Thalía Pérez y Antonio Luis Felipe se despidieron con sentimientos encontrados de la institución educativa Valle Grande, de Jatibonico. En un lado de sus mochilas acomodaron la añoranza porque no volverán más como estudiantes a lo que nombran su segunda casa y, en el otro, muchas alegrías por haber crecido como seres humanos. Entre tantos saberes, aseguran que se llevan para el próximo curso en la Enseñanza Técnica y Prfesional los relacionados con la reducción de riesgos de desastres y resiliencia ante el cambio climático.
“Aquí se nos habló de qué hacer durante cada fase cuando hay un ciclón —explica el adolescente con estatura de adulto—. No solo para cumplir las medidas en las casas, sino en la escuela, donde hemos ayudado a los profesores a recoger árboles caídos cuando ha llovido con viento”.

Por su parte, Thalía insiste sobre lo peligrosa que resulta la propia ubicación de la institución educativa perteneciente a la Enseñanza Especial. Plantada con estructura de naves al borde de la Carretera Central que divide en dos a Jatibonico, obliga a estudiantes, docentes y familiares a caminar prácticamente sobre el propio pavimento para llegar. Asimismo, conoce de las tantas alertas realizadas desde el propio centro escolar sobre el mal estado de la cerca perimetral y la nula señalización para avisar a choferes que pasan de Oriente a Occidente y viceversa que en esa zona existe una instalación de este tipo.
No son aprendizajes legados por azar. Valle Grande forma parte de la lista de instituciones educativas espirituanas pertenecientes al proyecto que fortalece la resiliencia de escuelas y la participación de menores de edad en la mitigación de los efectos del cambio climático y en la gestión inclusiva de la reducción de riesgos de desastres en comunidades vulnerables a multirriesgo, iniciativa del Ministerio de Educación (Mined), con el acompañamiento del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
“Se implementa en alrededor de 40 instituciones de los municipios de Fomento, Jatibonico, Yaguajay y Sancti Spíritus —declara la máster en Ciencias Yumilia Hernández Cruz, metodóloga de la actividad científica en la Dirección General de Educación—. En el caso de la cabecera provincial, es en el Campamento de Pioneros Exploradores Paquito González y en el resto de los territorios sí son escuelas de los diferentes niveles educativos: primaria, secundaria, educación especial y un centro mixto.
“En cada lugar se realizó un diagnóstico y a partir de allí se han diseñado e implementado algunas acciones, a fin de erradicar los efectos adversos del cambio climático y desastres naturales, con enfoque educacional”.

PROTEGER MIENTRAS SE APRENDE
Las naves de Valle Grande se erigieron con el objetivo de ser un cuartel. Mas, en la década del 70 del pasado siglo, una urgencia nacional lo puso de cabeza y, en su interior, varias generaciones de espirituanos culminaron su sexto grado en la modalidad de concentrado.
“Para los primeros años de los 80, se decidió que pasara a la Enseñanza Especial —cuenta el máster en Ciencias Ignacio de Jesús Aquino Fernández, su director—. Desde entonces, puede acoger su capacidad total prevista para 250 estudiantes, tanto en régimen interno como seminterno”.
La también máster Olga Santana Hernández, con más de 20 años como subdirectora, ha sido testigo de cuánto amor se esparce en la formación integral del alumnado con necesidades educativas especiales. Por ello, considera como muy pertinente y necesario que el proyecto —el único en la escuela— plantara bandera en Jatibonico, testigo de uno los más grandes sustos en Cuba cuando de fenómenos meteorológicos se habla. En junio de 2002, el embalse Lebrije amenazó con “tragarse” ese terruño.
Municipios pertenecientes a Guantánamo y Holguín se suman a los espirituanos a fin de implementar las acciones para cumplir con el objetivo del Mined y la Unicef.
“Ha favorecido grandemente a los 204 alumnos de la matrícula con la que cerramos el curso 2025-2026. A través de las diferentes asignaturas, desarrollamos habilidades muy necesarias para que se inserten en la sociedad y que les permitan ser más independientes desde lo individual. Los formamos con conocimientos para enfrentar con responsabilidad desastres naturales”, reconoce.

