Cuentan que la idea de crear el Plan Banao, uno de los primeros propósitos especiales impulsados por la Revolución, surgió durante una visita de Fidel allá por el año 1964, cuando al regresar a Sancti Spíritus de un recorrido desde el Escambray pasó por la zona, vio el campito de uva al lado de la carretera e indagó por las características de aquel lugar.
Entonces le comentó a Arnaldo Milián Castro, primer secretario del Partido en la antigua provincia de Las Villas, que allí, con ese microclima, se podía hacer un gran plan para producir frutas exóticas, y esbozó la idea de emplear, por esa vía, a un alto número de mujeres, necesidad imperiosa en aquellos momentos.
Nacido en 1965 en un terreno dotado de excelentes condiciones naturales, el Plan Banao llegó a proporcionar trabajo a cerca de 2 000 mujeres que encontraron en la agricultura la oportunidad del empleo digno y la inserción social. Cuentan que en aquellos tiempos iniciales el Comandante en Jefe visitaba el lugar no menos de dos veces por mes.
“Con mucha frecuencia Fidel llegaba allí, incluso llevaba importantes visitas, recuerdo a un famoso ajedrecista soviético, a Salvador Allende; iba al campo a hablar con las mujeres, lo mismo chequeaba las cosechas que pasaba por el comedor, estaba al tanto de todo. El plan tenía a la entrada una casa de visita, de guano, y varias veces Fidel se quedó allí —narraría años atrás Osoria Herrera Oropesa, quien con algo más de 20 años se convirtió en la primera mujer en dirigir el mencionado plan—. Cocinábamos prácticamente de madrugada, él mismo preparaba los espárragos y hacía la sopa”, contaba.
En Banao, poco a poco, llegaron a fomentarse los cultivos de uva, fresa, espárrago y cebolla; a la zona arribó maquinaria y una flotilla de 20 guaguas Robur para trasladar a las mujeres desde los pueblos y campamentos hasta los sembrados. El plan aseguró la educación de los hijos de las mujeres trabajadoras, pues se construyeron en esa época un círculo infantil y una escuela interna en el campo.

Sobre aquel empeño de gran envergadura Fidel diría: “Para saber lo que la Revolución ha hecho por la mujer, para saber —a la vez— lo que la mujer ha hecho por la Revolución, hay que ir a Banao, hay que ir a San Andrés, hay que ir a los Pinares de Mayarí, hay que ir a Maisí (…)”.
Según testimonian numerosos protagonistas de aquella tarea casi épica, les insistía a los técnicos que matricularan la universidad, mandaba a traerles libros, se ocupaba personalmente de la superación. Con aquellos hombres y mujeres conversaba de tú a tú lo mismo junto al surco que en la cocina o al pie del medio de transporte. Aprendía de ellos y los instaba a no conformarse nunca con lo logrado, sino a procurar más y esforzarse por encontrar los medios para conseguirlo.
El Plan Banao, ha dicho uno de aquellos protagonistas entrevistados para Escambray hace una década, fue un sueño de Fidel que se hizo realidad y después no se llevó a vías de hecho todo lo que él quería hacer; no obstante, alcanzó a producir toneladas de espárragos —un cultivo exigente que requería hasta condiciones de frío—, se llegó a cosechar uvas dos veces al año, también fresas, usadas en los primeros momentos del helado Coppelia. Y mucha cebolla, una plantación que, junto al ajo, aún señorea por aquellos lugares relativamente próximos a la cabecera provincial.

