Este14 de marzo Cuba ofrenda a una de las profesiones más apasionantes e ingratas que en el mundo han sido porque el de periodista es un oficio que se las trae, bombardeado por cuestionamientos de todos lados, pagos apenas simbólicos y exigencias prácticamente las 24 horas del día sobre neuronas estresadas y activas casi por inercia.
Porque la mayoría de los periodistas no vivimos en una burbuja, sino exactamente como usted o el vecino más modesto del barrio: con enésimas horas de apagón, a pie, con la despensa semivacía y en busca del lugar milagroso donde vendan un poco menos caro, desde el arroz hasta las viandas.
En medio de ese escenario, no podemos apagar ni por un minuto el chip reporteril, tenemos que andar a la viva detrás de la más variopinta noticia, los estados de opinión, sin dejar jamás de lado la sensibilidad humana y los dilemas éticos para ver qué decimos, hasta dónde decimos, cuánto podemos o no decir y a quién de por allá arriba o por aquí abajo—, le disgustará un enfoque, algún criterio o hasta cierto tema peliagudo abordado.
Ser periodista es agotador y desgastante, pero también hermoso y apasionante, más en una tierra como Sancti Spíritus, que ha sentado cátedra en Cuba por contar con medios de prensa muy profesionales y agenciosos a la hora del tratamiento tan responsable y respetuoso, como sagaz y creativo con la mayoría de los temas de la agenta pública.
Esta tierra ha parido reporteros brillantes, multipremiados en cuanto evento se convoca en Cuba, aplaudidos por los públicos y los jurados, con un profesionalismo envidiable y ese extra en materia de olfato e integralidad que cada tiempo ha exigido.
Para con las nuevas glorias no engavetar las memorias, vale recordar hoy la brillantez del periodismo cultural de Manuel Echevarría, el arte todoterreno de Rafael Daniel y la lucidez profesional para armar un periódico Escambray con Mayúsculas de Juan Antonio Borrego, por solo mencionar tres nombres de los colegas ya lamentablemente fallecidos, pero con una cátedra de enseñanzas desde sus respectivas obras para quien le interese entrar por los caminos de esta profesión.
Otros talentos que no pasan de moda —como el preciosismo de Alain Jiménez o la elegancia de Enrique Ojito conviven hoy en los medios con los multipremiados de esta jornada: la audacia grande y persistente de Elsa Ramos, la laboriosad incomparable de Lisandra Gómez, la gigante pequeñez de la cámara de Oscar Alfonso y la productividad creativas del perseguidor de noticias Yosdany Morejón.
Junto a tantas luces, más detrás del telón, decenas de reporteros y aprendices del oficio mantienen hoy vivos a los medios a fuerza de dejar la piel en el terreno todos los días y sacar la noticia debajo de la manga en estos tiempos duros, cuando las emisoras radiales, CentroVisión, Escambray y las agencias de noticias exprimen cada jornada la realidad del territorio.
No pocos dilemas enfrentan hoy los medios en su andar: desde los cortes de electricidad, que algunos ahora comienzan a sortear con paneles solares y otros salvan con unas pocas horas del grupo electrógeno; hasta la escasez de transporte para las coberturas o el atraso tecnológico.
Pero, sin dudas, lo que más lacera y pone en juego el futuro desempeño de la prensa en Sancti Spíritus actualmente es la falta de relevo porque casi ningún joven recién graduado hecha pie en tierra, ni siquiera por un quinquenio, en alguna de las redacciones de la provincia.
Porque el periodismo no es, ni más ni menos, que el latir de la sociedad misma, atraviesa sus mismas penas y glorias, renquea iguales angustias y se crece aguzando la línea del horizonte, mientras otea tiempos menos cruentos para todos.
Porque ser periodista no es cuestión de títulos ni superpoderes, es sobre todo cuestión de humanismo y ética, cuestión de olfato y sensibilidad, cuestión de resistencia y oficio, de pasión y entrega por lo que se hace cada día, cuando en la computadora aparece, nuevamente y como ahora mismo, otra página en blanco.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus













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