Artista mayor de escala menor (+fotos)

El espirituano Nelson Wuenselao García Pérez se ha consagrado entre los creadores cubanos que defiende el arte en pequeñas dimensiones

Nelson Wuenselao García Pérez comparte sus creaciones con quienes asombrados buscan detalles minuciosos en cada obra en los portales de la Casa de Cultura Osvaldo Mursulí, del municipio espirituano. (Fotos: Alien Fernández/Escambray)

Mientras las letras y números llegaban a la pizarra, Nelson Wuenselao García Pérez soltaba su mirada fuera de la ventana. El palmar, la arboleda, la guardarraya cercana… eran demasiado seductoras. Ante la imposibilidad de salir corriendo hasta allí por cumplir con los horarios escolares, traía todo lo que encontraba hasta él. La parte inferior de cada hoja de las libretas se volvía verdadero caballete.

“Unos cuantos cocotazos me dieron por estar, como me decían, pintando muñequitos”; así recuerda aquellos primeros encuentros con las artes visuales, desde la más pura inocencia de un guajirito ajeno a galerías y creadores.

Poco a poco, los trazos nacidos en cualquier espacio que encontraba se volvieron necesidad. Ajeno a las escasas academias de entonces, se refugió en los talleres de creación abiertos, tras el triunfo de la Revolución, para el Movimiento de Artistas Aficionados, primero en Cabaiguán y, luego, en la urbe del Yayabo.

“Aprendí mucho de Remberto Lamadrid y Mario Félix Bernal. Muchos compañeros me han aportado sus conocimientos para que pueda pintar, hacer arte”.

La ciudad de Sancti Spíritus es una de las musas más precisadas de Wuenselao.

Cada lección la aprovechó al máximo. Tanto así que, además de perfeccionar la técnica del dibujo, Nelson Wuenselao García Pérez figura en la discreta lista de los conquistadores espirituanos del grabado en la pasada década de los 80.

“Soy un artista que no descansa. He llevado a diferentes formatos lo que sueño, me inspira…”.

Y entre tantas creaciones, este hombre de 77 años capaz de superar los dolores y achaques que casi inmovilizan sus piernas, encontró una pasión: crear en pequeñas dimensiones, en ocasiones, para ser más exacta la definición, pequeñísimas.

“La primera obra hecha a una escala menor fue la imagen de Camilo Cienfuegos. Me sorprendí cuando la terminé. Luego, en la esquina de la libreta aparecieron Martí, el Che. Desde entonces, he defendido esa expresión de las artes visuales”.

Ni el más exacto francotirador, con vista de águila, es capaz de descifrar los trazos de sus obras sin ayuda de una lupa. Con tamaños que no superan los 10 centímetros, incluso la llamativa dimensión de 1.5 centímetros, se revelan ante los ojos curiosos que se sumergen en sus creaciones elementos que, aunque diminutos, regalan una visión universal de paisajes urbanos, rurales, personalidades de nuestra historia, nombres… Las piezas de Wuenselao —como se le conoce dentro y fuera de los perímetros de las artes— convidan a adentrarse en un mundo pequeño en dimensiones, pero inmenso en su valor artístico.

“No ha sido fácil para el Grupo Nacional de Miniaturistas que se nos reconozca porque por mucho tiempo se asumían nuestras piezas como artesanías. Pero la constancia y calidad de cada uno de los defensores de esta expresión han borrado eso del imaginario colectivo”.

Una verdadera injusticia. Basta con sumergirse en la historia universal para tropezar con miniaturas que datan de la Edad Media, sobre todo en manuscritos. Desde entonces, la pintura de pequeño formato es una síntesis de lo mínimo. Permite experimentar, derrochar la imaginación, desplegar colores que, en ocasiones, no se usan en creaciones de mayor escala. Son verdaderas esencias.

“Las inquietudes de José Ángel Naranjo, en Las Tunas; Nazario Salazar, en Camagüey, y yo acá, pudieran haber despertado el interés de otros muchos creadores que hoy defienden con mucha calidad el arte a menor escala”.

Esos nombres son familiares en tierra yayabera. No solo por las creaciones que llegan a través de titulares, sino porque han compartido sus obras en una cita única de su tipo en el país y que también le debe mucho a Nelson Wuenselao.

“El evento José Martí, la Ecología y las Artes es auspiciado por la filial espirituana de la Sociedad Cultural José Martí. Por ello, también tiene como impulsor imprescindible a Juan Eduardo Bernal Echemendía, Juanelo, presidente aquí de esa organización.

“No podía ser otro mejor el pretexto que el Apóstol, ese hombre que conocemos desde bien pequeños todos los cubanos, para reunirnos durante 19 ediciones cada mes de enero en Sancti Spíritus y honrarlo con obras de arte hechas por manos infantiles, jóvenes y adultas.

“Aquí hemos visto piezas nacidas en todas las técnicas y soportes. Ha habido derroche de talento, imaginación. Ya es un espacio necesario para la creación y el homenaje sincero”.

Fue por esa convicción que ni siquiera en este enero de 2026, a pesar de las complejidades del contexto, se flaqueó. No participaron tantas obras como en otras ocasiones y llegaron menos creadores presenciales, pero el salón con sus obras ganadoras se muestra en la sede de la propia filial espirituana de la Sociedad Cultural.

El arte en pequeñas dimensiones precisa de muchas horas de trabajo.

“Una de las grandes satisfacciones, tanto en el evento como cuando me encuentro a un artista joven, es que me digan que se estimularon al conocer las creaciones en un formato a menor escala”.

Enseñar, explicar, demostrar in situ resulta, prácticamente, una rutina diaria para Nelson Wuenselao García Pérez. Desde los portales de la Casa de Cultura Municipal Osvaldo Mursulí, donde planta una mesa con varias de sus obras, deja volar su imaginación en soportes tan sorprendentes como una cuchara, un grano de arroz, maíz, ajonjolí, piedras minúsculas… Se roba las miradas curiosas de muchos de los transeúntes de esa céntrica área de la añeja urbe yayabera.

“Llaman la atención realmente, sobre todo, la de los niños. Con sus preguntas aprovecho para motivarlos a crear, les hablo del evento dedicado a Martí, les comparto algunas técnicas”.

Si tuviera que escoger una de sus tantas creaciones a menor escala, ¿cuál sería?

 “Me quedo con todas —dice y deja escapar una carcajada que confirma su satisfacción como artista—. Pero, si me preguntas por la que me ha dado mucho trabajo, te menciono un pedido que me llegó de unos emigrantes chilenos residentes en Canadá. Quieren conservar un fragmento de su tierra. Ha sido complicado porque es crear y dejar las esencias de un contexto del que solo tengo referencias a través de imágenes, pero estoy seguro de que podré complacerlos. El arte no tiene tamaño porque siempre salva”.

Lisandra Gómez Guerra

Texto de Lisandra Gómez Guerra
Doctora en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus y corresponsal del periódico Juventud Rebelde. Especializada en temas culturales.

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