GESTOR DE LA ARROCERA SUR DEL JÍBARO
Según contaba el colega José Luis Camellón en estas mismas páginas hace algún tiempo, en la recta final de la década del 60 del siglo pasado el sur de la entonces región Sancti Spíritus atrajo la mirada de Fidel, que identificó tempranamente las potencialidades agropecuarias e hidráulicas de la extensa llanura. Tanto fue así —apuntaba—, que en la zona surgió una de las infraestructuras arroceras más integrales del país, a la que personalmente dedicó tiempo en medio de la vorágine laboral y constructiva de inicios de la Revolución.
“En la región de Sancti Spíritus se va a desarrollar una arrocera de 2 500 caballerías. (…). La región de Sancti Spíritus es una de las de más grande potencial de agua. El agua potencial de la región de Sancti Spíritus, con el Zaza, el Agabama y todos esos ríos, es de 3 000 millones de metros cúbicos. Casi la séptima parte del agua del país. Hay que hacer grandes presas allí (…)”, esbozaba Fidel.
Y añadía: “Y como allí en Sancti Spíritus hay que hacer un trabajo muy serio, es por eso que hemos querido aprovechar la experiencia del compañero Faustino (Pérez), al cual hemos hecho responsable del plan (…). Aprovechar toda su experiencia, porque creo que allí podemos desarrollar técnicas muy modernas. Aquella región va a tener arroz, ganado, caña, tabaco; es decir, casi todos los renglones (…)”.
La dimensión del proyecto fue expuesta por el líder cubano en un discurso con motivo de la fusión del Instituto de Recursos Hidráulicos y Desarrollo Agropecuario del País (DAP), en el hotel Habana Libre, el 26 de mayo de 1969.
Ese propio día señaló la prioridad que se le concedía a la arrocera de Sancti Spíritus y a la región en general: “(…) casi todos los buldóceres de Las Villas están en este momento en la región de Sancti Spíritus, en las áreas altas buldoceando para pasto. Y cuando comience el período seco estarán todos buldoceando para arroz”.
Había lanzado un reto a los iniciadores del programa en Cuba: “Tenemos que llegar a dominar el cultivo en las condiciones de nuestro clima y que un día podamos llamarnos, a partir de los resultados y la eficiencia, verdaderos arroceros”.
Bajo tales premisas caminó también el programa en el sur espirituano, adonde llegó Fidel varias veces, y dicen —escribía entonces el propio Camellón— que lo mismo desplegaba un mapa en el capó del yipe, que entraba a un campo a contar los granos de una espiga para calcular el rendimiento.
Con el paso de los años aquel plan, inicialmente denominado Plan Sancti Spíritus, se transformó en una de las mayores plazas arroceras creadas en la isla y fue donde se logró un mejor nivel de terminación de la concepción del programa creado por Fidel.
LA GANADERÍA Y EL CENTRAL URUGUAY
Aunque menos recogidas en las páginas de la prensa impresa, son conocidas igualmente las historias del interés que mostraba el Comandante en Jefe por las producciones de las distintas ramas ganaderas.
También en tierras espirituanas indagó al detalle por las cantidades de pies de cría, cifras exactas de huevos que ponían las gallinas y de litros de leche que proporcionaban las vacas; ventajas de la leche de búfala y de la cría de esa especie en general (en predios de La Sierpe), particularidades del ganado ovino-caprino, etc.
No se le escapaba un detalle y puede decirse que tocó con su mano cada plan, de mayor o menor envergadura, desarrollado en estos lares con el propósito de garantizar las producciones de renglones agrícolas y de origen animal que tenían lugar aquí, con la mira puesta no solo en esta porción de la isla, sino en Cuba toda, para que hubiera desarrollo agroalimentario. Muy sonados fueron, por ejemplo, los éxitos del ganadero de Fomento conocido como Pedro Cero por ciento, que en los 70 y comienzo de los 80 hizo época en la nación. Cabe presumir que Fidel, dueño de un fino sentido del humor, también disfrutara con las ocurrencias del criador, cuya fama fue llevada al cine.
Pero hay otra rama que no puede quedarse fuera cuando se hable de Fidel y la producción agropecuaria en Sancti Spíritus, aun cuando se le considere de corte industrial. Se trata de la producción de azúcar, nacida y gestada en las plantaciones, y cuyo destino final es la cocina; porque la historia de Fidel y su relación con el central azucarero Uruguay, de Jatibonico, es un capítulo muy especial como para ser obviado.

