Cien puertas cerradas por mil justificaciones (+fotos y video)

La desacertada gestión de las labores constructivas, morosidad y chapucerías han agravado la salud del Museo de Arte Colonial, de Sancti Spíritus

Desde el 2019, el Museo de Arte Colonial permanece cerrado. (Fotos: Alien Fernández/ Escambray)

De lujosa vivienda a espacio donde se aglomeran objetos valiosos. De bullicio por visitantes a silencio ensordecedor. De opulencia constructiva a huellas de moho, pérdida de elementos que nos devuelven a siglos anteriores, plantas invasoras adheridas a sus paredes. De 100 puertas abiertas a cerrojos activos. Es una realidad que punza desde el 2019 en la edificación que se yergue elegante entre la Parroquial Mayor y el puente sobre el río Yayabo.

“Un museo cerrado es cualquier cosa menos un museo”, deja escapar como suspiro Martha Cuéllar Santiesteban cada vez que habla sobre el Museo de Arte Colonial.

Conoce como nadie a la institución primera de su tipo en el centro de Cuba, inaugurada el 10 de octubre de 1967. La hizo suya desde que cruzó su umbral en 1985 hasta que en 2024 firmó su jubilación.

“Esa decisión estuvo asociada a sus puertas cerradas. Pero sigue siendo mi lugar porque la quiero, me formó, me enseñó hasta el último día. Duele demasiado verla con ese grado de deterioro que se agiganta”, refiere quien entre tantas congratulaciones se ganó entre esas paredes el Reconocimiento Especial Mejor Museóloga a nivel de país, en 2021.

Pero, también experimentó sinsabores como sucede cuando se lidera un colectivo durante más de 25 años. Fue testigo de otras laceraciones en la casona construida a mediados del siglo XVIII. Incluso, con intervenciones profundas como la de 2011 cuando casi se vino abajo la lámpara de su sala principal. Mas, el cierre actual ―el más largo de su historia― se volvió la estocada final de su carrera profesional vinculada al patrimonio cultural.

“Ha habido una desacertada gestión a la hora de decidir qué hacer desde el punto vista constructivo porque durante todos estos años no se ha dejado de laborar en ese sentido. Ha habido chapucerías, demoras… todo bajo el argumento de problemas de presupuesto en la Dirección Municipal de Cultura de Sancti Spíritus. No es incierto. A nivel de país los hay. Pero, cuando empezó esta historia a ahora, los precios de los materiales a utilizar y afectaciones han aumentado considerablemente. Tuve responsabilidad porque era la directora. Llegó el momento que ya no tenía diálogo porque siempre existían justificaciones y aposté por mi derecho de jubilación”.

Un museo cerrado es cualquier cosa menos un museo.

EL INICIO DEL VÍA CRUCIS

Con la primera gotera en uno de los dormitorios se encendieron las alarmas. El incumplimiento de acciones de mantenimiento 15 días cada año por falta de recursos, presupuesto, programación… avivaron lo que vino después.

“La dejadez y el no actuar de manera inmediata provocó un mayor deterioro. La azotea se volvió una piscina por no poder salir el agua. Eso trajo consigo la afectación del resto del techo de esa área y de una viga que, de desprenderse, podía causar daños a alguna vida humana”.

Destupido el bajante de la placa española, afectada por restos de un saco, se apuntaló la viga. Pasado un tiempo, se buscó una alternativa para darle firmeza ya que por sus dimensiones resultó imposible ser reemplazada de forma enteriza.

“Todo lo relacionado con la madera es costoso. Pero cuando eso sucedió los problemas con la carpintería se solucionaban con menos recursos a los actuales. Eran roturas de pestillos, llavines, botaguas, tablillas de persianas, fragmentos de vitral y losetas. Hoy la inversión es grande”.

Bien lo sabe Yadira Castillo Rodríguez, quien hace poco más de un año asumió la dirección de Cultura en el municipio de Sancti Spíritus, que incluye entre sus grandes deudas el estado constructivo del Museo de Arte Colonial.

“La mayor envergadura se concentra en la carpintería, que demanda alrededor de 20 millones de pesos. Destinaremos parte de nuestro presupuesto de 2026 para ello ya que es casi el total del monto, que incluye otras obras de reparación y mantenimiento, así como la programación cultural de barrios y comunidades. Conocemos que el museo forma parte de los planteamientos de la economía del Gobierno Municipal”.

