Un ebanista que rinde culto a la madera (+fotos)

Las creaciones del artesano trinitario José Miguel Rodríguez Cadalso son obras trabajadas a mano con la pasión y el virtuosismo de un artista

Este abanico escogido para representar la creatividad de la ciudad es el más grande realizado por él y le llevó 26 meses y dos semanas. (Fotos: Ana Martha Panadés/Escambray)

Su taller, una extensión luminosa de su hogar, huele a cera, a barniz natural y a ese aroma húmedo y dulzón de la madera recién cepillada. Es este el santuario de José Miguel Rodríguez Cadalso, un artesano que cultiva el oficio de la ebanistería en Trinidad.

En su banco de trabajo las herramientas antiguas conviven con algunas modernas, pero el alma del proceso sigue siendo la misma: formones afilados como navajas, gubias que prolongan sus dedos y cepillos que dejan superficies más suaves que la seda

 La elegancia no resulta un adorno en las piezas del artista; es su esencia. Sus manos logran la proporción perfecta, la curva que nace y se acomoda con sutileza, la junta, que de tan fina parece un beso entre dos maderas… Ellas abren la puerta a lo que el árbol quiere ser.

José Miguel encuentra la inspiración en motivos arquitectónicos de su ciudad; por ello, sus piezas poseen un sello único reconocido en la más reciente edición de la Feria Internacional de Artesanía, (FIART) 2025 con el Premio por la Obra de la Vida, que distinguió la excelente factura del trabajo artesanal con las maderas caladas y el rescate de objetos tradicionales en sus funciones decorativas.

El ebanista muestra un antiguo instrumento para trabajar la madera.

“A los 42 años no me esperaba el premio”, asegura todavía emocionado este hombre que descifra el idioma secreto de la madera y lo convierte en belleza tangible. Cada veta cuenta una historia y cada nudo, una cicatriz de vida para honrar, no esconder. 

En la Escuela de Oficios de Restauración Fernando Aguado Rico realizó, como carpintero, los primeros trabajos con este noble material. Recién egresado, con apenas 17 años, le propusieron restaurar los altares de la Iglesia Santísima Trinidad.

 Un encargo demasiado grande, pensaron algunos. Mas, el joven imberbe no se intimidó por tamaño desafío. Humildad y paciencia fue el primero. Y han sido precisamente estos sus escudos para encontrar la inspiración que lo convirtió en artista.

“Recuperé muchas de las piezas que estaban perdidas. Y eso probó mis habilidades más allá de un simple carpintero; yo creo que recibí un don y he tratado de plasmarlo en las obras confeccionadas desde entonces”.

La confirmación de su talento como ebanista llegó en el año 2012 con el Premio por la Creatividad y la Excelencia de la Artesanía Cubana en un evento internacional en Pabexpo. El abanico y la cuna mecedora o moisés que llevó a la Habana asombraron por el derroche de creatividad que impregna a cada uno de sus diseños.

Otra idea comenzó a entusiasmarlo, confeccionar el abanico más grade de su creación.  Elaboró sus propias plantillas en las que combina elementos de la arquitectura de la ciudad, detalles religiosos y hasta de su inspiración personal. Preparar cada pieza, conformar la talla, calarlo, darle la terminación… Todo un ejercicio de constancia y virtuosismo.

Su casa situada en la calle Cristo en el Centro Histórico de Trinidad es otro museo en la ciudad.

“Recreo los motivos del balcón del Museo de Arqueología, decoraciones de pinturas murales, representación del tejido en fibra, elementos de hierro fundido y adornos florales seleccionados del Altar Mayor de la iglesia.

“Son cerca de 5 500 agujeros en todos sus pliegues. Es la pieza que más tiempo me ha tomado, 26 meses y dos semanas. Y aunque pesa más de ocho libras, se puede abrir y cerrar como un abanico original”.

Resultó precisamente esa obra la pieza representativa de la creatividad trinitaria, la cual aparece en el reconocimiento otorgado por la Unesco a la ciudad el 31 de octubre de 2019. No pudo imaginar que la idea que nació de su fortuito encuentro con un antiguo abanico de metal sería su sello por excelencia.

Colgado en una de las paredes del hogar, el abanico se muestra en todo su esplendor. “Han intentado comprarlo varias veces, pero no podría venderlo. Ya no es solo mío, es un patrimonio de la ciudad y un legado que le dejo. Quiero que mi casa sea un museo más”.

Candelabros, costureros, mesas esquineras, crucifijos, relojes de madera, joyeros y jaulas pajareras conforman una amplia familia de piezas que rozan la perfección. Cada uno de sus detalles suman belleza e identidad.

José Miguel es también un coleccionista empedernido de piezas de hierro fundido y de cerámica.

Clavos, bisagras, instrumentos de trabajo, argollas, tejas criollas, vasijas de cerámica, columnas de madera, balaustradas… todo tiene un lugar en este santuario al arte y la tradición que José Miguel ha construido con inteligencia y pasión.

“Todos estos hallazgos cuentan parte de la historia de la localidad y los muestro con tremendo orgullo. Desde niño colecciono piezas; unas las he buscado, otras las he encontrado y algunas he tenido que esperar a que el tiempo las ponga en mis manos, pero están aquí y son parte de mis tesoros.

“No están en una vitrina; las personas las pueden tocar y conocer la historia de Trinidad, sentir el sonido de la época… es como un viaje al pasado”. 

El respeto que José Miguel siente por la madera, su exquisitez y destreza hacen nacer de sus manos obras de arte.

“Si la fuerzas, se tuerce. Hay que persuadirla, entender su fibra, su carácter. A veces una pieza te pide cambiar el diseño inicial. Y hay que tener la humildad de obedecer, confiesa frente a una preciosa lámpara pajarera que también se alzó con el premio al mejor producto en el evento artesanal”.

Abanicos de deslumbrante belleza son confeccionados por este artesano trinitario.

 El oficio lo ha tallado a él tanto como él talla la madera: lo ha hecho paciente, observador, humilde ante la materia viva. Suvida está entrelazada con los anillos de los materiales nobles locales que llegan a sus manos y renacen en piezas únicas.

Comenzó siendo un adolescente que admiraba la transformación de la madera. Hoy es un hombre que comprende que la verdadera transformación, la más bella, ocurrió dentro de sí mismo, pulida por los años, ensamblada con maestría y elegancia, hasta construir una vida entera, que, como sus creaciones, está hecha para perdurar.

Ana Martha Panadés

Texto de Ana Martha Panadés
Reportera de Escambray. Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas sociales.

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