Marianela Herrera: El secreto está en amar lo que se hace (+fotos)

Desde esa convicción, esta trinitaria abraza su responsabilidad, primero como docente y luego como directora desde hace más de 15 años, en la escuela taller Fernando Aguado y Rico, de Trinidad

Es muy importante inculcar en los jóvenes que ingresan en este centro el amor por la ciudad, puntualiza Marianela.

Hay encuentros que definen un destino. Bien lo sabe Marianela Herrera Martínez, profesora de dibujo y directora de la escuela taller Fernando Aguado y Rico, una suerte de laboratorio de innovación que mantiene vivos oficios y técnicas tradicionales para preservar el patrimonio edificado en la Trinidad de más de cinco siglos.

Recién egresada del Politécnico José Gregrorio Martínez, de Cienfuegos, en la especialidad de técnico medio en Dibujo de la Construcción, llegó al entonces Equipo de Restauración de la ciudad, dirigido por el inolvidable Roberto López Bastida (Macholo); una etapa de oro que hoy evoca desde el respeto, la admiración y la gratitud.

Conocer a Macholo fue determinante para su futuro profesional. “Trabajar, siendo yo tan joven, con ese grupo de personas a las que les debemos lo que es hoy Trinidad ha significado mucho para mí. Ellos se convirtieron en un referente cercano que permitió encauzar mis proyectos laborales”, dice Marianela convencida del invaluable aporte de estos hombres y mujeres.

Ser docente es una de las labores que más amo en la vida.

Entre tantas estrellas, ella también se propuso brillar. Matriculó en la universidad la Licenciatura en Construcción Civil; y, trabajando ya en uno de los centros politécnicos del municipio, aceptó la invitación de Macholo para ejercer como docente de la escuela de restauración, un año después de haberse inaugurado.

“Me inicié como profesora teórica en el taller de carpintería y luego pasé para el de albañilería porque este centro ha propiciado el tránsito de los docentes por las diferentes especialidades para que adquieran una visión más amplia en cuanto a la rehabilitación integral de un edificio.

“Me apasioné desde el inicio por el mundo de la restauración y comenzó entonces una labor de superación constante, de entrenamiento, de adquisición de conocimientos. A los cinco años, si mi memoria no falla, me proponen el cargo de subdirectora docente de la escuela y asumí ese reto.

 “Decidí acercarme a los profesores que ya tenían un camino recorrido y una vasta experiencia, porque soy del criterio de que el éxito de cualquier proyecto parte del trabajo en equipo; y esta escuela cuenta con un colectivo maravilloso”.

Esa es la fórmula con la que Marianela dirige la escuela desde hace más de 15 años. “Si hay un detalle que distingue mi labor al frente de este centro es la unión entre todos los trabajadores. Aquí somos, además de amigos, una familia verdadera.

“Y lo otro es que siempre he tenido como premisa, y así se la transmito a mis compañeros, que los jóvenes que entran aquí a estudiar merecen una atención diferenciada porque proceden de entornos sociales diversos y muchos han estado desvinculados del estudio y del trabajo.

“Cuando llegan al centro necesitan sentirse acogidos y tienen que sentir que este es un lugar, más que de estudio y de trabajo —que no deja de serlo en ningún momento—, un espacio de crecimiento personal y de responsabilidad con la salvaguarda del patrimonio de la villa.

“Es muy importante inculcar en ellos el amor por la ciudad. Y eso debe iniciarse desde edades tempranas y consolidarse aquí. Son muchos los edificios que se han intervenido, las piedras que se han colocado en las calles, los parques, las plazas y las plazuelas que se han restaurado. Trinidad es una joya que, si no cuidamos, la perdemos y sin vuelta atrás”.

Nuestro centro se ha convertido en un laboratorio de experimentación en el que la Oficina del Conservador ha depositado toda su confianza, señala la directora.