Basta caminar por los grandes salones de la institución, donde se muestran arrinconadas las piezas de gran tamaño, para corroborar que no todo lo hecho lo ha oxigenado. Puertas pintadas sin abrirse, huecos en la pared, rodapiés desprendidos, caída del falso techo de la segunda planta, escalera de madera con ausencia de balaustre… evidencian que la falta de control y calidad han tenido la palabra.

“También se ha gastado dinero con premura para cumplir con alguna fecha. Se ha pintado su fachada y pienso que haya sido para agradar la vista de alguien. Un ejemplo concreto de la chapucería es que la galería del patio se bajó tres veces. Se invirtió mucho en una sola área de forma innecesaria. Se perdió así el dinero para avanzar en otro objeto de obra”, explica Cuéllar Santiesteban.

Ese mal preocupa a Yoel Pérez Triana, al frente del Sectorial de Cultura y Arte en Sancti Spíritus. En varias instituciones han aflorado daños al poco tiempo de haber sido intervenidas.

“Lo que se haga debe perdurar en el tiempo. Tenemos que trabajar desde la prioridad, de saber discutir dónde urge laborar. Debemos impregnar la sensibilidad hacia nuestras instituciones en las direcciones gubernamentales porque precisamos estar acompañados”.

Plantas invasoras se han asentado en la edificación de valor patrimonio uno.

SIN CRUZARSE DE BRAZOS

En la memoria colectiva cuelga Museo de Arte Colonial en Sancti Spíritus como sinónimo de visita obligada. Estudiantes, hechos de relevancia, personalidades nacionales y foráneas forman parte de su historia de más de 58 años.

“Está entre las tres instituciones más importantes de la villa —dice sin titubeos Marta Cuéllar—, lo que ahora socialmente no se utiliza. Para hablar de la génesis de cada uno de los órdenes sociales de Sancti Spíritus hay que estudiar la historia de la familia Valle Iznaga”.

En la edificación de dos plantas, erigida por esa estirpe tan acaudalada como su propio lema: El que más vale no vale tanto como Valle vale, no solo se resguardan vajillas y objetos únicos, sino que en su propia fisonomía habla la evolución del paso del siglo XVIII al XIX.

“Con el cierre nos llamamos a la reflexión para poder proteger los bienes patrimoniales, pues se crearon cuatro almacenes, en los que no solo se resguardan, sino que se abren y se les da conservación y limpieza, además de higienizar pisos, ventanas y puertas”, añade Yamilet Suró Verdecia, su actual directora.

Un intento para cortar el paso arrollador de la destrucción hacia todos los valores patrimoniales, pero el hacinamiento de las piezas impide cumplir cabalmente ese objetivo.

“Eso evidencia que es un colectivo que no quiere dejar morir su museo, que quiere sentirse útil. No hay acomodamientos. Se busca trabajo y eso está arraigado en estas paredes. Pero así no se puede conservar como es. Similar pasa con la programación. Se incumple con el objeto social de la institución. Que los públicos no dialoguen in situ con las piezas es otra cosa”, alega con dolor la directora anterior.

Se refiere a las 12 acciones que cada mes, contra vientos y mareas, protagoniza el colectivo.

“Se involucran distintos grupos etarios. Visitamos escuelas y hogares maternos y de abuelos. Realizamos actividades en el segundo patio de la casa, como el encuentro Mujeres de la Cultura y el Patrimonio. Durante el verano mantenemos concursos y cursos ya con arraigo entre los espirituanos”, apunta Suró Verdecia.

Con ese sentido de pertenencia y la acertada recepción de los públicos, mientras sigue la espera de reabrir totalmente las 100 puertas, Marta Cuéllar y quienes comparten con ella el amor por la institución incluyen en sus agendas cómo materializar algunos sueños.

No obstante el deterioro, el museo es una de las instituciones culturales más importantes de la provincia.

“Tenemos un estudio comunitario realizado durante tres años para conocer cómo se quiere el museo. Es una decisión de pueblo. Y a tono con esos anhelos y con los actuales tiempos pensamos en la interacción, que es, además, como funciona el mundo y sin perder nuestras esencias”.

Pero nada será posible si al Museo de Arte Colonial no se le entra de frente con la rigurosidad y el control que exige el inmueble de valor patrimonial uno, símbolo de identidad y espirituanidad, así como los contextos actuales, donde duele el precio de una puntilla.

“El sueño colectivo es que alcance todo su esplendor. Solo de esa forma la casona volverá a recibir a personas que busquen estudiar, interpretar y entender nuestras raíces”, concluye.

Lisandra Gómez Guerra

Texto de Lisandra Gómez Guerra
Doctora en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus y corresponsal del periódico Juventud Rebelde. Especializada en temas culturales.

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