“Cada vez que veo antiguos alumnos que hoy se desempeñan como profesionales en diversos ámbitos la alegría me desborda, pues sé que participé de su educación y mis enseñanzas tributaron a su formación”, asegura Lizmay Conrado de la Cruz, profesor de Matemática del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) Eusebio Olivera Rodríguez, de Sancti Spíritus.
Este fomentense ha hecho de la Matemática una forma de vida y del centro educativo espirituano su casa grande, pues ya acumula allí más de 20 cursos de labor docente. Precisamente, esta entrega y devoción absoluta a la enseñanza han hecho de él uno de los profesores más icónicos y queridos de Sancti Spíritus.
“En mi caso, el bichito del magisterio llegó desde la Primaria y la Secundaria, allí tuve la oportunidad de contar con excelentes maestros como Emiliana Álvarez, Hiran Linares y Zoraida Pérez, quienes sembraron en mí la vocación por aprender y enseñar”, precisa Lizmay.

Por ello, al concluir el duodécimo grado Lizmay se decantó por la Licenciatura en Matemática y Computación, que cursó en el entonces Instituto Superior Pedagógico Capitán Silverio Blanco.
“Si pudiera regresar en el tiempo volvería a hacer esta misma elección, es algo de lo que nunca me he arrepentido”, reafirma.
Durante su etapa universitaria el profe Lizmay, como todos lo conocen, se estrenó como docente en la secundaria de Olivos II y, más tarde, en el Instituto Preuniversitario en el Campo Pacto del Pedrero, en su natal Fomento; centros educativos que sirvieron para poner en práctica las habilidades adquiridas durante su formación, además de compartir con grandes profesionales del sector educacional espirituano, de quienes aprendió mucho.

“Al concluir mi formación universitaria comencé a laborar como docente en el IPVCE Eusebio Olivera Rodríguez, donde hasta el día de hoy me desempeño como profesor de Matemática y al que regresaré una vez concluya esta misión internacionalista”, añade.
Desde finales del pasado año asumió el nuevo reto profesional que lo llevó, como parte de la Brigada Educativa Cubana, a la República de Guinea Ecuatorial, donde se desempeña como docente en el Colegio Internado Militarizado de Élite General Santiago Mauro Nguema Ndoho de Riaba.
La experiencia que describe como inolvidable, pues le dio la oportunidad de intercambiar con una nueva cultura, además de trabajar con excelentes profesionales que integran el claustro del citado centro educativo y, por supuesto, la alegría de llevar a niños y jóvenes de ese país conocimientos y enseñanzas.
“Ha sido satisfactorio cumplir con la tarea que desde Cuba nos encomendaron: mostrar que se puede educar con amor, disciplina mediante la conversación y el diálogo, sin olvidar, por supuesto, la necesidad de incentivar en los estudiantes los deseos por aprender y estudiar la matemática”, subraya.
De igual forma, la Brigada Educativa Cubana en esa nación africana se dio la tarea de llevar a cabo diversos diagnósticos a los estudiantes, lo que permitió detectar que esos niños y jóvenes poseen excelentes habilidades manuales; ello derivó en la fundación de un aula especializada en Matemática, donde la pintura y el dibujo se vinculan a esta ciencia exacta a través de la didáctica.
También, han puesto a la Inteligencia Artificial y las Tecnologías de la Informática y las Comunicaciones en función de la enseñanza de la matemática, lo cual se ha traducido en excelentes resultados apreciables en trabajos científicos y metodológicos que serán presentados en el Congreso Internacional Pedagogía 2027.
“Uno de los mayores retos a los que he hecho frente durante estos nueve meses en Guinea Ecuatorial es el trabajo con estudiantes de entre 11 y 18 años en una misma aula, un rango etario que complejiza nuestro trabajo y lo hace más diverso. Además, he aprendido a valorar mucho más los logros de la Educación cubana”, precisa.

Si hay un lugar que se ha robado el corazón del profe Lizmay ese es el IPVCE Eusebio Olivera Rodríguez, un centro educativo donde ha marcado el devenir de varias generaciones de estudiantes que agradecen sus siempre, oportunas enseñanzas y la pasión por las Matemática.
“He vivido para el IPVCE, ese centro es mi vida. Son ya muchos años de trabajo allí, aprendiendo, formándome y educando, además de tener la oportunidad de enseñar a los muchachos que pasan por mis manos a pensar por sí solos, a razonar de forma lógica y hacerles ver el mundo con esa magia que tiene la Matemática, la que nos permite analizar todo lo que nos rodea y no actuar de forma mecánica”, concluyó.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus











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