Educar para la vida (+fotos y videos)

Desde 1989, cada 13 de octubre se conmemora el Día Internacional para la Reducción de Desastres Naturales, tópico de interés en la institución educativa Julio Antonio Mella, de Yaguajay, gracias a la implementación de un sugerente proyecto

La institución educativa Julio Antonio Mella, del Consejo Popular Simón Bolívar, implementa una iniciativa del Ministerio de Educación con el acompañamiento la Unicef. (Fotos: Alien Fernández Martínez/ Escambray)

El año 2017 está fijo en la memoria colectiva de Yaguajay. Prende con fuerza semejante a la del huracán Irma, el más potente de los atrevidos a tocar a esa región norteña. Todavía los rugidos, de una de sus noches más largas, estremecen. Las imágenes halladas con el amanecer, aun bajo las precipitaciones, cortaron de cuajo la respiración a todos sus habitantes. Muy poco quedó en pie. En sus calles y recodos, persisten fragmentos de esas huellas.

“Eso fue bravo —dice Miraida Arrozarena Martínez, hija de la tierra que adoptó a Camilo Cienfuegos desde que puso pies ahí—. Realmente, el que no vivió aquellas horas no lo sabe expresar. Irma estuvo aquí demasiado tiempo. Con cada giro, arrasó con todo lo que se encontró. No son exageraciones: aquí chifló y a todo volumen”.

Lo cuenta con el mismo dolor que le punzó al ver su casa prácticamente en el piso y, su segundo hogar, la institución educativa Julio Antonio Mella, del Consejo Popular Simón Bolívar, con el agua al cuello y con el cielo como único techo.

“La comunidad de Vitoria fue una de las más afectadas en nuestro municipio. Está muy cerca de la costa, alrededor de un kilómetro. Eso ocurrió en los primeros días de aquel fatídico septiembre. Cuando la Defensa Civil orientó pasar a la fase de recuperación y llegué aquí fue otra cosa la que encontré. Los álamos del frente, arrancados de raíz. La mayoría de las paredes, rajadas. Pocas puertas y persianas en pie”.

Dicen que Miraida lloró sin consuelo. La cobija de sus alumnos, otrora edificación perteneciente a lo que fue el central Vitoria, se sostenía por mordiscos hechos por el viento. Los integrantes del colectivo de docentes como mínimo contabilizaban daños leves. Incluso otros, derrumbe parciales o totales.

“Como decimos, en la unión está la fuerza. Se creó una brigada y nos volcamos a ayudarnos. En el caso de la institución educativa, con el empuje de la comunidad, la Defensa Civil y el sector de Educación se borró aquella imagen. Por eso, hoy disfrutamos de una construcción que no se parece en nada a la del 2017”.

Plantada al borde de una curva, a un costado de la fachada de lo que fue la iglesia del poblado y casi a la sombra de la obsoleta torre del ingenio azucarero que tanto dio de comer a varias generaciones del Consejo Popular Simón Bolívar, Irma dejó más de una enseñanza.

“Lo primero es que precisamos estar preparados ante cualquier fenómeno meteorológico. Al unísono, enseñar a nuestros estudiantes para mitigar los diferentes riesgos naturales, sanitarios y tecnológicos”

PREVENCIÓN, PALABRA DE ORDEN

Abram Marcos Vega Cabrera es un niño especial. No por su diagnóstico psicopedagógico, sino porque mira la vida solo desde los elementos que le resultan más atractivos. Por supuesto, que del referido huracán conoce sus muchas historias, mas sí habla con soltura sobre el cuidado del medioambiente y la responsabilidad para con el de los seres humanos.

El estudiante Abram Marcos Vega Cabrera tiene identificado algunos de los riesgos de la comunidad yaguayajense Vitoria.

Por ello, no dudó en participar en el concurso Pintando mi mapa de multirriesgos, convocado en el plantel. Es esa una de las tantas acciones realizadas allí por implementarse un proyecto que apuesta por la educación resiliente, la mitigación de los efectos del cambio climático y la gestión inclusiva de la reducción de riesgos de desastres en comunidades vulnerables, iniciativa del Ministerio de Educación (Mined), con el acompañamiento del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y Fundación Irruti.

“Fuimos con la maestra por nuestra comunidad. Después de ver los lugares donde hay riesgos, me senté a dibujar. Como pueden ver están la curva, iglesia, torre, grandes árboles, donde hacemos el receso, el mar y el río Máximo, que cuando se desborda no da paso hasta la escuela”.

Como este alumno de quinto grado, la pionera Evelín Castillo Padrón se sumó al reto de dejar sus trazos en colores sobre una cartulina.

“Además del recorrido, fue muy útil todo lo aprendido en las clases. Por ejemplo, en la asignatura Ciencias Naturales se nos habla mucho sobre los desastres que pueden ocurrir en nuestra comunidad y lo que debemos hacer para que no existan grandes secuelas”.

Con acciones complementarias también se enseña a cuidar el medioambiente.

