El silencio de las bodegas

Las acciones de autogestión, entre otras alternativas, resultan vitales para la reanimación de ventas en las bodegas espirituanas

Ilustración: Osval

El viejo Felipe parece que ha perdido el rumbo. No es que sus piernas anden mal; es que no encuentra el trillo que desde al amanecer marcaban sus pasos hasta la bodega para luego pregonar como si fuera su oficio todo lo que llegaba.

Las bodegas en nuestro país no son el fondo de un barco ni un lugar para guardar vinos, como dijera Fernando Ortiz; son un cubanismo.

Se convirtieron en un sitio con una función social innegable, de encuentro y reunión de los vecinos, un tipo de plaza pública donde se conversaba sobre los pormenores del día, los chismes del barrio, el estado del tiempo, la salud del viejito vecino, qué hizo el equipo local en la pelota y hasta de alta política, incluidos los desmadres de Trump o las inseguridades de la economía cubana.

Con la práctica ausencia de la canasta familiar normada para los cubanos, las bodegas parecen ahora una especie de zona muerta, donde lo único que se oferta, en algunas, es el pan normado cuando se puede hacer, la leche para niños pequeños y dietas médicas y algún que otro producto para las personas vulnerables.

Muchos no conocimos esos establecimientos que añoran los de más edad, con estanterías repletas de variados productos que nunca escaseaban, pero sí las que contaban con lo suficiente para llenar los cuadritos de la tan llevada y traída libreta de abastecimientos.

Nada más lejano de la realidad actual, donde, salvo las compotas para niños y alguna donación de arroz ocasional, la falta de productos hace preguntarse el valor de uso de las cerca de 600 bodegas existentes en Sancti Spíritus, abiertas, generalmente, desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde.

Más que extrañar el sitio a donde se acudía diariamente a comprar el pan, malo o bueno, a saludar a la bodeguera y a los vecinos, a quejarnos del calor o de los apagones, choca la soledad de cada uno de los locales con los anaqueles desiertos y los bodegueros, celular en mano, tratando de buscar señal, pasando niveles de un juego o mirándose entre ellos hasta que llegue el horario del cierre.

Muchos se preguntan, incluso, qué sentido tiene conservar las libretas de abastecimiento, esas que llevan meses sin usarse.

Aun así, las bodegas, con sus escasos servicios, siguen existiendo en medio de una economía en crisis, al tiempo que conviven con otros puntos de ventas, mipymes y cuentapropistas. Sobreviven, sí, pero sin valor comercial ni de mercado, toda vez que un día de venta, por poner un solo ejemplo, en algunas unidades no supera los 20 pesos y, si llega el pan, suman unos 3 000 pesos.

Opciones puede haber muchas para darles mejor uso a las cerca de 600 unidades espirituanas y una labor útil para sus trabajadores. Sin otra fuente de abastecimiento para esas unidades, no está de más pensar en alternativas como las de arrendar una parte a  mipymes, lo que permitiría otros ingresos a Comercio; incrementar la autogestión por parte de las administraciones, retomar la creatividad y buscar productividad a fin de satisfacer algunas de las necesidades básicas de las personas, que así no tendrían que desplazarse para adquirir y vender productos necesarios que pudieran estar en las bodegas e, incluso, implementar el comercio electrónico a través del servicio de caja extra, algo que solo es posible si se venden altos niveles de productos.

De esta manera se pondrían a tono con las transformaciones económicas y sociales aprobadas recientemente en el país, que en lo referente al Comercio Interior se han propuesto rescatar el servicio en muchos de esos establecimientos, que si bien hoy están en tiempo muerto, tal vez por hábito o por nostalgia, siguen siendo un pedazo importante de cada barrio cubano.

Carmen Rodríguez

Texto de Carmen Rodríguez
Reportera de Escambray por más de 30 años. Especializada en temas económicos.

5 comentarios

  1. Que se puede esperar si hasta los productos de «shopping» que vendian por la libreta(y que ahora hace más falta que nunca) un buen día desaparecieron como si de barrer un portal se tratara.
    Y desde el momento en que la libreta dejó de serlo, la vulnerabilidad aumentó considerablemente.
    Muchos planes e ideas, pero nada concreto y a corto plazo para volver a usarla como se debe.

  2. Recordar que las bodegas eran negocios particulares intervenidos, que pasaron a cumplir una funcion social, en la venta, mas o menos, equitativa de los productos disponibles, en cada etapas, La mayoría subvencionado por el estado. Como el gobierno dejará de subencionar los priductos, esa bodegas tinen que buscarse la vida, o desaparecer.

  3. Pues en la bodega tiene que haber y mucho, lea a continuación:
    Mayo fue un mes de incremento de las importaciones a Cuba de alimentos y productos agrícolas de EEUU, con 42.191.741 dólares de compras.
    De acuerdo con el Departamento de Agricultura de EEUU, las compras de alimentos aumentaron un 13,2%, con la carne de pollo ocupando los tres primeros puestos por volumen y 19.942.335 dólares destinados solo a ese producto, el principal cárnico al que tienen acceso los cubanos.
    Le sigue una suma de 3.319.184 dólares en huevos frescos, que en la Isla se comercializan a más de 100 pesos la unidad; 3.126.680 dólares en carne de cerdo; 1.706.580 dólares en huevos de aves; 1.588.768 dólares en jugos de frutas y vegetales, y 1.469.677 dólares en huevos de pollo fertilizados, probablemente destinados a producir aves para reponer la diezmada avicultura de la Isla.
    Cierran la lista de los diez principales rubros de importación 1.121.844 dólares en galletas y bizcochos dulces y 913.648 dólares en queso, incluyendo mezclas. Lo anterior sustituye a la leche en la lista, que siempre se ha colocado entre los alimentos más comprados en EEUU por los importadores
    A la cesta de la compra se sumaron en el quinto mes del año 23.890.779 dólares de combustibles; 9.240 dólares en productos médicos y farmacéuticos, y 26.091.252 dólares de donaciones humanitarias, según abundó el Consejo Económico y Comercial EEUU-Cuba.
    Destacan entre los numerosos productos comprados en EEUU por importadores cubanos una autocaravana valorada en 14.360 dólares; 15.744.277 dólares en vehículos, piezas, motocicletas, bicicletas, etcétera; celdas solares por un monto de 285.656 dólares, y azúcar por 315.579 dólares.

  4. Lucas Pentón González

    Ya hasta los locales los han dado para viviendas de sus trabajadores o en arrendamiento. No hay forma de sostener ni lo más sagrado que fue la bolita de pan, muestra de la ineficiencia del llamado modelo económico. Y lo peor es que no se ve luz ni al final del tunel estatal.

  5. La aceptación del regreso a la caverna. El mundo entero ya va por mini-mercados, mercados, super mercados, mega centros, etc. Ahora nosotros ya no nos sonrojamos para bendecir el retorno de las bodegas. El retorno a la época a partir de la cual todo comenzó a torcerse. Nada, que implícitamente con este artículo reconocemos que retrocedimos un paso. Claro eso para poder avanzar. Y de quien es la culpa? Por supuesto que de el imperialismo yanqui.

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