Crónicas de Arroyo Blanco: Un niño en el combate de Las Varas

Desde el alzamiento de Las Villas, en febrero de 1869, con trece años de edad, el adolescente Tello Sánchez Valdivia intentaba lograr su incorporación a las fuerzas insurrectas

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Con Tello Sánchez Valdivia tiene Sancti Spíritus otro General de las tres guerras.

Los Maceo Grajales del centro del país son los Sánchez Valdivia (…) por eso este poblado tiene un significado especial para la Historia de Cuba (…). René González Barrios, presidente del Instituto de Historia de Cuba, Arroyo Blanco, 28 de julio de 2018

Corren los tres años iniciales de nuestra primera guerra por la Independencia en el centro de la Isla, 1869, 1870, 1871… En esta región de Las Villas, dentro de ellas con más intensidad en Sancti Spíritus, se lucha con denuedo en las peores condiciones; los revolucionarios que combaten al colonialismo español en este territorio, comenzarán a sentir de manera directa y antes que los de las regiones orientales, el embate del ejército enemigo, que viene siendo reforzado desde Occidente. Para más, el establecimiento reciente por parte de España de una línea fortificada y fuertemente vigilada de costa a costa, la Trocha de Júcaro a Morón, está dejando atrapadas a las unidades rebeldes villareñas en la siguiente circunstancia: las fuerzas militares españolas que llegan con creces desde La Habana las van diezmando, desgastando, empujando contra el valladar de la Trocha, a sus espaldas. La conocida línea militar, aún en construcción por esos años, ha comenzado a cumplir su objetivo de impedir la reunión y el auxilio entre los combatientes de las tres regiones sublevadas: Oriente, Camagüey y Las Villas.

La precariedad de recursos de guerra aumenta por días en la manigua mambisa de la extensa jurisdicción espirituana. Se tornan sumamente duras las condiciones en las que esos hombres encaran su guerra por la independencia de Cuba: hambre, desnudez ante el frío y la lluvia, enfermedades mortales sin acceso a medicamentos, carencia de armas de fuego y municiones ante el acoso creciente del enemigo. Y si dura es esa manigua para rudos campesinos adultos, cada vez más harapientos, famélicos y desarmados, mucho más lo será para un niño.

Desde el alzamiento de Las Villas, en febrero de 1869, con trece años de edad en ese momento —había nacido el 22 de abril de 1856—, el adolescente TelloSánchez Valdivia intentaba lograr su incorporación a las fuerzas insurrectas. Por su corta edad, su hermano Serafín Sánchez no le ha permitido sumarse a su tropa. El muchacho debe buscar a otro jefe que le admita y no descansará hasta encontrarlo. A su casa, en las proximidades de Arroyo Blanco, no tiene vuelta atrás. Contra su familia toman represalia por la sublevación y el liderazgo cada vez más notorio de su hermano mayor, Serafín, y permanecen todos en extrema vigilancia.

En Tarja de bronce. Serafín Sánchez a través de su siglo, Gerardo Castellanos García deja registrada la situación de los Sánchez Valdivia en esos primeros tiempos de la luego llamada Guerra de los Diez Años. Allí aparece un dato que expone la gravedad de los acontecimientos, puesto que José Joaquín Sánchez ha sido condenado a muerte por un tribunal militar: “Un día de 1869, el Padre Benito Viladevall, enérgico, virtuoso e influyente, logra el indulto a José Joaquín horas antes de su ejecución”. El párroco de Arroyo Blanco ha salvado a última hora al padre de los sublevados Serafín y Tello Sánchez Valdiviade la ejecución de la pena capital, dictada por juicio militar sumario realizado por el ejército español como represalia por la subversión de sus dos hijos; obviamente, por su peligrosidad, sobre todo del hijo mayor. Y continúa su relato Castellanos: “Poco disfrutó (José Joaquín) de libertad, pues en 1870, con nuevos cargos, lo redujeron a prisión, con veintiséis vecinos más, entre ellos su hijo Plácido de 15 años. Tello, a los catorce años, se escapó a la manigua. Placido permaneció tres meses en la cárcel, y el padre debió ahora su libertad al coronel español Alejandro Rodríguez Arias”. La familia permanecía entonces, según Castellanos, en la finca de su propiedad y residencia, nombrada Cayo de la Estancia.

A pesar de enormes dificultades, las fuerzas cubanas libran acciones ejemplares durante 1870, con un arrojo de valentía extraordinaria. El impetuoso combate de Atollaosa es una de las más emblemáticas: 60 muertos del Batallón de Tarragona quedan abandonados en la huida de esta fuerza, ante lo que fue una vertiginosa y tremenda macheteada de un jefe mambí que ya comenzaba a ser legendario entre los villareños: el andaluz Diego Dorado, radicado y casado con la cubana Ángeles Bernal en Sancti Spíritus, carpintero de oficio antes del alzamiento de febrero de 1869, al cual se sumó de inmediato.   

Y fue ni más ni menos a esa tropa villareña del legendario jefe mambí, nacido en Cádiz, el Coronel Diego Dorado, fuerza aguerrida en Las Villas de 1870 como pocas, a la que logró sumarse el niño José Joaquín —lleva el nombre de su padre— Tello Sánchez. Según el Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba, antes del desenlace sangriento del combate de Las Varas, que pone final dramáticamente a la vida del impetuoso español, este hermano menor de Serafín acompaña a Dorado, entre otros, en los combates de Paso del Castaño y Santa Clara.  