Evaristo Hernández Lago, delegado del Ministerio del Azúcar en la provincia entre 1976 y 1998 (ya fallecido), aseguró a esta reportera que Fidel se enamoró del Uruguay en la década del 80, cuando comenzó con la racha de producciones de más de 200 000 toneladas de azúcar (1988), las cuales mantuvo por cinco años consecutivos, y alcanzó más de un millón de toneladas en un quinquenio.
Además de eso, argumentó el carismático Evaristo, el central llegó a vencer el reto de las 235 000 toneladas en la zafra 1990-1991. “Cuba vivía del azúcar y el Uruguay se convirtió en el mayor productor, hasta aquel año, porque en 1993 bajó casi el 50 por ciento debido a los efectos del período especial”, puntualizó.
En agosto de 2017 Escambray reseñaba: “Pasadas las 10:00 a.m. del 6 de mayo de 1989, Fidel llegó al Complejo Agroindustrial (CAI) Uruguay, tras recorrer importantes centros de interés económico y social en Sancti Spíritus (…).
“La visita del máximo líder cubano obedecía más bien al interés de conocer de primera mano el programa de desarrollo del Uruguay, que incluía una tercera e importante ampliación para elevar las molidas y producir 300 000 toneladas de azúcar”.
Contaban quienes estaban allí presentes que durante la reunión el rostro del visitante se iba iluminando a medida que constataba que lo que le exponían se ajustaba a la realidad.

Fue tal su satisfacción al salir de aquel encuentro que mencionaría el propósito del colectivo del Uruguay y su fe en la concreción del mismo, en el multitudinario acto que tuvo lugar aquel propio día, en horas de la tarde, en la Plaza Mayor General Serafín Sánchez Valdivia. En su discurso, los pondría de ejemplo para el resto de los azucareros cubanos y afirmaría que hombres así son capaces de trabajar con una eficiencia superior a la que existía en el capitalismo.
“Había un tabú de que los centrales grandes no eran eficientes y Uruguay rompió con eso, demostró que sí era posible. El secreto fue el equipo de trabajo que se logró estructurar allí, totalmente acoplado, con decisiones colectivas y antes muy bien discutidas. Cuando aquello ya Evaristo (Hernández Lago) había sentado pautas aquí, él es una pieza muy importante en este engranaje”, contaba Pedro Sáez Jova, uno de los protagonistas.
“Uruguay se convirtió en la niña bonita de Fidel —aseguró entonces el propio entrevistado—. Fidel lo que tenía, a mi entender, ya era obsesión con el Uruguay, veía por sus ojos, porque había atravesado situaciones críticas y logró llegar a la cima. Siempre que se hablaba de zafra, él mencionaba al Uruguay”.
Aquel reportaje concluía con una aseveración que viene como anillo al dedo para ilustrar el efecto de los grandes propósitos y de la lucha por ellos: las 300 000 toneladas de azúcar nunca llegaron a producirse, pero en la memoria de todos los que le acompañaban aquel 6 de mayo de 1989 quedaron sus gestos y palabras.
Fue el día en que, luego de un análisis muy productivo, el hombre de verde olivo firmó el otorgamiento de una considerable cantidad de medios de transporte para directivos y trabajadores del Uruguay.
Finalmente, entre risas y buen ánimo, se escuchó la célebre frase que Manuel Zerquera, director del coloso, esperaba de parte del Comandante: “Bueno, ¿y aquí no se toma guarapo?”. Como buen conocedor de la clase de visitante que recibía, Zerquera había previsto tal posibilidad y el Jefe de la Revolución terminó tomando tres copas del frío líquido, que disfrutó visiblemente y elogió entusiasmado. Entonces hubo que explicarle, con lujo de detalles, de qué variedad de caña era el guarapo y ahondar en cada una de sus particularidades.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus











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