Casi inmediatamente después de cerrar el acuerdo con Irán, el presidente Donald Trump parecía ansioso por celebrar su victoria.
Anunció a bombo y platillo que el acuerdo abriría el estrecho de Ormuz, una vía marítima vital para el suministro energético mundial cuyo tráfico marítimo paralizado ha sacudido la economía global. Le dijo a The New York Times que sus esfuerzos habían salvado a Israel de la extinción nuclear y habían hecho que Medio Oriente fuera más seguro. Todo ello le dio una victoria clave mientras viajaba a Francia para la cumbre del Grupo de los Siete, donde se reunirá con líderes europeos que han criticado su forma de abordar la guerra.
A pesar de las grandilocuentes afirmaciones de Trump, el acuerdo aún no ha logrado los objetivos fundamentales que él mismo estableció hace tres meses para iniciar la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Por aquel entonces, Trump dijo que Estados Unidos pretendía “aniquilar” la capacidad militar de Irán, acabar con sus ambiciones nucleares, derrocar a su liderazgo teocrático y liberar a su pueblo, al que animó a tomar el control de su gobierno una vez cesaran los combates. Apenas una semana después de que comenzaran los ataques, afirmó que Irán solo podía llegar a un acuerdo mediante una “rendición incondicional”.
Trump declaró públicamente la victoria el domingo basándose principalmente en haber resuelto un problema que él mismo había creado, al calcular mal la capacidad de Irán para bloquear el estrecho de Ormuz. Trump afirmó en Truth Social que había autorizado la apertura sin restricciones de esta vía marítima crucial, lo que esencialmente restablecería el statu quo anterior a la guerra, y celebró que los mercados energéticos mundiales se recuperarían.
“Barcos del mundo, arranquen motores”, escribió. “¡Que fluya el petróleo!”.
El acuerdo marco más reciente, que aún no se ha hecho público y se espera que se firme en Ginebra el viernes, es la culminación de tres meses en los que Trump ha lanzado una vertiginosa sucesión de mensajes contradictorios.
Dijo que el programa nuclear de Irán había sido “aniquilado” en los ataques estadounidenses del año pasado, pero también dijo que la guerra era necesaria para impedir que los iraníes obtuvieran un arma nuclear.
Trump dijo que el programa nuclear de Irán suponía una amenaza no solo para los aliados, sino también para los soldados estadounidenses en el extranjero y para los estadounidenses de a pie. Dejó claro que el final de la guerra dependería de una condición: “Siempre ha sido la política de Estados Unidos, y en particular de mi gobierno, que este régimen terrorista nunca pueda tener un arma nuclear”, dijo. “Lo diré otra vez. Nunca podrán tener un arma nuclear”.
Incluso el sábado, cuando anunció que al día siguiente se firmaría un acuerdo, afirmó que los líderes iraníes “ya no quieren un arma nuclear, ni la tendrán, ya sea mediante compra, desarrollo o cualquier otra forma de adquisición”.
Pero el acuerdo deja esa cuestión sin resolver durante al menos otros 60 días, cuando se espera que ambas partes negocien sobre temas nucleares.
Trump no presentó el acuerdo como una solución a la amenaza nuclear. En cambio, se enfocó en Medio Oriente y en su legado.
“Este Gran Acuerdo traerá Paz y Seguridad a toda la Región”, escribió en una publicación en las redes sociales. “Muchos presidentes han intentado hacer las Paces con Irán, y todos han fracasado antes que yo”.
Trump también ha enviado mensajes contradictorios sobre hasta dónde estaría dispuesto a llegar para conseguir un acuerdo nuclear con Irán. Ha pasado de amenazar con arrasar la civilización del país a decir que no tenía prisa por eliminar sus reservas restantes de uranio enriquecido.
Al inicio de la guerra, Trump afirmó que Estados Unidos lograría sus objetivos en “cuatro o cinco semanas”. En cambio, esta guerra se prolongó durante meses, y causó la muerte de miles de civiles iraníes y de 13 militares estadounidenses. En lugar de doblegarse ante Estados Unidos, los nuevos dirigentes iraníes se han envalentonado, pues constantemente resisten la presión militar y diplomática para persistir en su objetivo de impulsar un programa nuclear.
En las negociaciones con el yerno de Trump, Jared Kushner, y el enviado especial, Steve Witkoff, los iraníes se han mantenido firmes en no renunciar al derecho a enriquecer uranio.
“En cuanto a las cuestiones nucleares, realmente no hay acuerdo”, dijo en una declaración en X Daniel B. Shapiro, exembajador de Estados Unidos en Israel. “Irán sabe cómo alargar esas negociaciones e intentar sacar concesiones por el camino”.
Añadió que Estados Unidos parece estar ahora pagando por la reapertura del estrecho de Ormuz al plantearse levantar las sanciones impuestas a Irán. El gobierno de Trump dijo que Irán no obtendrá ningún alivio de las sanciones ni la liberación de sus activos financieros congelados hasta que cumpla sus compromisos.
El acuerdo marco sí ofrece una vía hacia una posible paz y un alivio económico. Y el lunes, tanto los líderes mundiales como los mercados globales se mostraron optimistas.
El canciller alemán Friedrich Merz, quien anteriormente había dicho que Estados Unidos “no tenía estrategia” y estaba siendo “humillado” por Irán en la guerra, felicitó a ambas partes por el avance diplomático, y lo calificó de paso potencial hacia “una economía global revitalizada y un Medio Oriente más seguro”.
Pero se trataba de un optimismo cauteloso, dadas todas las incertidumbres. Es fundamental que la capacidad nuclear de Irán se negocie a fondo durante los próximos dos meses de conversaciones, lo que plantea dudas sobre si se logrará una paz duradera.
Podrían surgir muchos obstáculos en el camino. En particular, Israel, socio en la guerra pero no en el marco de paz, se ha mostrado poco entusiasta con el acuerdo. El propio Trump dijo en la entrevista con el Times que estaba dispuesto a reanudar los ataques militares contra Teherán si Irán no lograba alcanzar un acuerdo nuclear definitivo con Estados Unidos.
Algunos de los aliados de Trump parecían preocupados por los aspectos inconclusos de las negociaciones. El senador Lindsey Graham, republicano por Carolina del Sur, quien lleva mucho tiempo apoyando la acción militar contra Irán, dijo que le “preocupaba un poco que la visión de Irán sobre el acuerdo pareciera diferente de lo que afirma el equipo negociador estadounidense”.
“Seguiré de cerca las negociaciones posteriores sobre el programa nuclear de Irán y otros asuntos”, dijo Graham. Añadió que el vicepresidente JD Vance, a quien describió como el “arquitecto del acuerdo”, debería asegurarse de que el convenio final se presente al Congreso.
“Es posible que nunca se llegue a ningún acuerdo”, dijo Shapiro, “y es muy probable que, si se llega a uno, sea peor de lo que podríamos haber conseguido por la vía diplomática antes de la guerra”.
(Con información de The New York Times)
Escambray Periódico de Sancti Spíritus













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