El crimen del Cabildo

La muerte  del regidor popular Hernán López a manos de Vasco Porcallo conmocionó a la villa espirituana a solo seis años de su fundación.   Sancti Spíritus, entonces un misérrimo villorrio de unas escasas decenas de vecinos, ni siquiera se había mudado de su asiento original — ¿en Pueblo Viejo?—

Vasco-Porcallo1La muerte  del regidor popular Hernán López a manos de Vasco Porcallo conmocionó a la villa espirituana a solo seis años de su fundación.

 

Sancti Spíritus, entonces un misérrimo villorrio de unas escasas decenas de vecinos, ni siquiera se había mudado de su asiento original — ¿en Pueblo Viejo?— para las orillas del Yayabo cuando se hizo escenario forzado de un hecho atroz de sangre ejecutado por el controvertido capitán Vasco Porcallo de Figueroa y de la Cerda.

Casi cinco siglos de por medio, la versión que ha llegado hasta nuestros días resume el suceso como la muerte violenta del alcalde de designación popular Hernán López a manos de Porcallo, por negarse a acatar la voluntad del rey de España, Carlos I, quien había investido a Jorge Velázquez, hermano del Adelantado Don Diego Velázquez —con asiento en Santiago de Cuba— regidor oficial de la incipiente villa.

La historia, a pesar del tiempo transcurrido y los pocos testigos, ha llegado hasta hoy con ribetes de mayúsculo escándalo.

REALMENTE, ¿QUIÉN ERA PORCALLO?

Vasco Porcallo de Figueroa y de la Cerda procedía de antiguo y noble linaje que tuvo su origen en Portugal, de donde pasó a España en la primera mitad del siglo XV, donde fundó casa principal en la ciudad de Cáceres.

Concretamente, el Capitán Vasco Porcallo de Figueroa nació en Cáceres y sirvió en España y en Italia, pasó después a La Española en unión de Fray Nicolás de Ovando, también natural de Cáceres y Comendador de Lares en la Orden de Alcántara, que había sido designado para gobernar aquella isla, a la que llegaron el 15 de Abril de 1502.

Durante su estancia en la citada ínsula, el hidalgo ayudó a Ovando a pacificar las provincias de Higuey y de Jaragua, de lo que obtuvo cuantiosos repartimientos de tierras y de indios. Nueve años después marchó Porcallo con Diego Velázquez de Cuéllar a la pacificación de Cuba, se radicó en Trinidad, donde ejerció una autoridad ilimitada.

Desde aquí se mueve con otros patricios y participa en la fundación de otras villas, como Sancti Spíritus, Santa María del Puerto del Príncipe y San Juan de los Remedios.

Su historia personal, cuajada de excesos de todo tipo, lo presenta con calificativos de noble innoble, gran fornicador, pícaro redomado y señor feudal de horca y cuchillo. Lo cierto es que, según investigaciones genealógicas, Porcallo fue especialmente adicto de mujeres indígenas, con las cuales tuvo, si no la totalidad, sí la mayoría de sus siete hijos e hijas. Refiere la tradición que falleció en 1550 en la villa de Santa María del Puerto del Príncipe y que fue sepultado bajo el altar mayor de su parroquial.

VACÍO DE PODER

Todo hace suponer que por aquella época —año de 1520— cuando los navíos demoraban casi un año en su viaje de ida y vuelta entre Iberia y sus colonias americanas, la incomunicación era casi total, más aún en lugares situados tierra adentro, sin los beneficios que fue trayendo la civilización, por lo que las disposiciones reales tardaban demasiado en llegar y a veces en hacerse cumplir.

Súmese a lo anterior la carencia casi total de vías de comunicación y la naturaleza exuberante de la isla, por entonces cubierta de espesos bosques en más de las tres cuartas partes, con un intenso régimen de lluvias y frecuentes temporales.

Para colmo, el ordenamiento legal incipiente que España se había empeñado en instaurar en los nuevos dominios había quedado alicaído en las villas de la Santísima Trinidad y del Santo Espíritu, a raíz de las sucesivas expediciones de Fernández de Córdoba a Yucatán, en 1517, y de Hernán Cortés contra el imperio de los aztecas en 1518, al llevarse a mucha gente de oficios y, sobre todo, a la mayoría de los notables de estos dos poblados.

Según el historiador espirituano Félix Pérez Luna, al nombrar el rey don Carlos como regidor de la villa de Sancti Spíritus a Diego de Ovalle, y más tarde con el mismo cargo a Fernando de Medina, se topó la real designación con los tres regidores que la villa tenía y que habían sido elegidos por la voluntad de los vecinos tal cual establecían los fueros y las leyes vigentes entonces.

Como se dijo antes, cuando surge el impasse que da pie a los disturbios era alcalde de Sancti Spíritus Jorge Velázquez, ante quien debieron presentarse los regidores de real nombramiento Ovalle y Medina. Pero los vecinos sintieron lesionados sus derechos, por cuanto habían elegido a un nuevo alcalde llamado Hernán López, de manera que tal duplicidad de cargos, al ser impuestos los de designación oficial, burlaba la voluntad del pueblo.

