Cuando en 1963 el bucle traicionero y errático del ciclón Flora, uno de los más mortíferos y el más lluvioso en la historia registrada en Cuba, en su incierto deambular por las provincias orientales provocó grandes devastaciones en Las Tunas, Granma, Holguín y Camagüey, Fidel, luego de recibir esa noche del 5 de octubre de 1963, en el antiguo Palacio Presidencial, a la primera mujer cosmonauta del mundo, cambió el traje de gala por su uniforme de campaña verde olivo y salió decidido a llegar a Oriente, de donde llegaban noticias desoladoras.
Fueron días difíciles para la incipiente dirección de la Revolución con Fidel al frente, el hombre que desde el Oriente desbordó más que los ríos y mostraba una preocupación persistente por el pueblo y las vidas que podrían perderse.
EL NACIMIENTO DE LA VOLUNTAD HIDRÁULICA
De aquel diluvio de desesperanza y muerte, entre los lazos de tristeza que dejó el Flora, Fidel anunció la necesidad de construir obras hidráulicas que garantizaran el control de los grandes volúmenes de agua provenientes de las intensas precipitaciones. No habría otra opción en un país que en aquel momento sólo contaba con 13 pequeños embalses y en medio del Caribe siempre estaba a expensas del azote de fenómenos meteorológicos.
De impulso visionario surgió esa idea, fomentada por Fidel, a fin de desarrollar el recurso acuícola y convertirlo en patrimonio común en función del abastecimiento a la población y los sectores agrícola e industrial, aparte de la prevención de embates de fenómenos naturales, y al mismo tiempo contar con la infraestructura necesaria para almacenarla y asegurar su disponibilidad en caso de extensos períodos de sequía.
Para comprender la magnitud del desarrollo hidráulico cubano, es esencial contrastarlo con la situación previa a 1959, cuando Cuba presentaba un panorama desolador en materia de recursos hídricos con una capacidad total de almacenamiento que no superaba los 40 millones de metros cúbicos de agua, y, de 300 asentamientos con más de mil habitantes, solo 114 contaban con suministro por acueducto y con fuentes de abasto precarias y dispersas, con limitados estudios, sin posibilidades de ampliación, conductoras de diámetros insuficientes, redes de distribución inadecuadas desde el momento mismo de ser instaladas, situación que se agravaba con el aumento de la población.
En Sancti Spíritus el panorama era similar y en algunos casos peor: no existía embalse alguno y sólo se contaba con dos acueductos, uno ubicado en la actual cabecera provincial, y el otro en la sureña villa de Trinidad.
Ante la estrategia a corto plazo de Fidel, el atraso hidráulico heredado comenzó a disolverse, y bajo la dirección de Faustino Pérez, al frente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulico (INRH) y artífice de la Zaza, nacieron en la provincia presas y otras obras hidráulicas, lo que multiplicó el potencial hídrico del país.
Como un ejemplo de los resultados de la cruzada encabezada por el máximo líder de la Revolución Cubana, hoy el país cuenta con 1 019 embalses —240 embalses administrados por el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos—, con una capacidad total de 9 644.8 millones de metros cúbicos.
EL MAYOR PROYECTO ACUÍFERO DE FIDEL
Considerada una de las maravillas de la ingeniería civil cubana, la presa Zaza, el mayor embalse del archipiélago, ubicada en Sancti Spíritus, es resultado de la voluntad hidráulica de Fidel Castro Ruz, el principal inspirador de las obras de la Revolución.

Muchos recuerdan cómo el rostro se le iluminaba al hablar del gran acuatorio plantado en medio de la provincia, y del Canal Magistral, que se extiende desde la misma cortina del mayor embalse de Cuba hasta la derivadora Sur del Jíbaro y que funciona como vaso comunicante entre dos cuencas hidrográficas (Zaza y Jatibonico del Sur) a la cual acompañan ocho presas de varios municipios.
Cuentan que su construcción fue una de las metas constructivas más majestuosas que se había propuesto la Revolución en su primera década y que el propio Fidel explicaba bocetos de aquel desafío el 19 de octubre de 1969 en la Universidad de Las Villas: “Solo conocíamos el sitio marcado por los especialistas por donde iba la cortina. Las máquinas no podían entrar porque el marabú lo cubría todo, aquello de la presa mayor de Cuba era un sueño en el papel”.
Cuando concibió y lideró la ejecución de dicho programa, junto a los especialistas y directivos del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, previó su impacto tanto en el aumento de la calidad de vida de la población en lo relacionado con el abasto de agua, como en el desarrollo arrocero en La Sierpe, el sostenimiento de la ganadería vacuna y de la acuicultura, así como el fomento, entre otras, de áreas cañeras en el macizo del Uruguay.
Por eso, cuando los imparables aguaceros de 1972 estuvieron a punto de provocar el colapso del dique principal de la presa Zaza, que para entonces se encontraba en pleno apogeo constructivo, el Comandante Faustino Pérez Hernández, entonces secretario del Partido en la región de Sancti Spíritus, tomó una decisión de las más arriesgadas de su vida: esperar el desenlace de aquella crecida aguas abajo de la cortina, justamente lo que menos aconsejan las circunstancias, según cuenta la prensa de esos días. Su objetivo: salvar la mayor represa de Cuba, un proyecto que Fidel había puesto en sus manos.
Protagonistas rememoraban para Escambray que Fidel visitó varias veces la obra. Luis Loyola rememora que “en una de esas ocasiones, mientras intercambiaba con los constructores, alguien le dijo: ‘Comandante, no tenemos casi desayuno y tenemos frío, escasean aquí los abrigos’; él, escuchó al hombre muy callado, se viró para Faustino Pérez y le dijo: ‘Faustino, los abrigos son míos, la comida es tuya’. Al otro día por la mañana llegó a la obra un camión con abrigos para todos. La comida también mejoró”.
Gracias a la luz previsora de Fidel, que mantuvo vivo ese programa, el territorio espirituano y el país manifiesta una consolidación en su infraestructura hidráulica con la construcción de nueve embalses, dos derivadoras y varias micropresas.
Sin dudas, la Voluntad Hidráulica sigue siendo una estrategia nacional para convertir el aseguramiento del agua, en una condición obligatoria del desarrollo agropecuario e industrial, y premisa indispensable para el incremento del nivel de vida, el bienestar y la salud de la población.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus











Ahora no tenemos ni agua, ni volunta’:El suministro de agua continúa siendo un problema para numerosas familias de Sancti Spíritus conectadas a la red de la presa Siguaney, donde las interrupciones y las averías mantienen afectado el servicio desde hace varios años.
La conductora que abastece a diferentes comunidades de la provincia presenta constantes salideros y roturas, lo que obliga a realizar reparaciones periódicas para intentar restablecer el suministro. Sin embargo, las soluciones no han logrado eliminar de manera definitiva las dificultades que enfrentan los pobladores.