Cuba, los elegibles y la Gran Carpa

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Yoelkis Cespedes, uno de los 34 peloteros liberados por la FCB. (Foto: Ricardo López Hevia)

La reciente revelación de la lista de peloteros cubanos que pudieran ser seleccionados para ingresar a las Grandes Ligas abre más de una interrogante entre los fanáticos de la isla

Otro paso, uno más —y ya eso es bastante para unas relaciones congeladas por casi 60 años— dio el histórico acuerdo entre la Federación Cubana de Béisbol y la MLB firmado a finales del 2018.

El anuncio de los primeros 34 elegibles de nuestro béisbol, entre quienes figura el espirituano Geisel Cepeda, da muestras de que el convenio se mueve. Es la primera luz después de darse por sentado que los cubanos pueden jugar, sin restricciones ni cuestionamientos, en Estados Unidos y sus filiales en América, algo que era una pesadilla hace años, mucho más por la vigencia del bloqueo norteamericano, hoy incluso más fuerte.

Y retomo varias de las ideas de un comentario anterior, publicado apenas se firmó el acuerdo. Puede que la medida evite el éxodo legal e ilegal, detrás de lo cual se esconden una y mil historias, algunas salidas a la luz por quienes no pudieron llegar a la Gran Carpa o fueron baja de ella. Puede que se limite el tráfico de personas, aunque lo de acabarse es otra cosa, porque aún quedan los que se han nacionalizado y siguen fuera del país pese al acuerdo.

Lo cierto es que ya se podrá jugar el mejor béisbol del mundo sin acogerse a otra nación y se podrá entrar por el aeropuerto de su propio país sin ser un extraño. Y ya eso es una señal del triunfo de la constancia y la postura de Cuba en no aceptar condicionamientos.

La ventaja mayor es para los jóvenes, que tendrán la oportunidad que no tuvieron sus antecesores, aun cuando nadie espere una andanada de contratos ni que los 34 elegibles entrarán la próxima temporada.

Primero, porque solo sabemos las informaciones del lado de acá y no las de allá y, segundo, porque no todos están aptos para satisfacer las demandas de un mercado súper exigente y competitivo, con ofertas de países latinos y caribeños que nos llevan un camino adelantado desde sus ligas y por donde, se presume, deban pasar primero nuestros jóvenes, pues no es práctica de las Grandes Ligas jugar con bisoños, como nos hemos visto obligados a hacer nosotros en las últimas temporadas.

Otra cuestión es si la otra parte solo se regirá por esta lista o si tendrá libertad de elegir a otros mediante los scouts que vendrán, pues ahí no figuran todos los talentos. Está por ver cuáles de los “peloteros intermedios” (de 27, 28 y más de 30 años) caen en la lista de septiembre, aunque las palabras del presidente de la Federación Cubana Higinio Vélez Carrión suenan esperanzadoras al pedirles a los atletas no incluidos ahora “que no se desesperen, pues existirán más posibilidades en el futuro”.

Habría que pensar en cláusulas que incluyan a técnicos y entrenadores y en otras que establezcan el cobro para Cuba de los premios en Clásicos Mundiales, Series del Caribe y hasta la pertenencia oficial a esta última.

De aquí a septiembre, cuando se espera sea el próximo paso concreto, hay varias disyuntivas a resolver. Una sería definir qué queremos en lo que es una contradicción: ¿reconquistar nuestros lugares cimeros internacionalmente o reforzar la calidad de la Serie Nacional? Habría que pensar en cambiar, para bien, el calendario de la campaña para su arrancada en noviembre, como siempre fue, para no chocar con el de las Ligas Mayores de marzo a noviembre. Lo otro. ¿A quién pertenecerá el pelotero? ¿A su equipo norteamericano que decidirá sobre su tiempo de juego y su vida porque le paga, o al cubano que lo querrá para que participe en la Nacional?  En eventos foráneos, ¿nos lo prestarán “un momentico” en medio de su Liga? En las Series del Caribe, los Clásicos Mundiales y las Olimpiadas se demuestra que los dueños de clubes deciden sobre sus atletas.

Este dilema sucede con los contratados de Japón. Todos saben que, incomunicación aparte entre estos y la dirección nacional del deporte, no actuaron de refuerzos en la última campaña —a excepción de Colás— sin que nadie explicara nada desde la oficialidad; solo quedó expreso el desafío público de Alfredo Despaigne, al que le dieron agua y pisón.

