Si alguien, mediante sus conceptos e ideas, fue un abanderado en defensa de la verdadera democracia en Cuba desde los primeros años del triunfo de la Revolución, ese fue nuestro invicto Comandante en Jefe Fidel Castro.
En fecha tan temprana como el 26 de julio de 1961 en la conmemoración del VIII Aniversario del ataque al Cuartel Moncada, expresó sobre lo que representaba la democracia para el pueblo cubano:
“Ahora nosotros hablamos de otra democracia: la democracia del pueblo, la democracia de los trabajadores, la democracia de los campesinos, la democracia de los hombres y las mujeres humildes, la democracia de la mayoría de la nación, la democracia de los que antes eran explotados, la democracia de los que antes no tenían derechos. Y esta es la democracia verdadera, la democracia revolucionaria del pueblo, la democracia de los humildes, por los humildes y para los humildes”.
En disimiles momentos el líder histórico de la Revolución cubana identificó como un logro de la Revolución la creación de un sistema electoral autóctono que se basa en la unidad y el respeto a los intereses del pueblo. Siempre reafirmó que no es el Partido quien postula, sino el pueblo es quien escoge a sus representantes.
PRIMERAS ELECCIONES EN CUBA, DESPUES DEL TRIUNFO
El 30 de junio de 1974, de manera experimental, Matanzas fue el escenario de las primeras elecciones de delegados a los Órganos Locales del Poder Popular desarrolladas en Cuba, luego del triunfo revolucionario el primero de enero de 1959, proceso que posteriormente se extendió a todo el país.
Ese domingo el Comandante en Jefe visitó tres centros de votación e intercambió constantemente con el pueblo y las autoridades electorales. En cada lugar fue recibido con gran entusiasmo y alegría.
Apenas había transcurrido un mes, en la celebración del XXI aniversario del ataque al Cuartel Moncada, efectuada en tierras matanceras, Fidel reflexionó acerca de lo que representó para la Patria ese día de votaciones:

“Las elecciones que acaban de tener lugar en Matanzas han sido las más puras en la historia de nuestro país, fueron elecciones sin componendas, sin fraudes, sin demagogia, sin politiquería. Nadie tuvo necesidad de aspirar, porque no fueron las aspiraciones personales las que determinaron la nominación de un candidato, sino las aspiraciones colectivas. Sin campañas electorales, porque la campaña electoral aquí es la propia vida del hombre, nominado por el pueblo; su campaña electoral es su propia biografía, su conducta a lo largo de su vida y su página de servicios a la Patria.
“Primera vez que en Cuba se celebran unas elecciones sin bayonetas y sin fusiles a las puertas de las escuelas. Y esto es lógico, porque estas no eran elecciones de rapiña, no era una pugna por repartirse un botín, sino las elecciones del pueblo revolucionario, organizadas por el pueblo revolucionario, y para el servicio del pueblo revolucionario, con la participación, incluso, de los pioneros, ayudando a organizar esas elecciones, con un entusiasmo por parte de las masas sin precedentes en ninguna otra elección en la historia de nuestro país. ¡Esas sí son elecciones!”.
UN SISTEMA ELECTORAL CON TOTAL TRANSPARENCIA
A partir de lo recogido en la Constitución de la República y en la Ley 127, Ley Electoral, está demostrado el derecho de cada ciudadano mayor de edad a participar de manera activa en los procesos electorales que se convoquen, donde puede elegir o ser elegido para desempeñarse como representante del gobierno cubano en diferentes instancias.
Precisamente ese es uno de los elementos que marcan la diferencia de las elecciones nuestras en relación con las que tienen lugar en otros países.
Sobre este tema Fidel reflexionó en varias ocasiones. En una de ellas expresó: “¿En qué otro país se seleccionan los candidatos como se seleccionaron aquí? En la base, por los vecinos directamente, después en las asambleas municipales por los delegados que los vecinos eligieron directamente y a través de las listas que presentaron las comisiones de candidatura, integradas por las organizaciones de masa y presididas por la organización de los trabajadores, sin que las presidiera el Partido, (…)”.
En un intercambio con los diputados durante la constitución de la Asamblea Nacional en marzo de 1993 formulaba varias interrogantes: “¿En qué país se puede hablar de elección sin maquinaria electoral? ¿Cuántas maquinarias electorales tenían ustedes? ¿Qué maquinarias electorales representan ustedes? ¿En qué lugar hay una elección sin propaganda comercial? ¿Qué propaganda comercial han tenido ustedes? ¿Cuánto se ha gastado cada uno de ustedes en esta campaña electoral, y qué podía gastarse cualquiera de ustedes? (…). ¿En qué otro país un ciudadano humilde del pueblo, sin un centavo, puede ser electo a la Asamblea Nacional y puede ser electo al Consejo de Estado?
(…) “Además, qué limpieza la de nuestras elecciones, cómo aquí, a pesar de estar en periodo especial, no hacían falta ni policías ni soldados para cuidar las urnas; y en muchos lugares son soldados con bayonetas y fusiles, no niños, como los que cuidan las urnas en Cuba. (…)”.

Sobre el papel del diputado como digno representante del pueblo y del Estado el hijo de Birán lo dejaba claro en ese intercambio:
“(…) un diputado debe hacer todo lo que pueda por su país en cualquier parte donde se encuentre, no puede volverse sectario, pensar únicamente en su distrito; pero el diputado debe hacer todo lo que pueda por su distrito, y cuando no pueda hacer nada, hablar con los electores cada vez que pueda y explicarles qué se hace y qué no se hace, qué puede hacerse y qué no puede hacerse. Constantemente hay que estar dando explicaciones.
“El diputado representa, en primer lugar, a todo el pueblo, y en segundo lugar, al municipio, sea o no originario del municipio, sea o no delegado de circunscripción, su principio está muy claro”.
Fieles al legado de nuestro Comandante en Jefe, las más de 6 500 autoridades electorales —profesionales y voluntarias— que laboran en la provincia mantienen su misión de organizar, dirigir y supervisar cada proceso electoral que se convoque en el país, siempre bajo el principio de total transparencia, imparcialidad y legalidad. Esa es la mejor manera de ser consecuentes con los preceptos dejados, en materia electoral, por nuestro líder histórico, en el año de su centenario.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus











Escambray se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social, así como los que no guarden relación con el tema en cuestión.