Cuando en el año 2023, la céntrica calle Independencia Sur, de la añeja villa del Yayabo, se auscultó por los especialistas de la Oficina del Conservador de la ciudad patrimonial de Sancti Spíritus, una edificación encendió las alarmas de quienes le devolvían los colores a ese fragmento de la urbe.
“En ese momento, gracias al Plan de Rehabilitación Integral del Centro Histórico, trabajábamos, principalmente, en la reparación de las fachadas —explica Alaen Alberto Echemendía Zerquera, Director de Inversión y Desarrollo de la referida Oficina—. Pero la vivienda ubicada en Céspedes No. 167 Sur exigía de otras labores, debido a su grado alto de deterioro. Por tanto, decidimos incluirlo en el Plan de Recuperación del Fondo Edificado”.
A simple vista una veintena de vigas delataba que con la fuerza de un suspiro y dos aguaceros más se vendría abajo; una punzada directa a la historia espirituana por ser una edificación de la primera mitad del siglo XIX con pisos, carpintería, tirantes y rejas con elementos predominantemente originales.
“Es una construcción imponente y alberga una familia numerosa, de varias generaciones. Por tanto, intervenir ahí adquiría para nosotros otro valor: lo social”.
Procedimientos de un lado y de otro, sumas y restas en los fondos económicos y una petición formal de sus residentes a los máximos responsables del patrimonio fueron de las tantas acciones que propiciaron que, casi en la recta final del año 2025, finalmente la edificación comenzó, poco a poco, a mostrar cambios.
Este mismo medio se hizo eco de la buena noticia. Marta Cuba Mendoza, una de sus residentes, confesó entonces entre escombros que, aunque las labores exigían de reacomodos vitales, tenía la seguridad de que salvarían la casa, legada de una generación a otra.
“Pasados poco más de cinco meses, ya el inmueble se culminó. Estamos muy contentos con los resultados de la mipyme Construcciones Confort, la cual se contrató por la Oficina”.


ENTRE MADERAS, CEMENTO Y PINTURAS
Cuando María Antonieta Jiménez Margolles, Ñeñeca, Historiadora de la Ciudad, se refiere a la construcción de Céspedes No. 167 Sur, no deja de reconocer que recorrerla es releer el pasado espirituano. Alega que sus muchas transformaciones nos muestran características únicas y que no se encuentran en otra vivienda, como el tamaño de la pared pasada la sala y el patio muy pequeño.
Igualmente, apunta que, según reza la tradición, no corroborada documentalmente, residieron primeramente personas con fuerte arraigo religioso hasta que pasó a la familia Brunet Gómez. Lo confirma más de un comentario publicado en la red social Facebook, luego de que Escambray se hiciera eco de la intervención. Hija de la añoranza y del romanticismo, afloró en la memoria colectiva la imagen de dos ancianas de apellido Brunet sentadas en grandes sillones en la espaciosa sala con agujetas de tejer en las manos. De ahí que en media villa del Yayabo se nombre la edificación como Casa Brunet.
“Desencadenó los problemas estructurales, la falla en el sistema de evacuación de las aguas, a través de su canal longitudinal. La humedad constante laceró el repello y manchó el piso. Entonces, intervenimos toda la fachada que en forma de ele mira hacia Céspedes y el boquete de su lateral.
“Casi toda la vivienda es una primera crujía. En el interior, por tanto, se aprecia el cambio en la misma. Hasta este momento los planes de la Oficina no financian la reparación de los daños puertas adentro”, añade Echemendía Zerquera.

UN TESORO A SIMPLE VISTA
Por un buen tiempo, muchos ojos curiosos se detuvieron a su paso por la céntrica calle que une al conocido popularmente como Parque de Jesús y la calle Agramonte. Grandes andamios y el constante trasiego de materiales constructivos rompieron la rutina de la casa y sus alrededores.
“En la medida que se avanzó, aparecieron diferentes hallazgos de gran interés patrimonial. No contábamos con la información de que existieran pinturas murales en su fachada”.
También, Escambray visibilizó la novedad. Orlando Álvarez de la Paz, experimentado especialista del Gabinete de Arqueología Manuel Romero Falcó, expresó que entre los hallazgos los desvelaba una pintura mural en el alero. A su juicio, el diseño en esa parte de la fachada solo se ha encontrado en viviendas de la cuarta villa de Cuba.
Minuciosamente analizaron, además, el mural trazado con figuras como cuadros, rectángulos, rombos y círculos superpuestos unos sobre otros. En el interior de esos últimos aparecen motivos florales.
“Se trabajó en rescatarlos o, por lo menos, dejar huellas testigos que ahí aparecieron —añade el joven arquitecto Alaen Alberto—. Por tanto, se aprecian en el inmueble parchos en la pared con fragmentos de esa pintura mural. En el caso del alero, se decidió por parte del Consejo Técnico de la Oficina del Conservador de la Ciudad que íbamos a reinterpretar lo encontrado. Después de recuperado el alero, se procedió a hacer esa pintura y se dejaron unos tramos con lo que allí se encontró, es decir, con lo que se pudo rescatar del original, que se restauró un poco”.
Sin dudas, un verdadero regalo no solo a quienes residen en esa edificación, sino a la villa de 512 años. De color azul, blanco y terracota, la casa nos devuelve un fragmento de la historia espirituana, hoy con mucha más vida.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus















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