El ADN de Fidel en la Biotecnología de Sancti Spíritus (+fotos)

El líder de la Revolución cubana sembró el germen del más importante centro científico del territorio, que ha cosechado múltiples resultados y hoy aporta alrededor del 95 por ciento de los reactivos biológicos que se utilizan en otras instituciones del país

Momento en que el doctor Conrado Ramírez saluda al líder histórico de la Revolución cubana.

En 1986, probablemente, la Ingeniería Genética y la Biotecnología constituían apenas un patrimonio del primer mundo, sin embargo, Cuba ya comenzaba a dar los primeros pasos en este avanzado campo de la ciencia con la inauguración ese propio año del ya hoy muy reconocido internacionalmente Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de La Habana.

Pero, con su capacidad para soñar lo imposible, al Comandante en Jefe Fidel no le bastaba ese notable progreso y en su visita a Sancti Spíritus —a propósito de la celebración del acto nacional por el aniversario XXXIII del asalto al Cuartel Moncada—, propuso una idea aparentemente utópica: extender la novedad más allá de la capital del país.

El 27 de julio de 1986, mientras recorría la entonces Facultad de Ciencias Médicas del territorio para inaugurarla oficialmente, al líder histórico de la Revolución cubana le llamó poderosamente la atención una de las áreas de esa institución académica. 

El Comandante en Jefe Fidel durante su visita fundacional a la entonces facultad de Ciencias Médicas de la provincia.

“Contábamos con unos laboratorios muy bien construidos que ya tenían instalado algún equipamiento y Fidel quiso saber por qué no se observaba allí actividad científica alguna. La respuesta era que no disponíamos del capital humano necesario. Entonces, a partir de ese momento, decidió iniciar gestiones para instalar en el lugar laboratorios de Biotecnología”, contó hace unos años en una entrevista a Escambray el doctor Conrado Ramírez Cruz, a la sazón vicedecano de ese centro docente y testigo presencial del hecho.

Con la superación y el desarrollo de la investigación científica siempre en la mira, impulsó así el germen de una institución que con el paso de los años se ha convertido en un puntal imprescindible para el desarrollo de la salud pública y la soberanía tecnológica de la nación.

“El desarrollo de la biotecnología aquí tiene la impronta de Fidel, que se ocupó del desarrollo de los Recursos Humanos de una provincia pequeña con un desarrollo menor como la nuestra. Su idea fue una oportunidad y hoy muchos de aquellos jóvenes son doctores en Ciencia, ocupan importantes responsabilidades en centros prestigiosos del país y honran la ciencia cubana”, valoró el doctor Enrique Pérez Cruz, actual director del CIGB espirituano.

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Doctor en Ciencias Enrique Pérez, director del CIGB Sancti Spíritus. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Lo que al principio fue solo una idea, dio el primer paso con el envío de dos grupos de jóvenes de la provincia a prepararse en el CIGB de la capital, uno de ellos a entrenarse en generación y uso de los anticuerpos monoclonales y otro en el área de biotecnología vegetal.

Durante la etapa de preparación inicial hasta su inauguración en abril de 1990, se perfilaron dos grupos de trabajo dirigidos a las investigaciones en el campo de la agricultura —en especial a la mejora del arroz mediante la aplicación de las modernas técnicas de la Ingeniería Genética y la Biotecnología— y en el área biomédica, en particular la inmunotecnología a partir de la generación de anticuerpos monoclonales y su empleo en diferentes técnicas inmunológicas.

“El hecho de que nos hayamos formado en el CIGB de La Habana fue algo importante porque allí tuvimos que prepararnos integralmente, hacer de todo. Teníamos el reto de demostrar que aquí se podía hacer ingeniería genética y biotecnología en estas condiciones y esa era una motivación adicional. Nosotros lo asumimos con mucha responsabilidad, con mucha pertenencia y esa fue la esencia para que pudiéramos superarnos y lograrlo”, aseguró hace unos años a este medio de prensa Omar Reinaldo Blanco, uno de los fundadores del CIGB espirituano.

El Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología se encuentra entre las entidades espirituanas que participan en este proyecto. (Foto: Oscar Alfonso/ ACN)

En poco tiempo, el centro se convirtió en un parteaguas para la ciencia de la provincia y el pequeño colectivo ha concretado durante todos estos años aportes gigantes, por ejemplo, la generación de la mayoría de los anticuerpos monoclonales que demanda hoy el grupo empresarial BioCubaFarma, y el desarrollo y aplicación del Heberprot-P, medicamento cubano que revolucionó la atención de la úlcera de pie diabético.

Solo en Sancti Spíritus, más de 12 000 pacientes han recibido los beneficios de este fármaco con demostrada eficacia y cuyo uso se ha extendido ya a otras lesiones complejas y a especialidades como la Ortopedia, tanto en adultos como en niños.

Entre sus resultados más recientes aparecen la conclusión del desarrollo y la validación del sistema Elisa para la detección de la inmunogenicidad no deseada del factor de crecimiento epidérmico y de los contaminantes de levadura del Herberprot-P®, ensayos condicionantes para la introducción de este producto en mercados del primer mundo.

Solo en Sancti Spíritus, más de 12 000 pacientes han recibido los beneficios del Heberprot-P. (Foto: Oscar Alfonso/ ACN)

Además, aquí se obtuvo el registro sanitario del suplemento dietético sirope de fructooligosacáridos (FOS) para el consumo humano, así como su introducción en la formulación de alimentos funcionales y nutracéuticos de producción nacional; se inició el estudio piloto de la situación epidemiológica del virus de la peste porcina clásica en unidades productivas del territorio; y se concretó la extensión del cultivo del maíz híbrido transgénico y la soya transgénica en 16 productores de la provincia con resultados satisfactorios.

Igualmente, el CIGB ha contribuido a la introducción en la fase terapéutica del medicamento Jusvinza para el tratamiento de la artritis reumatoide; y durante el enfrentamiento a la covid sus investigadores expresaron y purificaron la proteína N del virus —la más abundante—, después generaron anticuerpos monoclonales de alta demanda y obtuvieron un dignosticador en forma de tira rápida a nivel de laboratorio.

Los anticuerpos desarrollados en Sancti Spíritus se utilizan hoy por el CIGB de La Habana, Centro de Inmunoensayo y el Centro de Inmunología Molecular, entre otras instituciones científicas, quienes habitualmente reciben de aquí alrededor del 95 por ciento de los reactivos biológicos que utilizan en producciones establecidas de sus fármacos y vacunas.

El CIGB espirituano es un puntal en materia de innovación y desarrollo en el territorio. (Foto: Oscar Alfonso/ ACN)

“El colectivo sigue trabajando en medio de tantas dificultades. Nosotros decimos el ADN del CIGB tiene la huella de Fidel —grafica su director—. No hay obstáculo por grande que sea que no seamos capaces de vencer, con una vocación innovadora como la del Comandante en Jefe. Ese legado lo estamos transmitiendo a las generaciones que se incorporan. No nos rendimos y todos nuestros resultados son un homenaje al Comandante en Jefe”.  

Mary Luz Borrego

Texto de Mary Luz Borrego
Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas económicos. Ganadora de importantes premios en concursos nacionales de periodismo.

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