Aunque Fernando Martínez Heredia es considerado uno de los intelectuales más importante después del triunfo de la Revolución, existe una eterna deuda para con el estudio de su legado, según se constató en el espacio La Cocuyera, gestado por el Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en Sancti Spíritus.
Profesores universitarios e investigadores hicieron un pequeño recorrido por la vida y el quehacer intelectual de ese hijo de Yaguajay, quien demostró un compromiso con sus ideales, incluso en momentos en los que su verbo no encontró total comprensión.
“Gran parte de su trabajo estuvo centrado en los cambios operados en la sociedad cubana a todo lo largo del siglo XX y la dialéctica de los mismos con la legitimidad de los procesos políticos —declaró el doctor en Ciencias Políticas Edelso Valero—. Entendió, como Fidel Castro, que la cultura era lo primero a salvar. Que la guerra que se nos hacía y se nos hace hoy es, sobre todo, cultural, desde un enemigo sutil, complejo y fuerte.
“Analizó sin prejuicios, olvidos, fantasmas, ni ocultamientos los procesos sociopolíticos en las dos repúblicas. Reconoció en ambas sus aportes y valores en la formación de un pensamiento crítico revolucionario hasta su madurez”.
Para Juan Eduardo Bernal Echemendía, Juanelo, vicepresidente primero de la organización en tierra espirituana y quien compartió más de una ocasión con Martínez Heredia, entre sus tantos valores está siempre el énfasis que le otorgó a la cubanía y a la fortaleza insular.
Mientras, que el doctor en Ciencias de la Educación Jorge Godofredo Silverio, presidente de la Cátedra Honorífica Estudios Sociales y Políticos Fernando Martínez Heredia, de la Universidad de Sancti Spíritus José Martí Pérez, reconoció la profunda humildad del recurrente autor de ensayos cuestionadores y analíticos, sobre todo al visibilizar las voces marginadas dentro de nuestra historia, quien en más de una ocasión compartió sus criterios con el Comandante en Jefe.
“Me contó en una ocasión que Fidel Castro lo mandaba a buscar junto a otros intelectuales de pensamiento crítico. Se pasaban horas debatiendo porque me aseguró que para vencerlo había que convencerlo. Pero que jamás impuso su palabra con fuerza, incluso cuando el análisis estaba centrado en contra de determinada realidad del país”.
El espacio La Cocuyera confirmó la necesidad de dialogar sobre personalidades y hechos que, por múltiples razones, no tienen el máximo valor en nuestra nación y que son sostenes sólidos en la construcción de nuestra sociedad.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus










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