Sobre su jefe, el Coronel Dorado y su combate final en Las Varas, nos dice Manuel Sanguily:  “…el día mismo que recibió del Gobierno su Diploma con el nombramiento de Jefe de la mencionada Brigada (Brigada de Sancti Spíritus) fue el último de su vida y la coronación de su gloriosa carrera. Era 5 de enero de 1871. Dorado esperaba en Las Varas —potrero situado a cuatro y medias leguas de Sancti Spíritus—  a una columna española que venía a atacarlo. El encuentro fue rudo y sangriento, y el heroico jefe, que ocupaba, según su costumbre, el lugar de mayor peligro, cuando todavía no se había cicatrizado por completo otra herida que en ella recibiera como un mes antes. Su escolta quiso retirarlo, aunque en vano. Insistió en seguir dirigiendo la acción, apoyado en un árbol, hasta que otra bala le hiere en la clavícula. De nuevo procuró su escolta sacarlo del campo de la acción, y de nuevo resolvió continuar en su puesto, y, al fin, cayó momentos después sin vida, atravesado el pecho del tercer balazo. Sus compañeros desolados enterraron aquel cuerpo acribillado, dentro de la montaña, en una sepultura hoy desconocida e ignorada”(Fondo Academia de la Historia de Cuba. Caja 304. Signatura 3771).

En Serafín Sánchez, un carácter al Servicio de Cuba, Luis Felipe del Moral expone la gravedad de ese momento para las fuerzas villareñas, la víspera del éxodo que en este 1871 ellas deberán realizar a las regiones orientales, para poder seguir combatiendo: “…y, para colmo de la desgracia, el magnífico Diego Dorado cae muerto de un balazo en la acción de Las Vara”.Resulta totalmente loable suponer la entereza y arrojo del joven combatiente villareño de catorce años, Tello Sánchez Valdivia, si el célebre Diego Dorado le ha permitido integrar sus tropas. Prácticamente después de la desgracia de Las Varas, el 5 de enero de 1871, la situación se ha hecho insostenible y comienza a producirse el cruce de la Trocha por los revolucionarios villareños, hacia Camagüey y luego Oriente. Así nos dice Del Moral de aquel episodio tan meritorio como poco divulgado, nombrado el éxodo de los villareños: “Aquella ‘hambrienta falange migratoria’, desarmada y ‘en traje primitivo la inmensa mayoría’, inició la marcha hacia Oriente”.

Mas el muy joven Tello Sánchez no cruza la Trocha, como tantos otros queda del lado occidental de la línea en espera del regreso de sus compañeros, asistidos de armas, pertrechos de guerra e integrados a nuevas unidades de combate. Una paz relativa vivirá a partir de entonces el territorio de Las Villas, entre 1872 y enero de 1875. Entre el 5 y el 6 de enero de ese año atraviesan la Trocha sus viejos compañeros de lucha; vuelven a incendiarse Las Villas; regresan los villareños a su región, en columna invasora con Máximo Gómez al frente. El entonces comandante Serafín Sánchez, al mando de un batallón de infantería, ha sido de los primeros en salvar el obstáculo de la línea fortificada enemiga.

Tello no había tenido calma para esperarles, se sumó antes a un grupo de valerosos villareños que había comenzado a combatir en solitario de este lado de la Trocha, capitaneados por José Antonio Legón. A la llegada de su hermano Serafín, queda él por primera vez bajo su mando. A partir de enero de 1875 se sumarán entonces a la hoja de servicio de José Joaquín, Tello, Sánchez Valdivia la participación en los grandes combates de los dos años siguientes en esta parte central de la Isla, al mando de su hermano mayor, a esas alturas el respetado teniente coronel Serafín Sánchez Valdivia, o del propio Máximo Gómez, entre muchos otros. Termina la Guerra Grande o de Los Diez Años a inicios de 1878; se reinicia en noviembre de 1879 —la llamada Guerra Chiquita—; recomienza definitivamente en 1895 y ahí permaneció entre los primeros al combate del colonialismo español aquel niño del combate de Las Varas. De modo que, con Tello Sánchez Valdivia, tiene Sancti Spíritus otro General de las tres guerras.  

Otros episodios de la vida de este General de nuestras guerras podrían ser rememorados en próximos trabajos. Lugar especial merece por sí misma precisamente La toma de Arroyo Blanco por el Ejército Libertador, realizada al final de todas las contiendas por la independencia de Cuba, en julio de 1898. De este modo registra su trayectoria el Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba: “General de Brigada. Nació en Arroyo Blanco, Sancti Spíritus, Las Villas, el 22.4.1856. Hermano del My Gral Serafín Sánchez. Combatiente de las tres guerras. En 1870, con 14 años de edad, se unió a su hermano Serafín en Sancti Spíritus; pero fue rechazado por su corta edad. No obstante, poco después se incorporó a las fuerzas del Cor Diego Dorado, a quien acompañó en los combates de Paso del Castaño, Santa Clara y Las Varas, en el último de los cuales cayó su jefe”.

El cementerio de la ciudad de Sancti Spíritus guarda sus restos, en una tumba próxima a la de su hermano, el Mayor General y prócer espirituano, Serafín Sánchez Valdivia. Pero la suya permanece sin inscripción alguna. En su lugar de origen permanecen sus descendientes. Andalia Sánchez Calderón, su nieta, aún nos da fe de la vida de su abuelo en el poblado de Arroyo Blanco. 

*Escritora e investigadora. Autora de los libros Arroyo Blanco, la ruta cubana de Churchill y Arroyo Blanco 1898: el otro final de la guerra de Cuba.

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