Eddy Díaz Delgado: Me siento útil como guardaparque (+fotos)

Lo asegura este yaguajayense, quien desempeña esa labor desde hace seis años en el Parque Nacional Caguanes, del norteño municipio espirituano

Eddy vigila el área de Real Campiña hasta el Parque Nacional Caguanes, conocida como Ciénaga de La Guayabera. (Fotos: Cortesía del entrevistado)

Nació en Bamburanao, un pequeño caserío de campo situado a un costado de Yaguajay. Entre las clásicas palmas en el horizonte, el sonido de cocuyos y grillos, o la imagen de un atardecer de cacería transcurrió la infancia de Eddy Díaz Delgado.

Desde pequeño sus ojos se habituaron a contemplar esa campiña desde lo alto de un pedestal trotante. No levantaba ni una cuarta del piso cuando aprendió a montar a caballo. De un lado a otro de aquellos parajes se sentían las cabalgatas del niño.

Mientras se escurría por esos montes, entre un sinfín de diabluras, conoció, palmo a palmo, la naturaleza. Y llegó a amarla. Por ello, luego de cursar los primeros estudios apostó por el técnico de nivel medio en Zootecnia. “·De niño siempre me gustó el campo, lo criollo”», agrega, y deja por sentado que fue ese apego el que lo llevó a tal especialidad.

Una vez finalizada esta etapa, tocó a su puerta el ámbito laboral. “»Comienzo a trabajar en la Vaquería Típica, de Venegas y, más tarde, en Iguará. Luego, me traslado al lote de Centeno. Ya vivía aquí y necesitaban un ganadero para impulsar ese trabajo. Entonces, aquel muchachito de 21 años, con escasa experiencia ganadera, empezó a dar cabezazos hasta que aprendió todo lo relacionado con la ganadería. Estuve cerca de 20 años en esta función”, refiere.

Más de 1 000 hectáreas de tierra monitorea el guardaparque.

Mas, tras la desaparición de la UBPC a la que pertenecía, Eddy tuvo que cambiar la ruta. Por suerte, no cortó sus lazos con el campo. El Parque Nacional Caguanes (PNC), de Yaguajay, necesitó guardaparques, y ahí estuvo él. Bastaba amar la naturaleza, cuidar sus recursos. Nadie mejor para hacerlo.

Y aunque la prueba de su sabiduría estuvo por años en la actividad ganadera, el nuevo escenario la reforzaría. Las monterías de la infancia regresaron. Emprendió las caminatas con nuevas preocupaciones.

“»El inicio fue un tanto difícil porque el guardaparque tiene que trabajar con las personas que viven dentro de las áreas para que le ayuden a protegerlas, a cuidarlas, a velar por la flora y la fauna del lugar. Desde el principio atiendo la zona de Real Campiña hasta el Parque Nacional Caguanes, conocida como Ciénaga de La Guayabera.

“»Esta área es cenagosa. Y, como es una amplia extensión de tierra, un día entro por Real Campiña, otro por el Canal de Cayo Bomba o de Tomás Moreno. Todos los días hago diferentes recorridos. Aquí hay varios tipos de plantas y animales que debemos proteger”, destaca el hombre de 62 años de edad.

Eddy recorre su área a caballo. Desde lo alto del animal la vista se desliza por encima de los manglares, las majaguas, o de las grullas. Desde el pico de la albarda, esas plantas y animales dejan de ser telón cerrado para convertirse en panorama.

Eddy vigila los recursos naturales del Parque Nacional Caguanes.

“»Hay días que recorro de 10 a 15 kilómetros. Son más de 1 000 hectáreas de tierra que tengo que vigilar. Por eso, me planifico el trabajo. En estas zonas del PNC no se puede talar, pescar, mucho menos, cazar y quemar, de ahí que siempre haya que estar alerta. “Por ejemplo, se nos han dado casos de quema, sobre todo, en Cayo Bomba.

“»Ante este tipo de incidencias u otras, converso con los campesinos y les explico la necesidad de cuidar los recursos naturales del área protegida. Hasta ahora han sido conscientes y apoyan mi trabajo. Nuestra función es tratar de que las personas no vuelvan a cometer esos errores”, precisa.

Todos los días de la semana resultan ajetreados para Eddy. Desde horas tempranas de la mañana sale a monitorear su área. Lo hace con gusto. Esta labor ha traído de vuelta su alma de niño. “»Me gusta mucho este trabajo, porque siempre estoy en contacto con la naturaleza. Además, como parte de las acciones de educación ambiental del sitio, existen círculos de interés con los infantes y eso es muy lindo.

“»Cuando hacemos recorridos con los niños y les enseñamos las aves, los tipos de árboles que existen, las nuevas plantaciones…, apreciamos la admiración de ellos y eso reconforta mucho. Este trabajo ha afianzado mi vínculo con el campo, porque muchas personas te consultan hasta para una planta medicinal. Me siento útil como guardaparque.

“»Si la salud me lo permite quiero estar aquí hasta que llegue la jubilación”, confiesa.

Así es Eddy Díaz Delgado, campesino de pura cepa, que prefiere montar a caballo y respirar el aire que brota de las maniguas. Por ello le alegra estar bajo el resplandor del sol y en medio del lenguaje de las palmas. En este lugar es feliz, mucho más ahora, cuando ser guardaparque le recuerda su nexo indisoluble con la infancia.   

Greidy Mejía Cárdenas

Texto de Greidy Mejía Cárdenas

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