La guía base de Valle Grande, máster en Ciencias Isaira Bárbara Ramos Victoria, inserta en sus clases términos relacionados con esa temática. Se auxilia de medios de enseñanza para que sean comprendidos con mayor facilidad.
“Damos salida curricular a la prevención de desastres naturales y el cambio climático en los primeros cursos, de forma general. Con los más grandes profundizamos. Insistimos en la realización de dibujos, composiciones y hasta concursos para estimularlos”.
No desaprovechan iniciativas. El claustro está consciente de que vive en un escenario donde los desastres naturales son cada vez más frecuentes y de mayor escala.
“Estamos muy contentos con el proyecto porque sabemos que nos beneficiamos con conocimientos pertinentes: claustro, alumnado y comunidad”, alega Aquino Fernández.
De acuerdo con Yumilia Hernández Cruz, aunque queda mucho camino por andar ya se cosechan algunos resultados en Sancti Spíritus, tras implementarse las acciones según las particularidades de cada institución.
“Hoy podemos hablar de profesionales mejor preparados en esos temas, un mayor número de pioneros en concursos que convocan esas temáticas y en los eventos de Pedagogía, que este mes de junio tienen lugar en la provincia, se han presentado ponencias relacionadas con esos tópicos”.

FUERA DE LAS AULAS
La comunidad jatiboniquense siente también las huellas de la educación resiliente. Se inserta en las acciones diseñadas en la institución educativa Valle Grande.
“Para toda la vecindad ha sido muy provechoso que la escuela esté en el proyecto —insiste Alfredo Dionisio Castillo, quien reside muy cerca del plantel—. No es noticia para nosotros que, gracias a la preparación de los excelentes docentes y directivos, los estudiantes nos visiten para comunicarnos qué hacer ante un ciclón o fuertes lluvias. Además, se han sumado a las acciones de recuperación, tras la ocurrencia de los fenómenos meteorológicos, fundamentalmente en la recuperación de materias primas, las cuales se reutilizan tanto por la propia comunidad como en la institución”.
En las manos de Isaira Bárbara Ramos Victoria han cobrado utilidad los materiales recopilados en la elaboración de medios de enseñanza que contribuyen en las enseñanzas de los nuevos aprendizajes.
CANTOS, DANZAS YDÉCIMAS QUE ABONAN CONOCIMIENTOS
Justo la nave que funge como comedor de Valle Grande sorprendió a este equipo de prensa con la exhibición de creaciones con sello propio. Dibujos, mural de riesgo, juguetes y uno de los tantos talleres artísticos que como apoyo se suma a la formación integral del alumnado “asaltaron” ese espacio.
“Es muy importante vincular el arte con el cuidado de la naturaleza y el medioambiente —opina el máster en Ciencias Sander Morgado Cabrera, profesor de la Enseñanza Artística en Sancti Spíritus, quien es reconocido por el alumnado y los docentes de la institución por sus frecuentes intercambios—. Aprenden de las particularidades de sus contextos, favorece el lenguaje. Los artistas tenemos el deber de acercarnos a la comunidad, a la Enseñanza Especial porque la educación musical es un derecho de todas las personas.
“En los talleres, en los que me ha acompañado mi colega de la Escuela de Arte Ernesto Lecuona Karen Dorta, vinculamos canciones infantiles, donde desarrollamos la expresión corporal desde el punto de vista locomotor y el significado de términos relacionados con el cambio climático. Realmente, estas iniciativas se disfrutan mucho porque vemos en los rostros de los niños la alegría”.
Se les han unido a esas propuestas —convertidas en verdaderas fiestas— proyectos de la Casa de Cultura María Montejo Pérez, de Jatibonico, y las sugerentes décimas de Leonel Gil Alemán, experimentado profesor de Valle Grande.
Mientras, al otro lado de la Carretera Central se obtienen saludables cosechas que se consumen en la propia institución y, también, se comparten con algunos vecinos. Bajo la guía de Abundio González, profesor de Técnica Básica Agropecuaria, se pone en práctica cómo hacer parir la tierra con abundancia y ajena a los químicos.
“A largo plazo nuestra aspiración es que exista una mayor percepción de riesgo en estudiantes, trabajadores y familia —resume la directiva Yumilia Hernández Cruz—. Precisamos que estén mejor preparados, que se profundice en la capacitación y que, en los contextos, donde están enclavadas las instituciones se incrementen, por ejemplo, la cobertura vegetal y los jardines, así como se reduzca la contaminación ambiental”.
Tales anhelos, poco a poco, germinan en la institución educativa Valle Grande, de Jatibonico, donde el alumnado, los docentes y las familias se convierten en agentes de cambio para proteger, cuidar sus entornos y construir comunidades más resilientes.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus













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