La Finca Agroecológica La Espinita no es un nombre cualquiera en Yaguajay. Aludir a este lugar, ubicado en la comunidad de Júcaro, a varios kilómetros de la cabecera municipal, significa ensalzar las buenas prácticas agropecuarias, nacidas de la voluntad de una familia por producir a tono con las normas del medio ambiente.
Todo comenzó en el 2017, cuando Nelson Ríos Carballo tomó las riendas del sitio. Traía consigo escasos recursos y conocimientos. Mas, con el tiempo perfiló el camino hacia los procesos naturales de producción autosustentables y hoy este paraje del norte espirituano es referente de la agroecología.
“Iniciamos con las construcciones de piedra que se exhiben en la finca. Era difícil acceder a otros materiales que, además de agresivos al medio, resultaban costosos y difíciles de llevar hasta el lugar. Entonces, se me ocurrió replicar lo que hubo antes en esa zona y empezamos a construir con guano, madera, y piedra.

“Siempre vi más adelante y advertí que el único modo de vivir económicamente de un pedazo de tierra tan pequeño como La Espinita era hacer algo novedoso. Así empezamos y en el transcurso del camino se unieron personas de bien, logramos lo que hoy tenemos y pensamos seguir adelante”, detalla Ríos Carballo con el orgullo de acompañar cada paso de este lugar.
Aunque en las 12.5 hectáreas de la finca se potencie la ganadería, con la producción de leche y carne, también se trabaja la tierra. En los alrededores de este territorio hay sembrados unos 10 cultivos, que se encadenan hasta cerrar un ciclo productivo.
“Tenemos maní, calabaza, melón, caña, coco, ajonjolí, maíz, arroz, frijol gandul, frutabomba, boniato y sorgo, todos ciento por ciento agroecológicos. Hoy somos productores de semillas y muchos campesinos de la zona se benefician, porque si usted no tiene una buena simiente será mala la cosecha”, apunta el productor de 54 años de edad.
Nelson es técnico de nivel medio en Agronomía y, junto a sus saberes, el apoyo del Centro de Servicios Ambientales, de Yaguajay, vino como anillo al dedo para afianzar la agroecología. Eso, sin contar las alianzas de diversos proyectos como Bases Ambientales para la Sostenibilidad Alimentaria Local, Un Enfoque paisajístico para conectar ecosistemas montañosos amenazados (Conectando Paisajes), Adaptación al cambio climático en el municipio de Yaguajay: Agroecosistemas Resilientes, Proyecto de Innovación Agropecuaria Local y el Programa de Apoyo al Fortalecimiento de Cadenas Agroalimentarias, los cuales mostraron cómo andar rumbo a la protección del ecosistema.
“En La Espinita se trabaja con el mínimo laboreo del suelo. El ecosistema de este lugar es complejo, costero, con tierras malas, cenagosas y de mal drenaje. Por tanto, protegemos el suelo para lograr lo que hoy tenemos. Mostramos resultados relevantes en la producción de sorgo, maíz, melón, boniato…
“Cada paso en la agroecología es más trabajo y tiempo, pero se revierte en producción. Por ejemplo, antes llegaba a la finca e iba directo a ordeñar. Ahora tengo que ir a echarles agua y comida a las lombrices. Las atiendo y ellas se pasan el resto del día haciendo el abono orgánico.
“Si no trabajamos sobre las bases agroecológicas es imposible alcanzar alimentos sanos, así como los resultados productivos que tanto necesitan los municipios. En La Espinita hemos demostrado que esto se puede lograr”, recalca.

Al quehacer de este sitio se suma toda la familia. Niurka, la esposa de Nelson, y sus hijos lo mismo guataquean, siembran, que atienden los animales. Además, han puesto su ingenio en la confección de platos criollos, salidos de las producciones de la finca.
Quizás por ello La Espinita ha estado presente en eventos municipales, provinciales y nacionales sobre agroecología. En cada uno de esos certámenes ha socializado la rutina de una zona que no se puede soslayar cuando se hable de esta práctica en el país. Al IX Encuentro Internacional de Agroecología, Soberanía Alimentaria, Educación Nutricional y Cooperativismo, realizado en La Habana a finales del 2025 llegó también Nelson Ríos.
“Fue un honor recibir de manos del presidente nacional de la ANAP el reconocimiento al trabajo realizado hasta la fecha. Demostramos allí que la agroecología se puede manejar a pequeña, mediana y gran escala. Unido a la parte productiva expresamos la labor ambiental y social que tiene lugar dentro de la finca.
“Por ejemplo, en lo social se trabaja con los niños a través de un círculo de interés que posee la Dirección de Ecosistemas de Montaña del Centro de Servicios Ambientales de Yaguajay, y se suman otras personas de la comunidad”, señala Nelson.
Mucho tiene que contar dicho sitio en materia de agroecología y de protección del ecosistema. Sin embargo, para Nelson quedan metas por cumplir. “Me falta mucho por hacer, porque quiero convertir a La Espinita en el olimpo de la agroecología en Cuba. Cuento con la fuerza, la salud y el personal calificado para hacerlo”, agrega.
Tiene claras sus proyecciones. Declarar la finca Slow Food e insertarse en el manejo sostenible de tierras devienen, por ahora, las primeras urgencias. Mientras, siguen trabajando, produciendo alimentos sanos, nutritivos, de calidad y asequibles para todos gracias a la agroecología, actividad que apuesta por preservar los recursos naturales y el medio ambiente. “La agroecología es un arte, una cultura de trabajar la tierra. De esa forma la veo, la ejecuto y la seguiré viendo en lo adelante”, confiesa este hombre, quien entrega sus días a una finca que se empina en el corazón de Júcaro.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus










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