Maíz híbrido transgénico cubano: Un caballo de carrera (+fotos, video e infografía)

El Primer Taller Nacional sobre la producción de cultivos biotecnológicos de maíz y soya en Cuba reconoció el desempeño de campesinos, empresas e instituciones espirituanas en la extensión de este logro científico en la provincia

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En Jarahueca los rendimientos del maíz se quintuplicaron con esta variedad híbrida transgénica. (Foto: Cortesía CIGB)

Allá en Punta de Diamante Félix Álvarez se lleva la mano a su sombrero blanco Stetson antes de responder. Un guajiro como él, que ha visto pasar ante sus ojos tantos sembradíos, no va a empeñar su curtida palabra en balde. Con una naturalidad envidiable, sin inmutarse ante las cámaras del documental que recoge la incipiente historia del maíz híbrido transgénico (MHT) en Sancti Spíritus, la respuesta no deja margen a las dudas.

“Este es incomparable con cualquier otro maíz. Llevamos mucho tiempo con el problema de la plaga de la Palomilla y cada día se hace más difícil su control. Ahora no hemos visto una, la planta es fuerte, con desarrollo. Eso es lo que hacía falta en estos momentos”.

El rendimiento cosechado en su maizal habla por sí solo: 6.20 toneladas por hectárea, el más alto registrado en la provincia durante esta suerte de experimento a cielo abierto, donde se llevó por primera vez a grandes extensiones de tierra una semilla de esta gramínea híbrida transgénica made in Cuba.

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Los maizales cosechados en Jarahueca este 2020 produjeron más de 1630 toneladas. (Foto: Cortesía CIGB)

ENSAYO EN CALIENTE

Todo comenzó en el lejano laboratorio del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de La Habana, donde luego de largos años de investigación se obtuvo esta simiente, con un altísimo rendimiento potencial en condiciones ideales de cultivo y resistencia a la Palomilla —principal plaga que afecta a los maizales en la isla—, así como a un herbicida, con lo cual se evitan los enyerbamientos.

Pero una cosa se escribe desde la perfección del laboratorio y otra bien distinta se cultiva en el campo cubano, donde se produce a gran escala y sin las condiciones óptimas: por ejemplo, aquí siembran anualmente alrededor de 20 000 hectáreas de maíz con variedades tradicionales y, aunque algunos productores recogen buenas cosechas, el rendimiento medio histórico no alcanza siquiera una tonelada por hectárea.

El ensayo en caliente con el maíz híbrido transgénico lo lidera aquí el CIGB espirituano y se ha desplegado sobre todo en la zona de Jarahueca, en Yaguajay, entre los campesinos de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Juan Darias, aunque también involucra a otras entidades del territorio y a un puñado de productores de referencia de Cabaiguán, quienes obtuvieron los mejores rendimientos.

“La línea fundamental de nosotros son los granos. Este proyecto con el CIGB comenzó con la encomienda a dos campesinos de producir la semilla y luego se incorporaron otros. Esa parte es complicada porque hay que degaviar (quitar la flor, la espiga) para la polinización y hubo que capacitar a los trabajadores. Luego nuestra semilla se utilizó para sembrar más de 540 hectáreas”, detalla Aldo Fortaín, un educador devenido presidente de esta cooperativa.

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La fortaleza de la planta y la calidad del grano saltan a la vista. (Foto: Cortesía CIGB)

¿Cómo valora el resultado de la cosecha?, ¿aprecia alguna desventaja en este híbrido transgénico?

“Fue alentadora y estimulante. Figúrese que los rendimientos históricos nuestros son de apenas 0.6 o 0.7 toneladas por hectárea. Este maíz tiene un potencial productivo extraordinario. En la cosecha logramos 690 toneladas, un récord histórico aquí. Duplicamos en una sola campaña la producción total alcanzada por la cooperativa en las dos anteriores. Si tiene desventajas yo no se las veo”.

¿Qué destinos se incluyen en su comercialización?

“Para alimento animal. Este año se comercializó con Porcino, pero la idea futura es cerrar el ciclo aquí. Nosotros tenemos en la cooperativa 14 000 cerdos y su alimentación es un problema”.

En el secadero de granos de Iguará, donde se benefició la cosecha, elogian el tamaño de la almendra, la baja humedad promedio, la escasez de impurezas y en general la calidad de este maíz, que consideran superior a todas las otras variedades. Por su parte, Sanidad Vegetal también pondera sus virtudes como cultivo amigable con el medio ambiente.   

NECESIDAD OBLIGA

Parte de la comunidad científica nacional defiende el cultivo de productos orgánicos, un enfoque ambientalmente sostenible y la preservación del maíz tradicional entre los campesinos cubanos, pero solo en el quinquenio 2014-2018 Cuba gastó más de 1 045 millones de dólares en la importación de este alimento y la productividad de las hectáreas sembradas en la isla resultó ínfima.

A partir de la existencia en Cuba de un marco legal que respalda el uso de los organismos genéticamente modificados y de la creación por el CIGB de una auténtica semilla transgénica cubana, la ciencia otra vez abrió los caminos para contribuir a ese salto con garrocha que la nación precisa en la producción de alimentos.

Los resultados de este aporte ya se cosechan halagüeños además en Ciego de Ávila, Villa Clara y Matanzas, donde se alcanzaron mejores rendimientos que aquí. Para la próxima siembra de primavera se cubrirán 8 500 hectáreas en distintas geografías del país, donde se aspira cosechar 38 250 toneladas de este maíz.

