Fidel en Sancti Spíritus: De vuelta siempre (+fotos e infografía)

Desde su llegada por primera vez a estas tierras al frente de la Caravana de la Libertad, en enero de 1959, el líder histórico de la Revolución cubana estuvo con nosotros en innumerables ocasiones

Fidel durante una visita al Plan Banao donde laboraron cientos de mujeres.

“El pueblo lo llama el caballo y es cierto/ Fidel montó sobre Fidel un día/ se lanzó de cabeza contra el dolor, contra la muerte;/ pero más todavía, contra el polvo del alma”. Con estos versos repletos de bríos describió en 1962, el argentino Juan Gelman, al elegido de Birán, al hombre que nació en la casona amarilla de la finca Manacas, el 13 de agosto de 1926, a las dos en punto de la madrugada; cuando dicen, las luces de los candiles estaban por agotarse.

Al amanecer, los amplios ventanales del cuarto estaban semiabiertos, y en los marcos había unas naranjas picadas a la mitad para espantar las enfermedades y los malos ojos, según Lina Ruz, su madre. Todo olía a cedro y a baño de verbena. Entre toallas blanquísimas, Fidel Alejandro Castro Ruz, aquel niño que llegó a convertirse en el más insurgente de los guerrilleros.

Ya desde las aulas universitarias, en medio de las balas de la tiranía batistiana, construyó utopías, y gracias a estas hubo un Moncada, una Historia me Absolverá, un Cinco Palmas, un Primero de Enero; y hubo, además, un Día de Reyes apoteósico para Sancti Spíritus, para el pueblo que vivió la entrada triunfal de la Caravana de la Libertad a esta tierra.

Aquel 6 de enero de 1959 la algarabía fue inmensa, nadie pudo dormir la noche anterior, los barbudos venían junto a Fidel. Una gélida y fina llovizna caía sobre los uniformes verde olivos, todavía con olor a sierra y a pólvora; caía también sobre las barbas, sobre los collares de semillas del monte, hechos para protegerse de la muerte y de todo mal.

De un lado y del otro de la carretera, el pueblo, los vítores; en el Parque Serafín Sánchez, la multitud para escuchar hablar a Fidel. Pasadas las 1 y 30 de la madrugada del 6 de enero, desde uno de los balcones de la entonces Sociedad de Instrucción y Recreo El Progreso, devenida luego Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena, nace la voz enronquecida del líder “Compatriotas de Sancti Spíritus”, y sobrevienen los aplausos y, a seguidas, palabras de reverencia a la ciudad y a sus hijos, la alerta de que la Revolución, como obra justa al fin, encontraría resistencia, hombres de mala fe que conspirarían contra el naciente proyecto político y social a los que habría que enfrentar enérgicamente.

En cualquier lugar de Cuba donde encontrara albergue, ahí estaría —dijo Fidel—, y prometió volver a la Sierra Maestra y a Las Villas a reivindicar a los campesinos que tanto apoyaron la lucha rebelde y sufrieron las consecuencias de las bombas, las persecuciones y los desalojos.

En la tarde del 12 de agosto de ese propio año, el entonces joven líder cubano llegó a Trinidad acompañado de Camilo Cienfuegos, Celia Sánchez Manduley y de otros oficiales para echar por tierra la conspiración yanqui-batistiano-trujillista, cuyo fin era destruir la Revolución cubana. Fogueado, desde hacía tiempo, como estratega militar, Fidel dirigió y derrotó la conjura. El mismo guerrillero de la Sierra, entre balas, celebró su 33 cumpleaños.

El 5 de enero de 1961, cuando las letras empezaban a dibujarse en los pizarrones improvisados y las palabras crecían en los cuadernos, el asesinato del maestro voluntario Conrado Benítez y del campesino Eliodoro Rodríguez, en la zona de Pitajones, Trinidad, estremeció a toda Cuba. Ese mismo día, Fidel arriba al lugar de los hechos y se suma a las acciones militares emprendidas contra la banda contrarrevolucionaria que consumó el crimen.

En todo el Escambray la arremetida era contra delincuentes, prófugos de la justicia, antiguos miembros de los cuerpos represivos de la tiranía batistiana quienes, según lo testifica la historia, fueron los autores de incendios de bohíos y escuelas, sabotajes a instalaciones civiles, almacenes, granjas y tiendas del pueblo.

En varias ocasiones, Fidel encabezó las operaciones contra las bandas terroristas diseminadas en el Escambray.

Desde 1960 hasta 1965, varias veces retornó al Escambray para hacer frente a esas bandas terroristas. En noche cerrada, se le veía encabezar la larga columna de milicianos, con su equipo de campaña y el fusil que nunca dejó en reposo.

El Fidel contra huracanes políticos y naturales siempre se recuerda por las huellas que dejó en Sancti Spíritus. El 26 de agosto de 1964 llegó a Jatibonico para esperar el paso del huracán Cleo, que entró a Cuba por un punto al sur de la otrora provincia de Camagüey. Ya en la jornada anterior había recorrido zonas del litoral de Santa Cruz del Sur e intercambiado con pescadores, campesinos y milicianos encargados de cuidar las comunidades evacuadas.

En junio de 2002, cuando la posible ruptura de la presa Lebrije, de Jatibonico, las llamadas de Fidel a la dirección del Partido en la provincia orientaron la evacuación inmediata de más de 35 mil personas. De suceder lo peor, aquel golpe de agua podía partir en dos al país.

Después, sucedieron más llamadas telefónicas. En unas tres horas ocurrió aquella movilización. Fidel insistió en la protección de los bienes, y tras conocer de la muerte de un perro, recomendó repartir comida a los animales domésticos. Jatibonico pudo desaparecer del mapa, desdibujarse por las aguas de la Lebrije, pero no ocurrió.

Fidel devino artífice de diversos programas de desarrollo económico y social de la provincia.

Visionario como el que más y conocedor de las características y potencialidades de Sancti Spíritus, el líder histórico de la Revolución diseñó hasta el detalle el desarrollo económico del territorio. Sobrevino así en 1965, el plan especial agrícola de Banao donde laboraron cientos de mujeres; en 1969 promovió el nacimiento del plan arrocero del Sur del Jíbaro a donde regresó en varias oportunidades. Y casi al propio tiempo, bajo su guía, comenzaba la ejecución de la presa Zaza, la de mayor capacidad de almacenamiento en Cuba.

Este inmenso bregar por Sancti Spíritus da la medida de que Fidel no descansó. Lo hizo hábito desde el día en que, como escribió el poeta “(…) miró su tierra y dijo soy la tierra/ en que miró su pueblo y dijo soy el pueblo/ y abolió sus dolores, sus sombras, sus olvidos/ y solo contra el mundo levantó en una estaca/ su propio corazón, el único que tuvo”.

Arelys García

Texto de Arelys García
Máster en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus. Especializada en temas sociales.

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