Me siento un guajiro moderno

Para Carlos Paz su primera producción discográfica Endémico, recientemente presentada en las plataformas digitales, resguarda sus raíces montunas

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Carlos Paz ganó la Beca Ignacio Villa, una de las más prestigiosas que otorga la Asociación Hermanos Saíz. (Foto: Tomada de su perfil de Facebook)

La primera vez que vio la torre-campanario de Manaca Iznaga le pareció inmensa. Tenía dos años de edad, cuando su familia plantó bandera bajo su sombra y su historia comenzó a gestarse entre los cañaverales, ruinas de barracones y guateques campesinos.

“Donde sonaba una lata, yo estaba ahí”, dice con nostalgia Carlos Paz, un joven cantautor que a fuerza de constancia viene inscribiéndose en el pentagrama musical de nuestro país.

“Era súper lindo porque aquellos hombres no tenían saberes musicales, pero lo hacían de forma muy perfilada, tras muchos años de fiestas. Soy guajiro y conservo todo aquello. Por eso es que me siento un guajiro moderno, tanto es go hasta que regreso a La Habana”.

Era la época en que el niño de cuna santaclareña estudió percusión en la Escuela Vocacional de Arte Olga Alonso, de Villa Clara, durante algunos años y luego apostó por la Escuela de Instructores de Arte Vladislav Volkov, de Sancti Spíritus, de donde egresó en su primera graduación.

“Dice mi mamá que no había un tema con el que no me moviera. Ya en la escuela me di cuenta que la percusión no me llenaba”.

Un vacío que solo se borró, cuando Carlos Paz con 17 años tatuó en un papel su primera canción.

“Empecé a leer mucho, sobre todo poesía. La primera en escucharlas era mi mamá, con quien siempre lloraba cuando terminaba de mostrárselas y quien me alentaba a presentárselas al público”.

“Tras culminar los estudios, me presenté como guitarrista suplente en el Septeto Manacanabo, una verdadera escuela, dirigida por Gradelio Pérez. Luego, en la ciudad de Trinidad me tendieron sus manos Pedrito González, el Dúo Cofradía y Carlitos Irarragorri”.

Fue la época en que anduvo escoltado con la guitarra o el tres, seduciendo recodos e instalaciones turísticas de la añeja villa trinitaria, junto a los cuartetos Ácana e Isla.

Mas, este mediador entre amigos —como suele identificarse al reconocer que su apellido Paz se le ciñe a su estatura—, sintió la necesidad de echar a volar. Nuevos horizontes musicales resultaron tentadores y hasta La Habana no detuvo sus ansias.

“El cambio fue radical. Dejé grupos, mis peñas, amigos, familia… Mi equipaje fue una guitarra y empecé de cero. Conocí la jungla de cemento”.

Un año difícil para Carlos Paz. Tanto es así, que depuso por ese período la composición hasta que los sueños fueron teniendo forma, colores y sonidos.

“Comencé a presentarme, poco a poco, en varios sitios y más tarde retomé la composición influenciado por la nueva realidad. En una de las presentaciones conocí al maestro Justo Aboy y me comentó que le gustaba mi trabajo. Me sugirió hacer algo juntos.  Así comenzamos a trabajar en las primeras canciones de Endémico sin saber que sería el disco”.

En el 2016, quien asume el timonel de la banda WorldMusic, Carlos Paz y Mestizo, gira su carrera hacia un rumbo más exacto. Gana la Beca Ignacio Villa, una de las más prestigiosas que otorga la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Justo ahí, siente con fuerza el olor a cascarón de su primera producción discográfica.

A tu juicio, ¿qué tiene Endémico, que artistas de la talla de Alain Pérez, David Torrens, el trío Los Embajadores… aceptaron acompañarte?

Tiene mucha naturalidad, tal y como soy y eso ayudó. El proceso fue largo, pero hecho con mucha sutileza. Hubo entrega y humildad. Fui a cada casa y les llevé en una memoria la música para que con tiempo la estudiaran y eso conectó. Más allá de la obra, creo que pesa mucho el ser humano que está detrás. Esto es, sin duda, un viaje musical lleno de amigos.

Ya Endémico le da la vuelta al mundo gracias a la presentación que en las plataformas digitales le hizo la Empresa de Grabaciones y Ediciones (Egrem), a los 10 temas de la autoría de Carlos Paz.

Un deleite por develarnos un recorrido por la historia musical desde el bolero, el son,  la canción y géneros foráneos como el funk, el blues y la música country.

Melodías que ya enamoran y seducirán a muchos más oídos, cuando suban a los escenarios habituales, donde este guajiro encanta cada noche a La Habana.

“Está previsto, cuando pase la COVID-19, los lanzamientos del CD en el Pabellón Cuba, en un sitio que proponga la Egrem y otro, donde yo gestione; y esa será de todas, todas, en Trinidad para tocar con mis amigos de allá. Va a ser una fiesta enorme y si me dan chance llego hasta Sancti Spíritus”, concluyó.

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