Desde la primera mitad de febrero, como un barco que evita naufragar en medio de la tormenta, el curso escolar precisó dar un giro brusco en su trayectoria, pero sin perder la brújula: concluir este período formador con una calidad decorosa en el aprendizaje de los estudiantes.
En medio del agudo desabastecimiento de combustible que enfrenta el país, derivado del asfixiante y tantas veces multiplicado bloqueo norteamericano, el sistema educacional debió retomar algunas prácticas de aquellos angustiosos tiempos de la pandemia de covid.
Aunque se sabe que nada sustituye la labor presencial del maestro cuando imparte la clase en el aula, frente a sus alumnos, ahora mismo no ha quedado más remedio que buscar alternativas para no dejar a los muchachos huérfanos del conocimiento.
Porque la enseñanza continúa como una prioridad nacional y para mantenerla contra viento y marea han surgido múltiples adecuaciones, con la mira siempre puesta en minimizar la afectación a la calidad del aprendizaje, mantener el vínculo maestro-estudiante y sostener un diálogo permanente con las familias y las organizaciones estudiantiles.
Prioridad fundamental resultan los años terminales, tanto en la Educación General como en la Superior, en los cuales se defenderá la mayor presencialidad posible. En el caso de la enseñanza media superior se refuerza la preparación para las pruebas de ingreso; mientras que en la universitaria se han previsto diversas alternativas de evaluación y culminación de estudios, sin perder el rigor, pero adaptadas a las realidades actuales.
Entre ellas, defensas de tesis presenciales o virtuales, tribunales organizados en los propios municipios, presentaciones grabadas o intercambios a distancia mediante preguntas y respuestas. Además, se contemplan otras opciones como la publicación de artículos científicos, presentación de proyectos y portafolios o la realización de exámenes estatales.
En las actuales circunstancias, las direcciones de los centros educacionales no pueden perder de vista que la situación actual genera afectaciones y provoca el riesgo de aislamiento académico, especialmente en educandos que residen en zonas alejadas o con menor acceso a las tecnologías.
Esa realidad también perjudica a aquellos que cursan estudios fuera de sus territorios de residencia; por no mencionar las dificultades que la inmensa mayoría de los estudiantes enfrenta en estos tiempos con la conexión para acceder a contenidos virtuales.
Con vistas a evitar los traslados, centros claves en la enseñanza espirituana se han mudado de sede; por ejemplo, el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) Eusebio Olivera se ha disgregado hacia los preuniversitarios de los municipios; en tanto que los estudiantes del Instituto Politécnico Armando de la Rosa reciben la docencia en su homólogo Carlos de la Torre, en la cabecera provincial, o en los centros educativos de iguales características en sus territorios de residencia.
En el caso de los educandos que viven en zonas rurales o de difícil acceso, a los cuales les resulta imposible sumarse a estas alternativas, sus centros educativos los atienden a través de grupos de WhatsApp, por donde se les envían clases y guías de estudio; además de que para estos casos se han diseñado sistemas de evaluación diferenciados hasta que regrese la normalidad docente.
El siempre importante proceso de ingreso a la Educación Superior se mantiene intacto, solo que con una fecha un poco más alejada en el calendario: según lo previsto, los exámenes se realizarán los días 5, 9 y 12 de junio, con el objetivo de ofrecer más tiempo de preparación a los educandos de duodécimo grado.
Específicamente, las universidades han puesto el mayor énfasis en la actividad de pregrado y se han reorganizado a partir de la descentralización y flexibilidad curricular, con un modelo semipresencial y mayor vínculo comunitario.
Cuando resulta posible, los claustros de las casas de altos estudios no se limitan solo al uso de las plataformas digitales, sino que ponen en práctica algunos encuentros presenciales entre estudiantes y profesores, orientados a aclarar dudas, coordinar los procesos de aprendizaje, definir evaluaciones y dar seguimiento al avance académico.
En estos momentos, resulta clave fomentar la autogestión del conocimiento, orientar mejor que nunca el aprendizaje y buscar formas de evaluación efectivas para las actuales peculiaridades de este curso escolar.
En esos procesos, los propios educadores deben apoyarse y complementarse porque en los claustros existe una diversidad considerable: algunos profesores cuentan con amplia experiencia académica, pero menor dominio de las tecnologías; mientras que otros disponen de habilidades digitales avanzadas, con una menor trayectoria pedagógica.
Por otra parte, en este escenario se intenta reforzar la participación de los estudiantes en tareas de impacto, entre ellas el vínculo con programas sociales, apoyo a censos y labores comunitarias, a proyectos asociados con la transición energética y la producción de alimentos, entre otras iniciativas que contribuyen a su formación integral y a mantener el vínculo activo con los centros educativos.
La Universidad de Sancti Spíritus ha avanzado en la implementación del modelo semipresencial con la combinación de prácticas laborales adelantadas, inserción de estudiantes en sus comunidades, uso de plataformas virtuales y distribución sistemática de guías de estudio.
Por su parte, en su homóloga de Ciencias Médicas el proceso docente se mantiene estrechamente vinculado a las instituciones del sistema de salud y se ha integrado a los estudiantes a tareas de impacto social como el pesquisaje y la atención comunitaria.
Resulta de cardinal trascendencia en este escenario la comunicación con los alumnos de todas las enseñanzas para garantizar la comprensión de la actual realidad, así como la participación de la Federación Estudiantil Universitaria y el resto de las organizaciones en la toma de decisiones relacionadas con la reorganización del proceso docente.
Para esta no existen recetas y, por ejemplo, la sugerencia del Ministerio de Educación Superior es la modificación flexible de los planes de estudio, en función de las condiciones concretas de cada territorio, carrera, claustro y grupo de estudiantes, con una descentralización que deja las decisiones en manos de los colectivos académicos de cada carrera, siempre en función de sus realidades.
En este contexto particularmente adverso un monumento especial vuelven a merecer los educadores, esos que se ocupan y preocupan por sus estudiantes, buscan opciones en medio de tantas dificultades y superan las barreras que la falta de transporte, los apagones y, en general, la crisis económica genera en sus propias vidas para mantener en pie la enseñanza.
En materia educacional la varilla continúa alta en Cuba porque la isla aparece entre los países que más profesionales ha graduado por habitantes en el mundo, con una calidad reconocida internacionalmente por organismos como la Unicef y el Banco Mundial.
No obstante, habría que padecer ceguera para no advertir que en este difícil período lectivo quedarán lagunas notables en el aprendizaje, las cuales sólo podrán superarse —sin grandes consecuencias negativas —, con el interés y el empeño de los claustros, los estudiantes y sus familias.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus












Me quedo con el último párrafo. No es lo que un día fue. Lamentablemente la calidad de la educación constituye un problema generacional.