La matanza de Chorrera

Así era Bienvenido Pardillo a los 22 años. Hace 50 años bandidos contrarrevolucionarios asesinaron a jóvenes que trabajaban en proyectos de desarrollo hidráulico en la zona sur espirituana.

Temprano en la mañana del primero de septiembre de 1962, un vaquero de una de las fincas ubicadas en las riberas del río Zaza, al sur de Sancti Spíritus, vio a un perro escarbar con afán inusual en un lugar donde sobrevolaban las auras.

Intrigado, el hombre se acercó y sintió un fuerte mal olor; luego vio al can sacar un zapato y ya no albergó ninguna duda. A poco estaba dando cuenta a las autoridades de su macabro hallazgo.

UNA VISIÓN ESPELUZNANTE

Ver aquellos restos amontonados y en aquel estado fue algo terrible, señala Jorge Delgado. (foto: Vicente Brito)El teniente coronel (r) Jorge Delgado Martínez era entonces auxiliar de la recién creada Seguridad del Estado en la villa del Yayabo; al cabo de medio siglo, refiere: “En la oficina se recibió el aviso de que un campesino que trabajaba en la zona de Chorrera había encontrado un presunto enterramiento ilegal. Yo participé en la misión de ir a sacar los cadáveres.

“Recuerdo que también fueron mis compañeros Jorge Sánchez Jiménez y Reinerio Garrido Domínguez -ambos ya fallecidos- y que llevamos con nosotros al médico forense Jiménez Galiano y a un sepulturero al que le decían ‘El Cojo’.

“Procedimos con picos y palas a sacar los restos, los que se encontraban en completo estado de putrefacción. Estaban enterrados en una fosa común cuatro cuerpos mezclados, uno encima del otro. Aquello fue algo terriblemente duro para nosotros”.

PRECISIONES Y CERTIDUMBRES

Casi tres meses antes de este suceso se había perdido un grupo de trabajadores de Cartografía que laboraban en la zona y que, según se supo por medio de otros dos que lograron escapar, habían sido secuestrados por bandidos que operaban en esa comarca, donde tenían colaboradores.

La llamada comisión de estudio se dedicaba a investigar y a aportar los datos necesarios para hacer los proyectos con vistas a la ejecución de un amplio sistema de regadío en la zona, previo a los planes que llevarían a la construcción de la presa Zaza.

El grupo estaba dirigido por Luis Ruiz Salvador, agrimensor y maestro villaclareño, devenido topógrafo, y lo integraban, además, Nedel Turiño, Bienvenido Pardillo Quintero, Rodrigo Quintero Castro, José Luis Abreu Ruiz, Osmundo León, Venancio Pérez Martín y el cabaiguanense Antonio Díaz Febles (Curruco), quien manejaba el jeep en que se trasladaban.

TESTIMONIA OTRO PARTICIPANTE

Emérido Carballé: “Se registró esa zona durante semanas, sin resultado alguno”. Emérido Carballé Veloso -fallecido a poco de ofrecer este testimonio- era entonces jefe de Operaciones Públicas de la Seguridad del Estado en la Zona 4, que comprendía la antigua región de Sancti Spíritus. Él recordó:

“Conocimos del secuestro de los miembros de la Comisión de Estudios Topográficos, inicialmente por medio de los dos compañeros que lograron fugarse, y luego, a través de la policía, las milicias y gente revolucionaria de la zona.

“Ahí, en el hospital de Sancti Spíritus, comenzaron las conversaciones con Curruco y Venancio y se les tomó declaración para poder esclarecer el caso. Ellos informaron todo lo que conocían del hecho y, a tono con lo dicho, se registró el área durante semanas sin que se pudiera encontrar a los compañeros perdidos.

“Ya por entonces existía el Buró de Bandas de la Seguridad del Estado y los oficiales que tenían a su cargo esa zona eran Roberto Hernández y Saturnino Ramos (Pepín), ya fallecido. Estos compañeros empezaron de inmediato a operar el caso en coordinación con las milicias.

“Allí se interrogó a colaboradores de bandidos y se infiltró a agentes nuestros para tratar de hacer luz sobre este asunto, pero sin resultado alguno, hasta que se produjo el macabro hallazgo de Chorrera”.

VERSIÓN APROXIMADA DE LOS HECHOS

Por órdenes de Kennedy, la CIA y el Pentágono elaboraron a cuatro manos la Operación Mangosta. El 11 de junio de 1962, bajo las órdenes del cabecilla de bandidos Tomás San Gil, la banda de Maro Borges sorprende a los integrantes de la comisión de estudio y los captura en la finca El Chelito, de Honorio Castañeda, cerca de Peralejo. Los bandidos despojan de la ropa a los prisioneros, los amarran de dos en dos y los distribuyen en dos grupos de cuatro en la manigua.

