Pudo suspenderse y tener un año sabático, tal como aconseja la complejísima situación del país. Mas, la versión 65 de la Serie Nacional de Béisbol se reconfigura para hacerse presente en lo que pudiera considerarse otro evento.
Al menos acabó la incertidumbre de si se realizaba o no, lo que llevó a varios equipos a emprender y suspender en días su preparación cuando nada se había concretado.
Pero el torneo es una realidad, ajustado, por supuesto, a la variante competitiva que Cuba puede asumir en un contexto marcado por limitaciones materiales de todo tipo y que busca, más que todo, restringir la movilidad de los equipos ante el déficit crónico de combustible. De ahí que se adopte una variante que bien pudiera definirse como “semiburbuja”.
La fecha, del 4 de octubre al 22 de diciembre de este año, es lo único que rescata el calendario más auténtico que han tenido estos clásicos, ya que rehúye un poco el calor y la lluvia que en versiones anteriores han devenido rivales del juego.
La transformación más profunda se la aplicó al formato competitivo, en tanto cambia la tónica de los enfrentamientos para los equipos al eliminarse el todos contra todos que ponía en las mismas condiciones a los elencos, pues, como se verá, algunos grupos manifiestan un desbalance manifiesto en tal sentido.
Pero no hay de otra. O se da así y con poco más de la mitad de los partidos que se jugaron en los últimos tiempos o no se da. Además, no es la primera vez que la Serie Nacional se juega por zonas, entre las tantas estructuras que ha adoptado este evento.
La que se anunció es lo que más se parece a lo que podemos hacer, enfocado en concretarla, más que pensar detalles que, a fin de cuentas, con otras estructuras y hasta con una Liga Élite, no pudieron impedir que su equipo principal se quedara por primera vez sin medallas en unos Juegos Centroamericanos y del Caribe, como sucedió en la versión más reciente de Santo Domingo.
Retomemos lo que nos ocupa. La Serie Nacional se partió en dos y se subdividió en cuatro, al concebir dos zonas y cuatro grupos en su fase clasificatoria, pactada a 44 encuentros para cada conjunto.
Así, competirán la zona occidental con las llaves A (Pinar del Río, La Isla, Artemisa e Industriales) y B (Matanzas, Mayabeque, Villa Clara y Cienfuegos); y la oriental C (Sancti Spíritus, Ciego de Ávila, Camagüey y Las Tunas) y D (Granma, Holguín, Santiago de Cuba y Guantánamo), algo similar a lo que se ha aplicado en los campeonatos nacionales de las categorías inferiores.
Veinticuatro juegos serán con los equipos del mismo grupo a razón de dos vueltas, o sea, ocho partidos con cada uno, en los que se invierte la condición de visitador y home club. Los 20 restantes se desarrollarán con los elencos de la otra llave de la zona, es decir, cinco partidos con cada uno. Tal como anunció la Comisión Nacional de Béisbol, “las subseries contra los elencos del mismo grupo serán con un día de traslado y en los enfrentamientos ante los rivales del otro segmento de la zona se efectuarán con una fecha de descanso intermedio”.
Sobre las posibilidades de los Gallos, en un grupo y zona donde están el multicampeón nacional Las Tunas y otros buenos elencos, hablamos después. Entremos en zona de play off que introducen otra escisión inédita.
Cuando concluya la fase preliminar, se ordenará la tabla de posiciones por zona y los cuatro primeros en ganados y perdidos avanzarán a la llamada postemporada.
Y aquí es donde el béisbol se pondrá el traje del softbol con su conocido sistema page, aunque con más encuentros. Primero, chocarán entre sí los ocupantes de los dos primeros lugares. El que gane “se siembra” en la final y el perdedor esperará por el que gane en el duelo entre el tercero y el cuarto. En todos los casos, serán un mini play off de tres partidos a ganar dos en la sede del elenco que mejor ubicado quede.
Luego de estas porfías, los triunfadores de cada zona se medirán por el título en siete partidos a ganar cuatro.
Vayamos al meollo del asunto. No es solo falta de combustible lo que obliga al país a reformatear el principal espectáculo sociocultural de la isla. Es falta de todo lo que se necesita para sostener un evento como este, y hablamos de alimentación, hospedaje, corriente eléctrica, finanzas….
Aun cuando el formato se asumió bajo la premisa de optimizar recursos, el torneo demandará una responsabilidad mayor —yo diría que casi total— de las autoridades provinciales para garantizar la logística que siempre demandará un evento de este tipo y esa necesidad puede marcar diferencias en las atenciones a los equipos, pues se sabe que no todos los territorios cuentan con el mismo nivel de desarrollo ni posibilidades y no solo de voluntades vive el hombre, en un contexto en el que muchos lugares no hay ni para garantizar servicios vitales a los pobladores propios, incluidos los horarios de apagón, que no se aplican igual en todos los territorios.
En principio, a cada territorio le toca responder por los bates de la preparación y se ha dispuesto el hospedaje de un solo hotel y otras variantes que limiten el movimiento. ¡Ah!, pero un “ruido” se introdujo en el sistema. Aunque la Federación Cubana de Béisbol asume el gasto inicial en moneda dura para la compra del combustible, puso en pausa, algo que está por ver: se espera recuperarlo a través de los patrocinios, para ser reinvertido en la compra del propio combustible que garantice la continuidad del torneo.
Se sabe que en cuestiones de patrocinio andamos en pañales. Y que lo más cerca que hemos tenido —o lo más lejos— es el sistema de padrinos, es decir, organismos que por entusiasmo propio o decisión gubernamental atienden a los equipos, sobre todo en garantía de alimentos, pero esa propuesta ni ha sido general ni ha funcionado igual en todas las provincias.
Pero el patrocinio es otra cosa bien distintita, donde, a grandes rasgos, el que paga, exige y condiciona y tiene que sentir el dinero contante y sonante en el bolsillo. Al menos así es el mundo, donde no se encuentran con solo mover una piedra. Entonces, visto así, la disponibilidad del combustible está a expensas de que aparezca algo que está en el aire. ¿Acaso la Federación considera que de aquí a octubre aparecerán 16 patrocinadores o más? Si tiene esa garantía, no hay problema porque, de lo contrario, la campaña 65 corre el riesgo de detenerse o de fracturarse aún más.
En fin, que los amantes que le quedan al béisbol tendrán que aplicar un cambio a su mentalidad para readaptarse a esta otra serie que impone cambios no solo en las estadísticas. Por su formato, se anuncia competitiva con la idea de las dos zonas; ahora, falta que se concrete.
Queda por ver cómo se resolverá lo de los incentivos y estímulos para garantizar la entrega pasional de los jugadores, sin los cuales no hay espectáculo posible.
Ojalá iluminen mejores luces en el país para que se resuelva su crisis de visibilidad, entre tantos apagones y problemas de conectividad, y pueda ser el alivio que se espera en medio de tanto estrés nacional.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus











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