Desde esa premisa, Marianela apuesta por la enseñanza del valor de oficios artesanales, además del empleo de materiales también tradicionales como expresión de saberes que también se transmiten de una generación a otra.

Ha sido también algo muy lindo para la escuela, asegura. “Nuestro centro se ha convertido en un laboratorio de experimentación en el que la Oficina del Conservador ha depositado toda su confianza con el propósito de que estas técnicas tradicionales de construcción se conozcan y se socialicen. 

“En el año 2020 se hizo el Seminario Internacional de Construcción con Tierra (Ciacop) que reunió a un número importante de expertos internacionales en temas de la tierra. Tuvo lugar en el poblado de San Pedro y se remodelaron casas con la técnica del embarrado y otras labores solamente a base de cal y este noble material.

“Trabajamos por primera vez los muros construidos con adobe. Aquello fue todo un reto, aprender a hacer los bloques. Se han desarrollado también talleres internacionales a fin de promover el uso de materiales naturales para obtener pigmentos y pinturas naturales. Aquí mismo en la escuela hay dos murales realizados por alumnos, profesores y expertos de México y Brasil.

“Al arquitecto mexicano Ramón Aguirre le agradecemos profundamente que haya dejado en nosotros tanto saber y tanto conocimiento en el tema de arcos y bóvedas que tienen como único aglutinante, para que se pegue un ladrillo con otro, la tierra y el agua, sin la utilización de cemento.

“A partir de ahí entonces hemos abierto un abanico de trabajo y de posibilidades; y hoy estamos compartiendo esas prácticas a los trabajadores que participan en la rehabilitación integral de la antigua enfermería de esclavos en Manaca Iznaga. Allí se pretende que el revestimiento de los muros se realice con mezclas reales y que no haya falseamientos históricos en ese edificio”.

Entre las virtudes de Marianela, resaltan su carácter siempre afable y esa capacidad de creer que todo es posible. Como testimonio, Escambray encuentra la maqueta del Centro Histórico de Trinidad, ya casi totalmente restaurada; una obra que le exigió preparación y, sobre todo, mucha paciencia para recuperar cada elemento de esta ciudad en miniatura.

Si hay un detalle que distingue mi labor al frente de este centro es la unión entre todos los trabajadores.

Cuando se nos pidió si podíamos asumir esa tarea- relata- dijimos sí. No sabíamos cómo, pero hoy la maqueta está ya en fase de terminación y muy pronto los trinitarios van a poder disfrutar de ella nuevamente. 

¿Le gustan los desafíos? 

Me encantan. En estas cosas siempre hay una pizca de locura y prefiero decir: Sí, yo puedo. No es solo lo que seas capaz de aportar con el saber que tienes. Cuentas con un grupo de profesionales, cada quien con sus conocimientos, y que cuando se unen se logran cosas maravillosas.

¿Qué define a Marianela? 

Mi entrega incondicional. Ser docente es una de las labores que más amo en la vida. No hay nada que me gratifique más que caminar por de las calles de mi ciudad y se me acerque una persona y me diga, profe, todavía recuerdo sus enseñanzas.

Lo otro es mi familia. Es lo más lindo que la vida me ha regalado. Hablo de mi familia de sangre y de la que hemos logrado forjar en esta escuela a lo largo de los años. Me siento totalmente recompensada.

Eres una de las personas imprescindibles en la Oficina del Conservador, algo así como un punto de equilibrio…

No diría que imprescindible, todos somos importantes. Creo que lo que mis compañeros reconocen en mí es el compromiso, la disposición de asumir cualquier tarea. Y también la capacidad de enfrentar el día a día de la manera más positiva posible. Los tiempos de crisis nos imponen actuar con inteligencia. Cuando creemos que no se puede, hay que poner en marcha el pensamiento creativo. Y el secreto es valorar lo que se hace, amar lo que se hace.

Ana Martha Panadés

Texto de Ana Martha Panadés
Reportera de Escambray. Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas sociales.

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