En fotos: Ferrocarriles trinitarios esperan por su destino

El ferrocarril de Trinidad revolucionó el transporte de mercancías y personas durante el siglo XIX y, sin embargo, se ha visto afectado durante casi dos siglos por su ubicación geográfica y el costo de las vías férreas

Fotos: Manuel Lagunilla/ Escambray

El ferrocarril se instaló en Trinidad en 1856, con lo cual se estableció el servicio público del primer camino de hierro de 5 km entre Casilda y Trinidad; ello permitió la transportación del creciente número de toneladas de azúcar del Valle de los ingenios, sustituyendo la transportación animal a base de arrias y carretas.

Con el estallido de la Guerra de los Diez Años comenzó el declive del ferrocarril en Trinidad, cuya situación se había convertido en crítica. Continuó funcionando hasta 1888 en que se suspendieron los viajes por el decaimiento de la industria azucarera y el mal estado de la vía y de los puentes.

No fue hasta 1915 que comenzaron los trabajos para reiniciar la construcción de la vía férrea de Casilda a Placetas, cuyo principal obstáculo era el puente sobre el río Agabama. El 10 de marzo de 1919 finalmente se inauguró y Trinidad salió del aislamiento.

Durante el siglo XX fue un medio de notable importancia para la distribución de los productos que llegaban al puerto de Casilda: petróleo, arena sílice y diversos alimentos, unido a la transportación de pasajeros.

En 1988, la crecida del río Agabama destruyó su puente principal, así como el de Las Mariquitas.

Hoy, la estación de ferrocarriles luce abandonada y los trenes se encuentran atrapados por el herbazal y consumidos por el tiempo. Las trabas que persisten son las mismas: los problemas estructurales, el deterioro de los puentes, la delicada situación económica y la falta de materiales al alcance de la mano para impulsar el ferrocarril.

Los trenes, intactos, esperan por su destino, pero jamás dejarán de asombrar por su belleza y genialidad.

Manuel Lagunilla González

Texto de Manuel Lagunilla González

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