Con toda la razón del mundo, alguien anónimo escribió: El mayor lujo en la vida es la salud, el resto solo son accesorios. Bien lo sabemos casi todos los adultos, sin excepción de riquezas, estatus social, sabiduría o cultura. Porque hasta un manjar o el paseo más lujoso saben amargos cuando alguien cercano se enferma en serio.
Incluso males menores como un proceso alérgico, cualquier dolor eventual o el anuncio de una cirugía por mínimo acceso generan preocupaciones familiares.
Sobre todo, en estos tiempos cruentos que atraviesa hoy Cuba, cuando en el sector de la Salud escasea casi todo y en el comercio particular los precios de los medicamentos y los insumos médicos superan con creces el poder adquisitivo de la mayoría.
Pero, aún en esas circunstancias, generalmente los profesionales, técnicos y trabajadores de esa área se empeñan cada día en salvar vidas y curar dolencias con sus probados conocimientos, destreza y entrega.
Según un reciente informe presentado al Consejo de Gobierno en el territorio, la población espirituana se mantiene actualmente entre las más envejecidas de Cuba, con una tasa de natalidad en picada —apenas 5,6 por cada 1 000 nacidos vivos—, y una esperanza de vida de 78,73 años, cifra por encima de la media nacional.
Esos indicadores constituyen de por sí un desafío para los servicios sanitarios del territorio. Otro punto de trascendencia como la tasa de mortalidad general alcanza los 12,8 por cada 1 000 habitantes, con tendencia ascendente y un incremento sostenido en los últimos tres años.
En el territorio, la asistencia médica incluye 23 policlínicos, alrededor de 500 consultorios, ocho hospitales, varios hogares maternos; así como casas de abuelos, hogares de ancianos, clínicas estomatológicas, centros de Higiene y Epidemiología.
Además, cuenta con centros médicos psicopedagógicos, de electromedicina y producción local de medicina natural, el banco de sangre, la Empresa de Suministros Médicos, decenas de farmacias, ópticas, la Universidad de Ciencias Médicas, unidades de aseguramiento y apoyo, entre otras estructuras.
En medio de las adversas circunstancias actuales, la cobertura de los galenos alcanza 1.2 médicos por consultorio donde, al cierre del 2025, se realizaron cerca de 4 880 000 atenciones.
Por otra parte, aquí se garantizan los servicios en cada una de las especialidades, con mayores dificultades en Ginecobstetricia, Neurofisiología y Neurología, donde escasean los especialistas por procesos migratorios y traslados hacia negocios particulares, fundamentalmente.
No obstante, según los últimos cierres estadísticos, estas consultas médicas crecieron en unas 54 mil 400 con respecto a igual período anterior, con una mayor estabilidad a partir de la proyección comunitaria de las especialidades hacia la atención primaria.
Esa opción mejora el porciento de resolutividad de los casos, así como la satisfacción de la población; y se torna prácticamente imprescindible en las actuales circunstancias, cuando existen muy limitadas opciones de transporte.
Oficialmente, se ha reconocido que la situación más crítica en los servicios de Salud se encuentra en los medios diagnósticos, donde abundan las roturas, por ejemplo, de los endoscopios, el colonoscopio, broncoscopio y tomógrafo, lo cual ha obligado a la realización de estos procederes en otras provincias, previa coordinación y en dependencia de las capacidades existentes.
Por otra parte, la regionalización de los servicios se concentra en instituciones sanitarias de Villa Clara, Cienfuegos, La Habana y Ciego de Ávila, donde se garantizan atenciones médicas especializadas de Cardiología y Urología.
Entre tanto, la actividad quirúrgica se ha mantenido limitada: en el pasado año se realizaron solo unas 29 000 cirugías generales, debido a la escasez e inestabilidad de los insumos, con prioridad para las áreas pediátrica y oncológica.
Otro persistente dolor de cabeza en el sector, el cuadro básico de medicamentos, ha mantenido una permanente afectación con elevadísimos porcientos de faltas, tanto en las farmacias comunitarias como en los hospitales, donde los renglones más afectados resultan los citostáticos, antibióticos, antihipertensivos y analgésicos.
En general, las mayores insatisfacciones de la población en el sector de la Salud Pública se concentran precisamente en el déficit de fármacos, en particular los incluidos en el llamado tarjetón para los tratamientos de enfermedades crónicas, pero también muchos de uso hospitalario, incluidos no pocos de las terapias.
A los espirituanos también los inquieta el déficit de insumos para la actividad quirúrgica y los tratamientos estomatológicos, así como de material gastable para curas de pacientes oncológicos y encamados; al igual que las continuas roturas del equipamiento médico y la lamentable falta de higiene en hospitales y policlínicos.
Sin dudas, transcurren tiempos bien difíciles también para el sector de la sanidad pública cubana, reconocido como una de las principales conquistas de la isla y principal garante del tesoro más preciado para todos en la nación: la vida y la salud.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












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