De cerca ha seguido todo lo que se hace en el centro más importante de Vitoria como parte del proyecto, Andy Aslien Quesada Morales, metodólogo en la Dirección General de Educación, de Yaguajay. Aunque reconoce que aún queda mucho por hacer, evalúa de satisfactoria su implementación.

“Además de esta institución, también se implementa en nuestro municipio en la Secundaria Básica Felino Rodríguez, de la comunidad de Meneses. Se le da salida a través de la vía curricular, así como mediante acciones complementarias como juegos, concursos y el uso responsable de las nuevas tecnologías”.

Lo constató este equipo de prensa. Una obra teatral y el goce de la actividad lúdica Riesgolandia, que, mediante una gran lona y dado, donado por el proyecto, insta a los jugadores a responder preguntas relacionadas con el cuidado y conservación de los entornos para así disfrutar de la victoria.

Las actividades deportivas influyen en la formación integral del alumnado.
El juego Riesgolandia goza de gran popularidad.

“Este proyecto trae como beneficio nuevos conocimientos y superación de docentes, alumnos y familias sobre reducción de riesgos y desastres ante los cambios climáticos. Además, ha permitido reforzar los saberes que llegan desde los agentes de la comunidad como factores importantes en el proceso docente educativo”.

EN UNIDAD

El humilde Consejo Popular Simón Bolívar, tierra de hombres y mujeres bonachones y donde aun predominan como medio de transporte carros tirados por caballos, aunque ya corre por sus calles un ecomóvil con olor a estreno, resguarda un verdadero tesoro: el Parque Nacional Caguanes.

“Ocupa prácticamente toda la costa norte de la provincia de Sancti Spíritus. Los estudiantes de la Julio Antonio Mella son quienes en un futuro lo mantendrán vivo”, aclara Neolia Pujol Luna, quien labora en esa área como especialista ambiental.

Fundado en el año 2001 y con una extensión de 20 488 hectáreas (ha), de las cuales 17 709 son marinas, se le considera un verdadero paraíso natural. Entre humedales y cayos, flamencos y pelícanos, regresan cada año para dar vida al paisaje; mientras que, en las cuevas costeras habitan los singulares murciélagos mariposa y los manglares, cavernas y cayos dibujan un escenario único. No en vano se le considera un santuario donde la biodiversidad y belleza se encuentran.

Especialistas del Parque Nacional Caguanes refuerzan los saberes del proyecto con los conocimientos que transmiten en sus círculos de interés.

De eso y mucho más comparten, desde hace años, sus especialistas con el alumnado y claustro de la institución educativa que honra al líder estudiantil asesinado en México.

“Nos corresponde prepararlos. Por eso, tenemos varios círculos de interés. Por ejemplo, en el Aves del humedal aprenden cómo es el trabajo del parque y cómo influye el sistema lagunario y los manglares en la reducción de riesgos para la comunidad”.

Tampoco ella olvida el noveno mes del año 2017. Desde su casa oyó el rugir proveniente desde el manglar que conoce como las palmas de sus propias manos.

“Era su lucha contra los fuertes vientos de Irma. Si no hubiera estado ahí, otras secuelas hubiésemos tenido y de seguro mucho peor”.

Es ese otro ejemplo que constata que en esas aulas se forman a verdaderos agentes de cambio, desde el compromiso y sentido de pertenencia para con sus entornos. No esperan fechas como las del 13 de octubre, Día Internacional para la Reducción de Desastres Naturales, o el 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente. En la Julio Antonio Mella se apuesta diariamente por la educación resiliente y prepararse para mitigar los efectos del cambio climático.

SIEMPRE PREPARADOS

Minutos antes de la despedida de la visita reporteril a la institución educativa, de la comunidad Vitoria, encontramos otra sorpresa. Tras los primeros toques de una pequeña campana, estudiantes y profesores salieron en estampida de sus aulas.

“Es un simulacro de evacuación ante una posible penetración del mar —aclara Andy Aslien ante el susto espetado en los rostros reporteriles—. Tienen un previo conocimiento sobre cuál es la importancia de esa acción, pues nos encontramos muy cerca de la costa y puede ocurrir”.

Sin perder tiempo y sin desorganización, los cerca de 70 pioneros y el reducido grupo de docentes salieron hacia la calle. Solo detuvieron sus agitados pasos al “asaltar” a la edificación de dos plantas más cercana a la institución educativa.

La experimentada pedagoga Miraida Arrozarena Martínez es una defensora de la educación resiliente.

“Si no nos preparamos antes de que suceda cualquier fenómeno, será imposible que sepamos cómo actuar. Esto significa también prepararse para la vida. Nadie escapa de los riesgos y así educamos en cómo proteger, cuidar los entornos y construir comunidades más resilientes”, alega Miraida Arrozarena Martínez, quien desde hace 14 años conduce las riendas de un centro listo para enfrentar vientos semejantes a los del huracán Irma, cuando atemorizó a Yaguajay en su noche más larga.

Lisandra Gómez Guerra

Texto de Lisandra Gómez Guerra
Doctora en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus y corresponsal del periódico Juventud Rebelde. Especializada en temas culturales.

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