ojos de La Sierpe, la cuna que le abriga, se hizo una marca en su historia de poco más de 12 años.

“Me preguntaron: ‘¿Y tú tocas con palitos?’ —rememora y en el rostro se le refleja una fusión entre timidez y picardía—. Como es una tierra campesina, cada vez que ven a alguien con un instrumento se sorprenden. En mis adentros, les rectifico: Se llaman baquetas y no palitos”.

Fue de las primeras lecciones aprendidas tras su llegada a la Escuela de Arte Ernesto Lecuona, de Sancti Spíritus. En la mochila cargó con miedos e incertidumbres. Hoy cuenta las horas para que no llegue el momento del pase porque la pequeña institución educativa se ha vuelto en su segundo hogar.

Tampoco olvida el momento exacto en que, tras aprobar el complejo proceso de captación, conoció que ingresaría en la especialidad de Percusión, con más de cuatro décadas de estudio en la academia de esta tierra.

“Realmente, aspiraba a estudiar un instrumento de viento, pero no pudo ser. Hoy te confieso que me encanta la percusión y agradezco la posibilidad que me han dado”.

Junto a ella, Liz Areline Díaz Abstengo, quien comparte pupitre en el aula de octavo grado de la única institución educativa perteneciente a la Enseñanza Artística espirituana y su partner en más de una interpretación musical, sobre todo con la firma del profesor Aurelio Luis Rodríguez, coincide en la complicidad de haber sido seducida al poner los pies en el centro.

“Ahora mismo no me imagino tocando ningún instrumento de viento, ni de madera. Y entre todos, disfruto la batería porque te permite tocar muchos ritmos, y el xilófono, aunque no lo tenemos en la escuela, quisiera aprender a tocarlo”.

Es la misma aspiración de Dagné López Albelo. Quizá sean huellas de la seducción realizada clase a clase, ensayo a ensayo, por el propio profesor Aurelio Luis Rodríguez Cabrera, fundador de la Cátedra de Percusión de la institución educativa, incluso cuando aún no estaba ubicada en la céntrica calle Raimundo, en la urbe del Yayabo.

El mito de que los sonidos de la percusión son varoniles se ha desterrado en la “Lecuona” de Sancti Spíritus.

“Es un símbolo no solo en Sancti Spíritus, sino en toda Cuba y también en el mundo porque ha viajado a varios países, donde ha demostrado su talento —opina la hija de La Sierpe—. Es una persona muy buena. Como decimos en buen cubano, no está en nada. Por eso, dar clases con él es algo especial. Basta verlo tocar los bongós, la tumbadora y la paila para enamorarse. Disfruto mucho del redoble por su rapidez. En eso también es responsable”.

Sobre los hombros del profe Aurelio, como se le conoce dentro y fuera de la academia, incluso en las agrupaciones donde comparte su talento, recae la formación de muchas generaciones de espirituanos.

“Me fijo mucho en cómo lidia con los estudiantes —acota Nayelis Laura Acosta Jiménez, una joven profesora—. Tiene muy buena metodología. Aunque hoy compartimos la misma responsabilidad, me es imposible aislarlo del marco de profesor”. Conversar con él es una clase eterna. Siempre va a ser mi maestro”.

SIN COMPASES MACHISTAS

Además del sello del profe Aurelio, la enseñanza de la percusión en Sancti Spíritus tiene una distinción a nivel de país. Se registra allí una de las mayores matrículas de percusionistas mujeres de toda Cuba. Actualmente, de 11 estudiantes, nueve son niñas. Precisamente, él, uno de los homenajeados en la más reciente Jornada Provincial por la Cultura Cubana, ha confesado en más de un escenario que esa particularidad también tiene su toque.

“Al principio me pregunté si no era para varones —reconoce Liz Areline con una mueca en el rostro que destierra ese pensamiento—. Nos enseñan que instrumentos como la flauta o violín parecen más femeninos que una batería. Pero ahora que estoy en este mundo, te digo que posiblemente las mujeres toquemos mejor.

“No se trata de fuerza, sino de saber interpretar. La profesora de Piano nos dice siempre que la música es un lenguaje que hay que expresar. Si estás estresada, saldrá mal la obra. Me gusta escuchar mucho al profe Aurelio, pero mis otras maestras lo hacen bien”.

Tras egresar del nivel medio, Nayelis Laura Acosta Jiménez regresó como profesora de la escuela donde descubrió los compases de la percusión.

La joven espirituana Nayelis Laura Acosta Jiménez no recuerda haber tropezado aún con ninguna mirada de reojo por dominar una de las formas más primitivas de expresión en todas las culturas. Creció en un ambiente donde predominaban mujeres. Luego, durante los años del nivel medio, también estuvieron en menor número los muchachos y casi todas las estudiantes procedían de Sancti Spíritus.

“Pero en el folclore las percusionistas no somos bien vistas. Estoy introduciéndome en ese mundo, gracias a otros músicos. Más adelante, quizá tenga anécdotas que contar”.

Mientras se enfoca en crecer como profesora e integrante de agrupaciones como la Banda Provincial de Conciertos, se convierte en referente para sus alumnas, con quienes comparte la energía propia del recién egresado.

“Pensé quedarme en Santa Clara, pero no pudo ser. Llegué a la misma escuela donde me inicié y me siento muy bien. Con respecto a los estereotipos, no deberían existir en ningún aspecto de la vida. En el caso de la música, solo se precisa tener aptitudes, musicalidad, ritmo, oído y corazón”.

La percusión se estudia en la institución educativa desde hace más de cuatro décadas.

Son partes de las lecciones aprehendidas del profe Aurelio y que hoy enseña a sus estudiantes. Dagné y Liz Areline, baquetas en mano —regaladas por otro de sus eternos maestros, Luis Javier García, tras su regreso de una gira por México, ya que conoce cuánto sufre la Enseñanza Artística por las huellas de la política absurda impuesta por los vecinos más cercanos— obsequian, casi en la despedida de este diálogo reporteril, más que una interpretación, sus aprendizajes de vida.

“La fuerza física no importa —expresa la pequeña sierpense y los ojos se quieren salir de sus órbitas—. Aquí lo que vale es sentir con el corazón”.

“Me gustaría verme en un escenario, ya sea tocando la batería u otro instrumento, incluso cantando. Los artistas no podemos encasillarnos. Y en relación con quienes aún piensan en la percusión solo para hombres, les digo que tienen que verse eso. Están muy mal. Los instrumentos no tienen sexo”, soltó a la misma velocidad del redoble Díaz Abstengo.

Lisandra Gómez Guerra

Texto de Lisandra Gómez Guerra
Doctora en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus y corresponsal del periódico Juventud Rebelde. Especializada en temas culturales.

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