Y ese pueblo en ciernes se negó de plano a aceptar otro regidor que no fuera López, por lo que estalló el conflicto. De la villa trinitaria partió entonces el capitán Vasco Porcallo de Figueroa con 20 hombres armados de espadas, lanzas y adargas, quienes hicieron juramento de obedecer sus órdenes. Apenas llegó —según posterior testimonio propio y de quienes le seguían— encontró “alboroto y escándalo” e intentó apaciguar a la comunidad.

Acompañaban a Porcallo individuos ilustres de esa villa como el doctor Hojeda, Juan de Grijalva, Antonio Sandoval Orellana, Diego Figueroa, Pedro Ordaz, Alonso Vázquez, Juan Rodríguez Isla, Francisco Bravo y otros cuyos nombres expresó luego el aludido no recordar, al deponer ante autoridad superior en Santiago de Cuba.

¿CRIMEN LEGAL?

Como refirió Pérez Luna en su Historia de Sancti Spíritus, el fundador de la villa de Remedios penetró en el interior del Cabildo y exigió violentamente a Hernán López que entregara su vara, símbolo de la jerarquía alcaldicia, mas este se negó y echó mano a su espada, pero no pudo usarla porque Porcallo le infirió cuatro mortales puñaladas en menos de lo que canta un gallo.

En medio del tumulto, uno de los antiguos regidores, Pedro Salazar, logró escapar transitoriamente al penetrar en un modesto templo católico y no querer sus perseguidores vulnerar el lugar de Dios. Pero tales consideraciones ético-religiosas no eran válidas para Porcallo, quien no solo entró al sagrado recinto para apresarle, sino que lo hirió a cuchilladas y luego hizo que le cortaran los cabellos y le golpearan para finalmente reducirle a prisión.

Acto seguido le fue restituida a Jorge Velázquez la vara símbolo de mando y se impuso prisión y cepo a los rebeldes, que Porcallo calificó de “comuneros”, sinónimo de sediciosos por aquel entonces en los dominios de la monarquía española. Como epílogo de este lamentable episodio, Vasco confiscó los bienes del muerto y los de Salazar y compañía, y condujo a estos a Santiago de Cuba para que el juez de residencia, licenciado Zuazo, ejerciera justicia.

Según el Conde San Juan de Jaruco —1948— en un artículo sobre el tema, el citado legista “desaprobó todo lo hecho por Vasco Porcallo, que se había erigido en dueño y señor de la comarca”. Su intención evidente, ya desde estos primeros tiempos de conquista y colonización, fue la de escarmentar a los vecinos para matar en ellos todo síntoma de espíritu independiente y democrático.

Pastor Guzmán

Texto de Pastor Guzmán
Fundador del periódico Escambray. Máster en Estudios Sociales. Especializado en temas históricos e internacionales.

6 comentarios

  1. Gracias, su artículo me ha dado más información sobre mi antepasado del que me siento muy orgullosa así como de las familias criollas de Camagüey de las que desciendo puesto que sin la Conquista, con sus luces y sombras, no estaría ahora escribiendo estas palabras.
    Saludo al pueblo cubano, a los cubanos expatriados y a los que realizan comentarios en los que el odio no distingue entre historia y política.
    Una vasco española francesa cubana portuguesa e italiana.

  2. Ysrael Coca Monteagudo

    Valioso el artículo y muy bien elaborado con esa galanura de quien ademas de historiador es periodista.
    Sobre el tema poco se escribe y no es menos cierto que poco se sabe. Con tanta necesidad que tenemos los espirituanos de conocer esos hechoa de tanta valía que son símbolos de esa cultura de resistencia que siempre ha caracterizado a los cubanos de esta villa.

    • Gracias, profesor, sus palabras me alientan a seguir por el camino de la investigación histórica. Hoy estoy profundizando en otros temas sobre los cuales me propongo escribir en fecha próxima. Le reitero mi amistad y consideración. Pastor

  3. MUY INTERESANTE no podemos menos que referir sobre el tema, este noble y linajudo espanhol de origen portugues, gran fornicador y hasta primer bandolero de la comarca de remedios en su epoca, fue un representante de los primeros nobles colonos de aquellas primeras oleadas de espanholes, el colega haciendo honor a la verdad debe haber tenido mal caracter, con apèllidos como PORCALLO Y DE LA CERDA mal caracter permanente tendria, a lo mejor contribuyo al sobrenombre de los hoy cabaiguanenses, imagino que unido al mal caracter nunca dejo de ser atraido por las bellezas naturales de nuestras nativas, viniendo de una europa demasiado vestida y habiendo llegado a unas playas eternas donde la escases de vestimenta llevaba las primitivas cubanas a exibir sus naturales hermosuras, todo lo que unido a un natural caracter de reproductor pocino lo llevo a tener numerosa prole descendiente de las nativas que le rodeaban….interesante tema, nos puede dar una idea de la catadura de aquellos primeros conquistadores……

  4. Disfrute mucho esta historia que desconocia completamente y que muestra ya a los espirituanso con apego a la democracia

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