De todas formas, estar en la lista, o luchar por estar alguna vez, puede alimentar mayor entrega de nuestros peloteros, que tendrán un incentivo económico concreto y muy jugoso para rendir y también para que atisbos de indisciplinas tanto técnicas, tácticas como sociales se vayan gradualmente de nuestra pelota.

Está por informar la manera en que la Federación Cubana podrá cobrar su parte del contrato si hoy Estados Unidos no deja que su plata llegue hasta nuestro país. Ojalá ese paso no sea un problema y se pueda cobrar para que se reinvierta en la nación, en particular en el béisbol y el deporte.

De aquí a septiembre habrá tiempo para capacitarnos en tópicos legales, contractuales, representación jurídica, en lo que todavía andamos en pañales. El retardo actual en el contrato de Frederich Cepeda y Roel Santos con un club mexicano enseña que, aunque llevamos cinco años envueltos en ello, no hemos aprendido lo suficiente en un escenario donde ese proceso es lo más normal del mundo. Habrá que buscar asesoría con graduados de Derecho y Economía. Habrá que adaptar nuestras mentes para convivir con “millonarios legales”, en caso de que alguno sea contratado en la MLB.

Tendremos que maquillar nuestro discurso para no hablar dos idiomas. Quizás la transmisión de los partidos de la MLB no nos llegue dos o tres días después de haberse jugado, ni tampoco sea electiva para discriminar a equipos donde juegan peloteros que se fueron en los últimos tiempos.

Hay más. El acuerdo excluye a los que hoy juegan en Ligas Mayores, pero habrá que repensar su estatus en relación con el país. Es un secreto a voces que varios de esos peloteros que hoy son “prohibidos” envían donativos de implementos con los que se juegan a la vista de todos en varios equipos de la Serie Nacional… Entonces, ¿por qué el doble rasero, el doble discurso? ¿Seguiremos quitando sus fotos de los estadios, aunque sean campeones olímpicos? ¿Los excluiremos eternamente de las listas del Salón de la Fama, que aún es un fantasma? ¿Pueden ser elegibles para Clásicos Mundiales?

El acuerdo no resolverá de hoy para mañana los problemas de nuestra pelota, que tienen otras esencias, pero bravo por llegar. Ojalá sus pasos se agiganten, para bien.

4 comentarios

  1. ¡¡ Bravo !! ese es el verdadero periodismo Elsa. Alto y claro. Exitos

  2. De deporte entiendo bien poco, pero entiendo un poquito de las características de los gobiernos estadounidenses, sobre todo si de Cuba se trata. Me preocupa, éxitos del beisbol aparte, que este paso sirva para “cogernos por las bolas”, como dicen por ahí, sin faltar al respeto a nadie.
    Una vez dado el paso y con nefastas consecuencias encima, ¿qué va a pasar? en fin, me preocupa. El pago del dinero es una cosa, pero ese no es el único riesgo.

  3. Como siempre Elsa!!!!! Las verdades altas y claras.

    Tambien cabe preguntarse por que unos son “libres” y otros no? En que se basa el INDER para “liberar” a unos si y a otros no?

    Me parece que como es usual estamos haciendo las cosas mucho mas complicadas de lo que son. El proceso es sencillito, el INDER es el representante, los scouts vienen, observan y hacen ofertas por el jugador que le parezca.

    De hecho, ni creo que el INDER deberia ser el representante de todos los jugadores. Sencillamente dejemos que cada jugador tenga el representante que el parezca, hagamosle un contrato a cada jugador con su equipo provincial y pongamoles una tasa de transferencia.

    Cada jugador o su representante negocia con los equipos profesionales de las ligas que quiera. Si le conviene, y llegan a un acuerdo el equipo destino paga una tasa al equipo al que pertenece el jugador.

    Del dinero que recibe el equipo provincial, la comision nacional de beisbol toma una parte para distribuir nacionalmente y el equipo se queda con la otra para sus propios propositos.

    Asi funciona el mundo, asi estarian los equipos cubanos interesados en desarrollar el talento local, asi tendrian los equipos de nuestra liga nacional mas recursos y asi los jugadores estarian mas motivados a superarse.

    A estas alturas, queda claro que el unico rol que le queda a la Liga Nacional de Beisbol es servir de granja para los equipos de otras ligas profesionales.

    Los jugadores cubanos prefieren jugar donde sea antes que jugar en Cuba, basta con ver cuantos se fueron a jugar a la CanAm que es basicamente una liga de quinta categoria que paga una miseria a jugadores que no lograron llegar ni siquiera a la doble A. Y aun asi, los jugadores cubanos se iban jugar a la CanAm.

  4. Eres la periodista con mayor valor, gracias por tus comentarios

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