A un salto quedó el joven saltador Jorge Hodelín Rodríguez de escribir temprano la mejor página deportiva de su vida.
Se lo negó el portugués Gerson Baldé en las competiciones del salto de longitud del Mundial Bajo Techo en Torun, Polonia. Hasta la penúltima ronda, el cabaiguanense estaba en podio con registro de 8.26 metros y casi acariciando la medalla de bronce.
Mas, como en este certamen lo reglamentado son seis intentos, el desenlace de la sexta ronda obligó a reordenarlo todo y el muchacho debió conformarse con un honroso cuarto lugar, que es, de todas maneras, lo mejor de sus participaciones en mundiales ya que antes en la cita al aire libre de septiembre último, en Tokio, quedó alejado en el puesto 34.
La sensación del casi-casi se le reafirmó más por el ordenamiento final: oro el portugués con 8.46 metros, plata para el italiano Mattia Furlani (8.39) y bronce para el búlgaro Bozhidar Sarâboyukov (8.31), apenas cinco centímetros más que el espirituano y tres menos que la marca personal de Hodelín.
Por esa sensación que queda en los atletas cuando ocurren cosas como estas, cuando logró salir del shock, confesó a Escambray haber quedado “inconforme”.
“Un cuarto lugar mundial es muy bueno, pero no estoy conforme, de verdad quiero ser el primero y para eso hay que seguir entrenando y enfocado como siempre y no desesperarme, esto fue una gran experiencia en mi carrera, poder competir con quienes son hoy grandes saltadores en el mundo”.
Quizás entonces no aquilató lo verdaderamente resonante de su cuarto lugar en un Mundial donde Cuba logró otras dos ubicaciones similares con atletas más experimentados que él, como Lázaro Martínez y Liadagmis Povea en el triple salto, modalidad que reservó la única medalla ganada por la Mayor de las Antillas en la lid: el oro de de la fuera de serie Leyanis Pérez.
Cuando pudo respirar fuera del cajón, Hodelín no tuvo más que aliviar su inconformidad con los argumentos de esta reportera: que se midió de tú a tú y le aceptó la porfía a hombres que le doblan en carretera competitiva y hasta han saboreado el néctar de ser campeones mundiales, tanto al aire libre como bajo techo, como el italiano Mattia Furlani; que en esa batalla pudo mantener estabilidad sobre los 8 metros, con saltos de 8.06 y 8.04.
“En el último tuve la actitud que solo los cubanos sabemos decir, fui para arriba del lío. No salió lo que esperaba, sentí alegría porque me quise superar y porque disfruté de esa gran rivalidad que se estableció en una buena competencia”.
Hodelín, además, defendió el boleto bien ganado con sus saldos en la gira invernal de principios de este año y mostró que su salto de 8.34 metros, con el que impuso récord nacional juvenil hace menos de un año en Camagüey, no salió de la nada, sino de su esfuerzo y su constancia para mantenerse estable en marcas que no son comunes para jóvenes como él de solo 19 años.
Queda por ver si el muchacho asistirá a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de República Dominicana en julio-agosto próximo y al Mundial Juvenil de Atletismo de Oregón, Estados Unidos. Por lo pronto, habrá que seguir de cerca sus pinchos para ver hasta dónde puedan elevarlo.
Escambray Periódico de Sancti Spíritus
















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