Luego se mueven con ellos hasta la finca Chorrera, en Cayo Yero, y allí matan a golpes a Bienvenido Pardillo, Rodrigo Quintero, Luis Ruiz Salvador y José Luis Abreu, un oriental cuya familia no pudo ser localizada.

La noche del 13 de junio logran escaparse Antonio Díaz Febles (Curruco) y Venancio Pérez Martín, integrantes del segundo grupo,

quienes al amanecer del 14 serían rescatados en distintos lugares próximos al río Zaza y trasladados al hospital de Sancti Spíritus, donde el primero estaría ingresado cerca de dos meses debido a las hincaduras y lesiones recibidas en las piernas y en los pies durante la huida.

Todo parece indicar que individuos opuestos al proceso revolucionario instigaron o convinieron con los bandidos este asesinato múltiple.

EN ARAS DE LA VERDAD HISTÓRICA

Durante muchos años permaneció en el misterio la suerte corrida por los dos miembros restantes de la comisión de estudio; es decir, Nedel Turiño y Osmundo León, y hasta se difundieron diferentes versiones acerca del destino de ellos.

De acuerdo con el testimonio ofrecido al historiador Mario Luis López Isla* por el teniente coronel (r) Juan Delgado, investigador histórico del MININT, una de esas versiones señala que años después los restos de Osmundo y de Nedel habían aparecido durante una excavación en un préstamo de la Presa Zaza, lo que no se corresponde con la realidad. La otra indica que uno de los dos se incorporó a las bandas de alzados contrarrevolucionarios.

Testimonia Juan Delgado: “En un documento ocupado a los bandidos y con fecha del primero de octubre de 1962, que coincide en tiempo con los días del secuestro, aparece que Osmundo León Guerra se alzó contra el Gobierno el 15 de junio de 1962. Osmundo alcanzó los grados de sargento en la contrarrevolución (…) y fue reportado como alzado muerto en combate, junto a Tomás San Gil, el 28 de febrero de 1963, en Sumidero”.

Por su parte, Jorge Guardarrama, mayor retirado del Ministerio del Interior, precisó a López Isla que, en declaraciones tomadas a miembros de la banda de Maro Borges, detenidos mediante la Operación Trasbordo que organizó Alberto Delgado, se define sin margen a error la culpabilidad de León, conocido también por el apodo de Cascarita.

Sobre el destino final del otro miembro de la comisión de estudio, Nedel Turiño, no consta información alguna.

EL TRIBUTO DE UN PUEBLO

El sepelio de estos cuatro mártires clasifica entre los más grandes que se han visto en la villa del Yayabo. Los restos de los cuatro cuerpos habían sido reunidos en una gran caja metálica sellada y así fueron velados. Se les tributaron honores militares y les rindieron guardias de honor los dirigentes provinciales de las ORI (Organizaciones Revolucionarias Integradas), encabezados por Arnaldo Milián Castro y René Anillo Capote.

Carlos Rafael Rodríguez, veterano combatiente comunista y brillante economista, quien presidía por entonces el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), tuvo a su cargo la despedida del duelo. Rodríguez expresó entre otras cosas:

“Denunciamos ante Cuba y América, ante el mundo entero, la naturaleza monstruosa y sanguinaria de los que se oponen al avance del socialismo en nuestra tierra (…) Cada muerte revolucionaria es respondida con obras de la Revolución. Nuestros muertos viven en nuestras fábricas, en la devoción de nuestro pueblo. No hay dimensión para este crimen, ni tamaño comparable a la cobardía de quienes lo cometieron”.

*Los testimonios del teniente coronel (r) Juan Delgado y del mayor (r) Jorge Guardarrama aparecen recogidos en el libro En los talones del enemigo. Memorias de la LCB, del escritor Mario Luis López Isla (Ediciones Luminaria, 2005).

One comment

  1. Considero que el artículo muestra un trabajo periodístico de nuestras luchas bastante esclarecedor hasta ese momento, yo no poseo ningún elemento, considero que este trabajo aún es incompleto, pienso que se debe trabajar y buscar información con la familia que quede de Nedel Turiño y sacar otro trabajo en relación al caso que esclafrezca bien su situación; seguir investigando hasta esclarecer, alguien debe conocer el final de esta historia

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