Los pasos se tornan fuertes y, a la vez, tiernos. El silencio lo rodea todo, cada milímetro del mármol de los pisos, de los nichos, del brillo infinito del acero de la estrella, de la luz interminable de la llama eterna.
Las manos moldeadas por el tiempo abrazan el gladiolo, los pequeños ojos fijos en el nicho coronado por el sombrero alón y la memoria, esa memoria, remueve cada instante del recuerdo de la vida de Camilo Cienfuegos, quien, más que su compañero de gestas, fuera su hermano de mil batallas.
El Mausoleo a los Mártires del Frente Norte de Las Villas, ubicado en Yaguajay, vive una vez más esta historia de honor, de homenaje.
Y en ella, Ramiro, el Comandante, con su impecable traje de guerrillero, de soldado, de agradecido, de comprometido, en ese honorable acto de amor y respeto por lo que ya no están físicamente, pero palpitan en la formación guerrillera, con el otro Comandante, el de la sonrisa franca, el sombrero alón, al frente.
Y, ahora, desandan juntos nuevos derroteros.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus


















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