“Sancti Spíritus fue el polígono de experimentación a gran escala. Para el año que viene se van a sembrar en la provincia 850 hectáreas. No estamos satisfechos con el rendimiento que logramos, algo más de 3 toneladas por hectárea. Alabamos la asimilación de la tecnología, el saber hacer de los campesinos, el salto cualitativo económico y productivo, pero tuvimos algunas brechas”, valora el doctor en Ciencias Enrique Rosendo Pérez, director del CIGB espirituano.

Y menciona que falló la certificación de la calidad en el momento de la selección de la semilla producida aquí, que la densidad de plantas por área quedó por debajo de lo ideal, hubo robos, pérdidas de cosecha, alguna inadecuada preparación de tierra, siembras tardías, disponibilidad a destiempo del paquete tecnológico, limitaciones de combustible, insuficiente maquinaria para enfrentar el pico de cosecha y atenciones culturales a desfasadas.

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Aldo Fortaín, presidente de la CCS Juan Darias, expuso la experiencia de sus campesinos en el Taller sobre la producción de cultivos biotecnológicos. (Foto: Samuel Reina)

¿Quiénes continuarán con el extensionismo de esta semilla nacional en el 2021?

“Este maíz es un caballo de carrera y un caballo de carrera no lo puede montar un jinete inexperto, tienen que dominar la agrotecnia, ahí está la calve para el éxito. Cualquiera se siente satisfecho con 3 toneladas por hectárea, pero esa no puede ser la meta. Se mantienen los campesinos de Jarahueca, se incorporan con más áreas los de Cabaiguán, la UBPC arrocera Las Nuevas, de La Sierpe, y Azcuba”. 

Durante buen tiempo la comunidad científica, los ecologistas y en general la opinión pública han debatido sobre los posibles efectos de los cultivos transgénicos sobre la salud humana, ¿qué opinión sostiene al respecto?

“Primero, hay que partir de la ética de los científicos cubanos que trabajan por el bien de la humanidad y donde haya el más mínimo riesgo para un ser humano no se apuesta por ese proyecto. Además, los eventos transgénicos que estamos introduciendo son reconocidos y estudiados por más de 20 años y no existe evidencia científica alguna que haya demostrado efectos adversos en los humanos.

“Se han hecho todos los estudios de toxicología correspondientes, estudios nutricionales, se otorgó la licencia para uso y consumo humano por el órgano regulador del país, se tomaron en cuenta las estrictas licencias de seguridad biológica y la ley cubana para uso de organismos modificados genéticamente. Hoy la transgénesis es tan controlada como no han sido nunca antes otras formas de la genética clásica.

“Estamos hablando de la utilización de la ciencia en función de un bien común. El 25 por ciento de la población cubana vive en el campo y solo el 5 por ciento lo trabaja. Entonces, ¿cómo nos vamos a alimentar? Todo el maíz y la soya que entran al país son transgénicos. Nosotros estamos a favor del control, cada área que se está sembrando tiene una licencia de seguridad biológica dentro del marco regulatorio y legal de este país”.

¿Su criterio significa que usted está a favor del consumo de este maíz incluso para la alimentación humana?

“Estoy a favor, prefiero consumir 10 veces un cultivo transgénico que aquel donde se aplica un químico”.  Tanta ciencia estilizada solo mantiene defensores en Sancti Spíritus, entre ellos Reinel Tomé, uno de los iniciadores de este proyecto, quien dejó atrás los ariques que lo amarraban a la tradición: “El campesino que tiene cerebro busca la tecnología. En el transgénico no hay que guataquear, antes tenía 60 trabajadores en eso y ahora con unos pocos resuelvo. Me cuesta menos. Mi finca es experimental para poder sacar mis propias conclusiones”.      

 

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Este cultivo biotecnológico requiere mucho menos guataquea. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

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El Doctor Enrique Rosendo Pérez, director del CIGB espirituano, institución que lideró el extensionismo de este maíz aquí. (Foto: Cortesía del CIGB)

2 comentarios

  1. Robert Manuel Leyva Martínez

    Estimados lectores, les puedo asegurar que la solución al incremento en la producción de maíz no está en el uso de cultivos transgénicos, sino en un adecuado manejo de este que garantice en primer lugar, las densidades de plantas por hectáreas acorde a cada una de las variedades que se multipliquen, una adecuada fertilización y disponibilidad de agua en los momentos críticos del cultivo. Para el control de la famosa palomilla podemos utilizar el productor biológico bacillus thuringiensis, bacteria de cual se obtiene el gen que le incorpora al genoma del maíz transgénico. Las malezas se manejan desde una buena preparación de suelo con el tiempo entre labores necesaria para ir eliminando las difernetes camadas de postiras cuando comienzan a emerger.
    Que se utiliza menos químicos? «Mentira» el control de malezas se hace a base del uso del glifosato, herbicida que ha generado múltiples problemas a la salud humana en diversas partes del mundo, ademas de generarce supermalezas que son resistentes a este producto químico y obliga a utilizar otras variantes.
    Por favor es necesario documentarnos al respecto y recuerden que vales más un gramo de prevención que una tonelada de lamentaciones.

    • Todo lo que menciona aporta a obtener buenos rendimientos. Pero debería informarse mejor, si usa menos químicos que los maices convencionales, en este maíz no se adiciona ningún producto químico o biológico para el control de la palomilla. Pregunte cuantas veces aplican productos para la palomilla en nuestro país aquellos que obtienen buenos rendimientos, sobre todo en grandes extensiones que es el objetivo de este maíz. Puede utilizar una única aplicación de herbicidas, a diferencia de otros maices convencionales. Por cierto, este maíz no es resistente a glifosato por tanto recomiendo que no lo use. Es tolerante a herbicidas basados en glufosinato de amonio, nada que ver con el glifosato. Creo que le vale mucho su propia recomendación.

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